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¿Quién debe pagar más en casa si vives en pareja? Métodos justos para convivencias más sanas

La felicidad de vivir en pareja en igualdad. Telecinco.es
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Cuando se comparte un hogar con otra persona, una de las tensiones más comunes no es el reparto de las tareas del día a día, sino el reparto de los gastos relativos a la casa. ¿Debe pagar más quien gana más? ¿Es justo dividir todo a la mitad? La respuesta no es automática, pero sí puede construirse sobre una base de sensatez. Por suerte existen varias alternativas que pueden adaptarse casi a cualquier situación.

La base indispensable: comunicación y transparencia

Antes de decidir porcentajes o métodos para dividir los gastos, la pareja debe hablar de dinero. Hay que tener en cuenta el nivel de ingresos, deudas, gastos fijos y lo que cada uno considera razonable, y hablarlo con libertad. Este tipo de conversaciones refuerzan a la pareja desde el punto de vista financiero y también sirven para prevenir posibles resentimientos futuros. 

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No se puede dar por sentado que lo mejor es dividir en partes iguales porque “es lo normal”. Los expertos ya avisan que dividir al 50% solo funciona si los ingresos son similares. Cuando no, esa regla genera tensiones. 

Por este motivo, en ese diálogo debe incluirse también un plan en caso de que ocurran distintas eventualidades, como qué hacer si uno de los dos pierde ingresos, o si surgen cambios significativos. También hay que saber que no existe un método “ideal” y perfecto universal; sino que lo esencial es adaptarlo a su situación particular. 

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Métodos comunes y cuándo funcionan (o no)

Reparto 50/50

Dividir todos los gastos comunes por igual es la forma más simple y establecida. Pero su simplicidad es la misma que lo hace problemática, ya que quien gana mucho más asumirá una carga financiera mucho menos pesada en proporción a sus posibilidades. A menudo se aplica este método de pagar “la mitad de todo”, pero no evita que haya situaciones de desequilibrio. 

Método proporcional

Cuando una persona gana más, puede aportar un porcentaje mayor de los gastos comunes. De esta forma, esta alternativa supone sumar los ingresos conjuntos, calcular qué porcentaje representa cada uno, y aplicar ese porcentaje al total de los gastos domésticos. Por ejemplo, si uno aporta el 60% del total familiar en ingresos, esa persona cubrirá el 60% de los gastos comunes. 

Enfoque mixto: cuotas fijas más proporcionalidad

Algunas parejas establecen una base fija común (por ejemplo, alquiler y servicios básicos) que se divide proporcionalmente, mientras que cada uno sigue cubriendo sus gastos personales. Esta mezcla puede generar un equilibrio entre responsabilidad compartida y autonomía. Para esto, hay muchas parejas que combinan cuentas conjuntas y aportaciones proporcionales para sus finanzas compartidas. 

“Tus gastos, mis gastos” (y lo que conviene juntos)

Otra solución práctica es la de dividir responsabilidades por categorías. Uno paga el alquiler, el otro los servicios o la compra, dependiendo de lo que le resulte más manejable. Así no todos los pagos se mezclan ni dependen de un único método. Este método también es uno de los más usados por las parejas de todo el mundo. 

Claves para que el método elegido funcione

La elección de la forma en que se reparten los gastos es una cosa, pero que el acuerdo resulte satisfactorio para ambas partes requiere de ciertos esfuerzos y aspectos a los que prestar atención:

  • Revisiones periódicas: Lo que funciona cuando ambos ganan bien puede dejar de ser viable si uno reduce sus ingresos. Ajustar cada cierto tiempo ayuda a mantener la equidad.
  • Registrar los gastos comunes visibles: Tener una cuenta, hoja compartida o app donde ambos puedan ver los pagos realizados aporta confianza.
  • Acordar un “gasto discrecional” individual: Cada uno puede tener una partida personal que no deba justificarse al otro, evitándose conflictos por pequeños caprichos.
  • Valorar el trabajo doméstico: No hay que ignorarlo. Si uno asume más tareas no remuneradas de limpieza, cocina o cuidados varios, se debe tener también en cuenta en el pacto financiero. Al fin y al cabo, esa contribución también puede cuantificarse. 
  • Transparencia ante posibles adversidades: Si uno queda sin ingresos, lo justo es renegociar responsabilidades, no dejar al otro con cargas insostenibles. Por ello es importante que haya comunicación constante y fluida entre ambos miembros de la pareja. El dinero nunca puede convertirse en un tabú, o será un obstáculo insalvable para cualquier relación.

Es importante tener presente que el objetivo no es encontrar “la fórmula perfecta” y aplicarla tal cual, sino construir una regla conjunta que funcione para los dos desde hoy, y que tenga también margen para poder adaptarse mañana, en caso de que fuera necesario. Y es que, cuando los componentes de una pareja se sienten en igualdad, se reducen la tensiones y se fortalece la convivencia del día a día.