Así es el nuevo mapa de la industria en España: de las grandes energéticas a la alta tecnología
Hacemos un análisis del, por muchos desconocido, mapa industrial de España.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, clausurará este jueves la VIII edición del Congreso Nacional de Industria que se celebra durante dos días en Bilbao.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, clausurará este jueves la VIII edición del Congreso Nacional de Industria que se celebra durante dos días en Bilbao para abordar los retos del sector en más de 30 mesas redondas, conferencias, casos de éxito y actividades de 'networking', con la intervención de más de 90 expertos.
El Congreso, organizado por el Ministerio de Industria y Turismo bajo el lema "Lo bien hecho nos define", ha arrancado este miércoles en el Palacio Euskalduna de la capital vizcaína, y ha sido inaugurado por el ministro Jordi Hereu, y el rey Felipe VI.
En concreto, el Premio a la Calidad ha recaído en Manufacturas Alhambra; el Premio a la Innovación y Transformación Digital para la compañía Cojali; el galardón que reconoce a la autonomía estratégica ha sido otorgado a Hipra; el premio Impacto Ambiental, Social y de Gobernanza ha sido para Moeve Chemicals; y el Premio al Emprendimiento industrial para Slimop Space.
En su discurso, el rey Felipe VI ha apelado a la unidad y al "compromiso de todos" para resolver la "muy compleja ecuación" en la que se encuentra la industria europea con "múltiples incógnitas" como la innovación, el incremento de la competitividad o la reducción de la dependencia de otros países. "El desafío es existencial", ha remarcado.
La industria emplea a más de 3 millones de personas y es el 15% del PIB
El rey ha destacado España "necesita mas industria" y ha añadido que es importante decir "alto y claro" que la industria es "un sector clave" para la economía española, que emplea a más de tres millones de personas, supone más del 15% del PIB y está "en cabeza en términos de productividad".
Ha destacado "todo lo bueno" que aporta el sector secundario a la sociedad como empleo, tecnología, investigación, educación superior o formación profesional, "Si hubiera que concentrar en una palabra todo ese impacto positivo, hablaría de 'orgullo'. El orgullo de hacer, de fabricar, y de hacerlo bien", ha remarcado.
Felipe VI ha subrayado que este Congreso ofrece una ocasión para hablar de "los logros, retos e inquietudes" de este sector y ha recordado como los padres de la Europa unida decidieron poner en común las producciones de carbón y de acero "en aquel primer experimento comunitario, la CECA". "Se trataba de propiciar la interdependencia integrando la producción de dos materias primas que eran esenciales para la industria, pero también lo habían sido para las dos guerras mundiales que asolaron el continente. Es una idea hermosa, la industria, que había sido instrumento para el enfrentamiento, se convertía así en garante de paz y estabilidad", ha indicado.
En este sentido, cree que hay que tener muy presente esa capacidad de la industria de generar "vínculos", sobre todo, en "un tiempo de tensiones internacionales de prácticas proteccionistas y de desconexión de las cadenas de valor", algo que reafirma en la "importancia de seguir creciendo unidos".
El rey, que ha recordado unas palabras de Mario Draghi en su informe sobre la competitividad europea, ha asegurado que las palabras "clave" son "el crecimiento y la productividad". "Y ese reto sitúa a la industria europea de nuevo, en el centro de una ecuación con múltiples incógnitas: innovación, incremento de la competitividad y reducción de la dependencia de otros países entre otras cosas", ha añadido.
"La Europa unida hunde sus raíces en el mercado, se levanta a partir de la economía. Y ahí en ese cimiento económico, está su industria", ha dicho Felipe VI.
Así es el mapa de la industria española
Con este preámbulo, veamos ahora algo que muchos desconocen de la industria en España porque el foco, tal vez, no se pone ahí, en un país que poco a poco se va transformando hacia la alta tecnología y la sostenibilidad. Hagamos un repaso al mapa de la industria en España.
1. Energía y sectores electrointensivos: base de la soberanía
No hay autonomía industrial sin energía competitiva. Líderes energéticos como Iberdrola o Naturgy están traccionando la expansión de la potencia renovable, que ya representa el grueso del mix eléctrico nacional. La presencia de la sede social de Iberdrola en la Torre Iberdrola de Bilbao subraya el papel de Bizkaia como centro neurálgico estratégico.
