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Ferran Torres: cumple años cada cuatro, salió con la hija del seleccionador y tiene la mentalidad del tiburón

Ferrán Torres, durante un reciente encuentro con la selección española. EFE
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Ferran Torres García nació el 29 de febrero de 2000 en Foyos, un municipio valenciano de poco menos de 8.000 habitantes. De esta forma, en 2024, Ferran celebró su "sexto" cumpleaños oficial en el sexto 29 de febrero de su vida, mientras el mundo le felicitaba por cumplir 24. En los tres años de cada cuatro en que esa fecha no aparece en el calendario, Torres celebra el 28 de febrero o el 1 de marzo, según prefiera. Su cumpleaños real es, en cierta manera, un lujo del calendario.

Del futsal a la India: la historia del burofax

Sus primeras patadas al balón no fueron en un campo de hierba sino en una pista de fútbol sala de la Escuela Profesional Luis Amigó (EPLA) de Godella. Fue allí donde un profesor se fijó en él antes que nadie. Con seis años, en 2006, ingresó en la cantera del Valencia CF.

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Once años después, con 17, era uno de los juveniles más codiciados del país. El 5 de octubre de 2017, justo antes de marcharse a disputar el Mundial Sub-17 en la India, renovó su contrato con el Valencia ampliando su cláusula de rescisión a 25 millones de euros cuando ascendiera al primer equipo. Lo que ocurrió después tiene algo de absurdo, ya que mientras jugaba aquel torneo en el subcontinente asiático, el Valencia le comunicó por burofax que pasaba a pertenecer al primer equipo a partir de enero. Recibió la noticia de su ascenso, en papel certificado, a miles de kilómetros de Mestalla.

El primero del siglo XXI en marcar en LaLiga

El 16 de diciembre de 2017 entró en el minuto 81 de un partido entre el Eibar y el Valencia. Cinco minutos sobre el césped de Ipurúa bastaron para que los medios se hicieran eco de ello. Ferran Torres se había convertido en el primer futbolista nacido en el siglo XXI en aparecer en un partido de LaLiga. Tenía 17 años.

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Sira Martínez, la hija del seleccionador

El capítulo más comentado de su vida personal arrancó en 2021 y tuvo un protagonista inesperado: Luis Enrique. Durante varios años, Ferran Torres mantuvo una relación con Sira Martínez, hija del entonces seleccionador de España. La pareja fue especialmente visible durante el Mundial de Qatar 2022, cuando el propio Luis Enrique, en sus transmisiones en directo por Twitch que le convirtieron en fenómeno mediático durante el torneo, hacía bromas sobre el noviazgo con una naturalidad que llamó la atención de todo el país.

La relación terminó en mayo de 2023. Sira Martínez, jinete de alto nivel, decidió priorizar su carrera ecuestre. La ruptura fue discreta pero mediática. Meses después, en febrero de 2025, los rumores sobre una posible reconciliación se dispararon cuando ambos volvieron a seguirse en redes sociales e intercambiaron interacciones públicas. Ninguno lo confirmó.Sin embargo, a Sira se la ha relacionado con Robin Le Normand, central del Atlético de Madrid.

Desde agosto de 2025, Ferran ha sido visto en compañía de una joven llamada Lucía Domenech, fotografiados juntos en el centro comercial La Roca Village de Barcelona y vista en varios partidos del Barça. La relación fue dándose por confirmada progresivamente a partir de diciembre de 2025.

La familia y el perro

Sus padres son María García y Fernando Torres. Tiene una hermana menor, Arantxa Torres, con quien mantiene una relación muy estrecha y que suele aparecer por las gradas de los estadios en que juegue apoyándole. A pesar de llevar años viviendo en Barcelona, Ferran ha mantenido siempre un vínculo fuerte con su entorno valenciano, y sus raíces en Foyos siguen siendo parte de su identidad pública.

La reinvención psicológica del tiburón

Cuando llegó al Barcelona en enero de 2022, el recibimiento no fue precisamente caluroso. Un precio de 55 millones generó expectativas que tardaría en cumplir, y las críticas fueron feroces. Lo que vino después es quizás la historia más interesante de toda su carrera: tras tocar fondo anímicamente, Torres se puso en manos de profesionales de la psicología deportiva y trabajó en lo que él mismo define como una transformación mental.

 El apodo de "tiburón", que el propio jugador dice que le gusta, sintetiza esa mentalidad: competitividad implacable, indiferencia al ruido externo, concentración total en el presente. "Siempre he tenido esa ambición", ha explicado, "lo único diferente ahora es que la estoy llevando a cabo sobre el terreno de juego."

Junto a Lamine Yamal, con quien ha forjado una amistad que va más allá del vestuario, Torres representa hoy una de las caras más versátiles del Barcelona y de la selección española campeona de Europa. El niño que empezó en un pabellón de fútbol sala en Godella, que recibió su primer contrato profesional por burofax desde la India y que salió con la hija del hombre que decidía si iba o no a los Mundiales, lleva a sus 26 años una carrera que todavía está lejos de su capítulo final.