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Cuando tienes múltiples créditos, tarjetas de crédito apretando y préstamos acechando con fechas y tipos de interés de lo más dispar, la consolidación de deudas puede convertirse en una propuesta más que seductora: la de tener que afrontar un solo pago, sufrir menos estrés y disfrutar de la promesa de una factura mensual más controlable. Pero esa ilusión de orden financiero encierra trampas. Antes de decidir si es conveniente para ti, conviene explorar sus ventajas, riesgos y condiciones concretas.

¿Qué significa “consolidar” deudas?

Consolidar deudas, un proceso también llamado reunificación, consiste en solicitar un nuevo crédito que pague o liquide todas las obligaciones prematuras para reemplazarlas por una sola cuota

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La idea es que la nueva deuda tenga condiciones más favorables, como un tipo de interés más bajo o un orden más simple de pagos, para hacer la carga financiera que acumulamos algo más soportable. Pero ese “orden” casi siempre viene con un coste: el de ampliar el plazo del préstamo y/o aumentos del interés acumulado. Esto además supone que el coste final de la deuda es superior, aunque sea más fácil convivir con la deuda.

Las ventajas reales (y cuándo funcionan)

Uno de los principales atractivos es la simplificación de los pagos de las deudas. En lugar de encontrarnos con múltiples vencimientos, todos ellos con distintas fechas e importes, pasas a tener que soportar tan solo una cuota mensual, lo que resulta mucho más fácil de gestionar

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Otra ventaja potencial es la reducción de la tasa de interés efectiva. Si logras negociar una consolidación con un tipo más bajo que tus deudas previas, puedes destinar más pago al capital y reducir la duración

La consolidación también puede aliviar la carga mental, al tener menos fechas que recordar, menos supervisión de entidades distintas, menos riesgo de sufrir olvidos o incurrir en impagos. En algunos casos, se obtiene un efecto colateral positivo en el historial crediticio si comienzas a pagar de forma ordenada. 

Los riesgos que nadie te cuenta

Quizás el mayor enemigo de la consolidación es la extensión excesiva del plazo. Al alargar los años de amortización, esos pequeños intereses se eternizan y tu pago total puede subir mucho. 

Otro riesgo habitual son comisiones ocultas. Algunos préstamos de consolidación incluyen gastos de apertura, estudio, cancelación anticipada o penalizaciones que elevan el costo real más allá de lo esperado.

Asimismo, consolidar no es un acto mágico: si tu conducta financiera no cambia, volverás a acumular deuda. La consolidación no soluciona el núcleo del problema de gasto descontrolado. 

Un aspecto menos comentado: el impacto crediticio inmediato. Abrir una nueva línea para consolidar puede bajar temporalmente tu puntuación de crédito, algo que distintas entidades bancarias reconocen en diferentes opiniones sobre la reunificación de deudas. 

Finalmente, existen riesgos de fraude, al poder encontrarte con entidades que prometen consolidar deudas sin explicar completamente sus tarifas, que exigen pagos por adelantado o que solicitan dejar de pagar a los acreedores sin plenas garantías.