Por su parte, la transformación de Repsol es clave para la soberanía energética; su apuesta por convertir refinerías en centros multienergéticos y su liderazgo en la producción de combustibles 100% renovables permiten que sectores de difícil electrificación cuenten con alternativas nacionales.
Esta evolución es vital para que industrias electrointensivas —como las plantas de ArcelorMittal en Asturias o Acerinox en Los Barrios (Cádiz)— puedan descarbonizarse manteniendo su competitividad y garantizando el suministro de materiales básicos producidos en España. En esta misma línea, la innovación de Nippon Gases en Madrid impulsa la digitalización y la comercialización de hidrógeno verde, posicionándose a la vanguardia de la descarbonización.
En este engranaje de suministro, la robustez logística de Exolum (con sede en Madrid y una red estratégica de plantas en todo el país) resulta esencial para la conectividad industrial. Asimismo, la actividad química de Cepsa, con sus grandes parques industriales en Huelva y San Roque (Cádiz), es un motor de empleo cualificado que trasciende la energía para liderar la producción de soluciones químicas sostenibles y biocombustibles avanzados desde el corazón de Andalucía.
La transformación hacia la sostenibilidad también tiene nombres propios vinculados a sus territorios. Fertiberia, desde sus centros en Huelva y, especialmente, con su apuesta por el hidrógeno verde en Puertollano (Ciudad Real), está liderando la producción de amoníaco verde, asegurando no solo la competitividad de la industria química local, sino también la resiliencia de la agricultura de su entorno mediante soluciones de futuro producidas directamente en la comarca.
2. Grandes tractoras: motores de resiliencia
En Bizkaia, empresas como Sidenor (Basauri, aceros especiales de vanguardia), Petronor (Muskiz, energía), Haizea Wind Group (Zierbena, fabricación de torres eólicas offshore), Siemens Gamesa (Zamudio, energía eólica) e ITP Aero (Sestao y Zamudio, aeronáutica) generan una cultura avanzada basada en el conocimiento técnico.
Modelos como el de la Corporación Mondragon representan la visión colectiva donde los beneficios permanecen en el territorio. La internacionalización sólida se apoya en territorios que funcionan como plataformas industriales avanzadas, no como simples localizaciones de bajo coste.
En el sector de la automoción, Gestamp (Abadiño) es el ejemplo perfecto de empresa tractora. Nacida en el País Vasco, esta multinacional ha mantenido su centro de decisión e I+D en España, integrando fabricación avanzada, robotización e IA generativa. Junto a la burgalesa Antolin, defienden la competitividad del sector frente a la presión global.
La movilidad ferroviaria española es otro ejemplo de éxito basado en el arraigo. Empresas como CAF (Beasain, Gipuzkoa) y Talgo (con plantas en Las Rozas, Madrid; y Rivabellosa, Álava) proyectan el talento local a todo el mundo. Estas compañías representan un patrimonio tecnológico compartido por sus comunidades, donde la fabricación de alta velocidad es motivo de orgullo y una garantía de futuro para el empleo industrial en sus territorios.
El ecosistema de automoción también es una prueba de arraigo local. Plantas como las de Renault en Valladolid y Palencia, Seat en Martorell (Barcelona), Stellantis en Vigo (Pontevedra) y Figueruelas (Zaragoza), Mercedes-Benz en Vitoria-Gasteiz son ecosistemas de talento; Ford en Almussafes (Valencia) está actualmente en fase de transformación hacia la electrificación; y proyectos de futuro como la gigafactoría de PowerCo en Sagunto o la apuesta de Renault por sus centros de I+D+i aseguran que la cadena de valor del vehículo eléctrico se quede en suelo europeo.
En Madrid, Airbus (Getafe), centro de excelencia de materiales compuestos, integra gemelos digitales y fabricación avanzada, liderando la transición hacia la industria 5.0 y la aviación sostenible. Mientras que en Galicia, Inditex (Arteixo) representa el modelo global de competitividad industrial aplicada al textil mediante una digitalización logística y trazabilidad en tiempo real sin precedentes.
Este liderazgo se completa con la capacidad tecnológica de Indra. Desde su sede central en Alcobendas (Madrid) y sus centros de desarrollo en provincias como León, Ciudad Real o Málaga, la compañía proyecta el talento español en sistemas electrónicos avanzados y microelectrónica hacia los mercados globales más exigentes.
Por último, el orgullo industrial y el saber hacer especializado tienen uno de sus máximos exponentes en Navantia. Desde sus astilleros en Ferrol, la Bahía de Cádiz y Cartagena, la compañía no solo lidera la construcción naval avanzada, sino que actúa como el verdadero pulmón económico de estas comarcas, generando un entorno de empleo cualificado y cultura técnica que define la identidad de generaciones enteras.
3. Identidad y transformación regional
Grupo Cosentino (Cantoria, Almería) ha transformado el Valle del Almanzora. Partiendo del mármol, ha construido un ecosistema tecnológico global que emplea a miles de personas en una zona vulnerable a la despoblación. En Gipuzkoa, Danobatgroup (Elgoibar) e Ibarmia (Azkoitia) demuestran cómo la especialización técnica permite liderar nichos globales de máquina-herramienta. Junto a Fagor Automation (Arrasate-Mondragón) y Etxe Tar (Elgoibar), exportan tecnología de vanguardia a los sectores aeronáutico y ferroviario.
El tejido industrial español se nutre también de empresas que son auténticos referentes de longevidad y adaptación. Firmas como Orbea (Mallabia) o Galletas Artiach (Orozko) demuestran que es posible liderar mercados globales y mantener la relevancia generacional desde un compromiso inquebrantable con el territorio local y su saber hacer tradicional.
En Cataluña, la densidad industrial permite que Grifols (Parets del Vallès, Barcelona), líder en hemoderivados, y Grupo Gallo (Sant Cugat, Barcelona), líder alimentario, compitan con modelos altamente digitalizados. Esta última tiene parte de su producción en Granollers (Barcelona) y extiende su impacto especialmente a la zona de su planta de El Carpio (Córdoba), la más importante del grupo. El renacimiento de Ebro Auto en la Zona Franca de Barcelona, fabricando vehículos híbridos y eléctricos en la antigua planta de Nissan, simboliza la reindustrialización y la innovación disruptiva en la actualidad.
Asimismo, Celsa Group (Castellbisbal, Barcelona) destaca como pionera en economía circular y acero verde, utilizando IA para reducir emisiones. Mientras que Ercros, con su Complejo Industrial de Tarragona (La Canonja y Vila-seca), su labor de recuperación ambiental en Flix y su sede en Barcelona, ejemplifica la resiliencia de la química básica española. Su capacidad para optimizar procesos complejos mediante la innovación constante asegura que la competitividad de esta industria de base permanezca vinculada al territorio y al saber hacer de sus ingenieros y operarios especializados.
Porque el valor local de la industria se extiende más allá de los cinturones urbanos catalanes, como en el caso del Grupo Cañigueral (Costa Brava Mediterranean Foods). Su trayectoria de crecimiento refleja su capacidad para vertebrar el territorio a través de la gran industria agroalimentaria. Esta compañía sostiene una cadena de suministro que profesionaliza desde el sector primario hasta los servicios auxiliares, garantizando la cohesión productiva en su zona de influencia en distintas localidades de Girona. Y a ello suma la excepción de la planta de Calamocha (Teruel), una de las mayores instalaciones del grupo dedicadas exclusivamente al jamón curado, alrededor de la cual se mantiene un ecosistema de industria alimentaria del jamón en zonas interiores de la península que también pueden ser base de desarrollo industrial.
La vanguardia tecnológica tiene en el sector farmacéutico uno de sus mayores exponentes de éxito basado en el talento cualificado. Compañías como Almirall (Barcelona), Kern Pharma (Terrassa, Barcelona) y Laboratorios Rovi (con plantas en Madrid y Granada) lideran la investigación y fabricación de fármacos propios, mientras que PharmaMar (Colmenar Viejo, Madrid) sitúa a España en la frontera de la biotecnología oncológica. Del mismo modo, el arraigo y la excelencia técnica de Laboratorios Cinfa en Olloki (Navarra) demuestran cómo la industria de la salud es capaz de proyectar innovación de alto valor desde ecosistemas regionales altamente especializados.
Por su parte, la capacidad de la ingeniería española para transformar el mapa industrial se refleja en Técnicas Reunidas. Con su sede en Madrid, esta compañía no solo lidera grandes proyectos de infraestructuras energéticas y petroquímicas en todo el mundo, sino que actúa como un polo de atracción y retención de talento para miles de ingenieros en España, asegurando que el conocimiento técnico de vanguardia permanezca arraigado en nuestro país.
También en el interior de la península, empresas como Pascual en Aranda de Duero (Burgos) demuestran que la industria es el mejor aliado frente al reto demográfico. Al crear una cadena de valor que integra a ganaderos y agricultores locales, la compañía fija población y genera un profundo sentido de pertenencia en el entorno rural, demostrando que producir es, ante todo, construir comunidad.
Ese compromiso con el territorio se observa con fuerza también en la Región de Murcia a través de El Pozo Alimentación (Alhama de Murcia) es un gigante industrial. Su modelo de integración vertical demuestra cómo una empresa familiar es capaz de generar un impacto socioeconómico masivo, actuando como un auténtico motor de empleo y desarrollo para toda la comarca, desde la producción ganadera hasta la distribución final.
4. Sectores que son sinónimo de territorio
La capacidad de la industria española para vertebrar el territorio alcanza su máxima expresión en el sector del mueble y el descanso, con el clúster de Yecla (Murcia) como referente de densidad empresarial único en Europa. Firmas como Fama Sofás o el Grupo Tapizados Pedro Ortiz han logrado transformar la tradición maderera y textil en diseño de vanguardia exportado a los cinco continentes.
Este liderazgo en el hogar se complementa con la potencia del sector del descanso, donde el Grupo Pikolin, desde su inmensa ciudad logística e industrial en Zaragoza; y Flex, con su capacidad productiva en el madrileño barrio de Villaverde, actúan como emblemas de marca país. Estas compañías demuestran que es posible liderar mercados globales de consumo masivo manteniendo un compromiso inquebrantable con sus centros de producción nacionales.
Hacia el norte, la industria conservera y del mar constituye la columna vertebral económica de la costa cantábrica y gallega. En Galicia, auténtica potencia mundial, grupos industriales como Jealsa (Rianxo), Frinsa (Ribeira) o Nueva Pescanova (Redondela/Vigo) sostienen la soberanía alimentaria del mar mediante procesos altamente tecnificados que garantizan la cohesión productiva de las rías. Este ecosistema de liderazgo global convive con la excelencia del eje de Santoña (Cantabria), donde el sector de la anchoa, representado por firmas como Grupo Consorcio o Fredo, ejemplifica una artesanía industrializada capaz de proteger el valor de origen desde un modelo de negocio sostenible y competitivo.
En el sur de la península, el olivar industrial de Jaén y Córdoba ha evolucionado hasta convertirse en una de las industrias agroalimentarias más punteras del mundo. El liderazgo de grupos como Dcoop (Antequera), Aceites Jaencoop (Villanueva del Arzobispo) o la proyección global de Deoleo (con marcas históricas como Carbonell y Hojiblanca) es el principal dique de contención frente al reto demográfico en Andalucía. Esta industria no solo procesa y exporta el 'oro líquido' a todo el planeta, sino que profesionaliza el sector primario y garantiza que la innovación técnica permanezca vinculada al territorio que cultiva la materia prima.
La resiliencia industrial se manifiesta con especial fuerza en la cuna de la juguetería, en Ibi (Alicante). El denominado Valle del Juguete, hogar de firmas icónicas como Famosa, Injusa o Palao, ha protagonizado una transformación ejemplar hacia la tecnología avanzada. Aprovechando su dominio histórico de la inyección de plástico, muchas de estas compañías han diversificado su actividad hacia los sectores de la automoción y la medicina. Esta capacidad de adaptación garantiza que el talento técnico y el saber hacer industrial de la comarca no solo sobrevivan, sino que se conviertan en motores de innovación disruptiva desde una base tradicional.
El compromiso con la longevidad y la adaptación generacional define también, cerca del Valle del Juguete, al eje industrial Elche-Elda-Villena. En esta comarca, el sector del calzado ha sabido transformar su herencia artesanal en una potencia de fabricación y diseño que hoy lidera los segmentos de alta gama mundiales. Grupos como Pikolinos (propietario y fabricante también de Martinelli), Panama Jack, Gioseppo, Wonders y Pura López han profesionalizado un ecosistema auxiliar de talleres y componentes que mantiene el talento y el empleo cualificado firmemente arraigados en el territorio de la zona.
A muy pocos kilómetros, esta capacidad para proyectar la tradición hacia el mercado global se complementa con el sector del turrón en Jijona. Compañías como Sanchis Mira (Antiu Xixona), Turrones Picó y Confectionary Holding (1880, El Lobo y El Almendro) demuestran que la especialización en productos de alta calidad protegidos por sellos de origen es una estrategia de competitividad imbatible. Estos grupos industriales han logrado convertir un saber hacer centenario en una actividad exportadora constante, protegiendo la identidad de su comarca y demostrando que el respeto a las raíces es, en realidad, un motor de vanguardia.
Esta cultura de tradición y especialización tiene otro de sus grandes referentes en el clúster cerámico de Castellón. En comarcas como la Plana Alta y la Plana Baixa, grupos como Pamesa, Porcelanosa, STN o Keraben han consolidado un ecosistema único en el mundo. Este polo industrial no solo lidera la fabricación de pavimentos y revestimientos, sino que sostiene una potente industria auxiliar de fritas, esmaltes y maquinaria cerámica —con empresas como Esmalglass-Itaca o Torrecid— que demuestra cómo la innovación constante y la concentración territorial son la clave para competir en los mercados globales más exigentes.
Del mismo modo, la identidad industrial de Cataluña no se entiende sin el sector del cava en el Penedès, con epicentro en Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona). Grupos como Freixenet (Henkell Freixenet), Codorníu (Raventós Codorníu) o Juvé & Camps han logrado transformar una tradición vitivinícola en una industria exportadora de primer orden. Su éxito se basa en un modelo que vertebra el territorio, integrando a miles de viticultores locales y manteniendo un compromiso con la calidad y el origen que proyecta el valor de la marca región a los cinco continentes.
Otro gran ejemplo de la identidad industrial en el compromiso con el origen en Cataluña es el caso de Casa Tarradellas (Gurb, Barcelona). Su éxito en el mercado de gran consumo se basa en un modelo que ha logrado que su nombre sea indisoluble del pueblo que la acoge, demostrando que la proximidad y la eficiencia son valores industriales imbatibles.
Ese mismo modelo de éxito basado en el origen define a la industria vinícola, un sector donde el respeto a la tierra se traduce en una potencia exportadora de primer orden. En La Rioja, grupos históricos como CVNE, La Rioja Alta, Muga o Vivanco han convertido sus bodegas en auténticos complejos industriales que fijan talento técnico y atraen turismo de valor. Y Marqués de Riscal, en La Rioja Alavesa (Elciego, Álava).
Paralelamente, en la Ribera del Duero (Burgos y Valladolid), firmas como Vega Sicilia, Protos o Emilio Moro demuestran que la excelencia en el proceso productivo y la inversión en I+D son compatibles con el mantenimiento de un paisaje y una cultura milenaria, actuando como un dique de contención frente al reto demográfico en el corazón de la meseta.
5. Especialización, pymes y patrimonio
Las pymes, y algunas empresas especializadas que ya han dejado de serlo, constituyen la base del valor local y la capilaridad del sistema. En este ámbito, la biotecnología de Agrosingularity (Murcia) destaca en economía circular al transformar subproductos vegetales en ingredientes de alto valor; una apuesta por la vanguardia que también define a Tecnic Bioprocess Solutions (Riudarenes, Girona) con su innovación en biorreactores para terapias celulares.
Este liderazgo tecnológico se traslada a la ingeniería mediante los gemelos digitales de IDEA Ingeniería (Cartagena, Murcia) y la aplicación de IA avanzada de Ayesa (Sevilla) en infraestructuras. A esta vanguardia se suman proyectos de alta especialización que sitúan al talento local en la frontera de la innovación global, como PLD Space (Elche, Alicante), pionera en lanzadores espaciales que ha evolucionado desde su nacimiento como startup hasta consolidarse como gran empresa; Keybotic (Barcelona), referente en robótica autónoma industrial; o Keynetic (Valencia), especializada en ciberseguridad para infraestructuras críticas.
Por su parte, Lorpen (Artain25) en Etxalar (Navarra) ejemplifica cómo, desde la especialización técnica, una pyme puede competir desde el entorno rural en los mercados internacionales más exigentes. Y es uno de los ejemplos más claros de arraigo, pues se salvó mediante la compra por parte de sus propios trabajadores y directivos al anterior grupo propietario.
Finalmente, el patrimonio industrial se mantiene vivo en marcas globales que proyectan la identidad local hacia el exterior. Es el caso de Torrons Vicens (Agramunt, Lleida) y Conservas Serrats (Bermeo, Bizkaia), que diferencian su producción mediante la apuesta por la calidad extrema y la sostenibilidad, demostrando que el respeto al origen es una ventaja competitiva imbatible en el mercado actual.