Hipotecas

El dilema de avalar o donar: qué opción es fiscalmente más inteligente para ayudar a tu hijo con la entrada de un piso

El aval de una hipoteca puede convertirse en un problema financiero en el futuro. Telecinco.es
Compartir

Ayudar a un hijo a comprar su primera vivienda es uno de los gestos más habituales, y a menudo más complejos, a los que puede enfrentarse la economía familiar. Las dificultades de acceso a la financiación, el endurecimiento de las hipotecas y el encarecimiento de la vivienda han llevado a miles de padres a convertirse en protagonistas involuntarios de estas operaciones. Por ello surge un dilema clave: ¿es mejor avalar la hipoteca o donar el dinero de la entrada? La respuesta no solo depende de la generosidad o del bolsillo, sino que también hay que tener en cuenta los efectos fiscales y patrimoniales de cada opción.

Avalar: una ayuda sin impuestos… pero con riesgo para el patrimonio

A primera vista, avalar parece la salida más sencilla ya que no se entrega dinero, no hay transmisión patrimonial y, por tanto, no existe carga fiscal inmediata. Pero la letra pequeña es mucho más densa de lo que parece. Avalar a un hijo significa convertirse en garante de su deuda; es decir, que si él deja de pagar, el banco podrá reclamar la totalidad del préstamo al avalista.

PUEDE INTERESARTE

Las entidades financieras no distinguen entre padres e hijos en caso de impago, y ambos son responsables solidarios. Y ese compromiso suele prolongarse durante años, mientras viva la hipoteca.

Desde un punto de vista fiscal, avalar no se considera una donación y, por tanto, no genera Impuesto de Sucesiones y Donaciones. Sin embargo, sí limita la capacidad financiera del avalista, que podría ver restringido su acceso a crédito o incluso tener que responder con sus bienes si la deuda entra en mora. Legalmente, además, los herederos del avalista podrían llegar a asumir la obligación si no se libera la garantía antes del fallecimiento.

PUEDE INTERESARTE

En definitiva, que avalar puede parecer una ayuda “limpia” porque no tributa, pero encierra un riesgo patrimonial que no caduca y que, en caso de impago, puede costar mucho más que una donación inicial.

Donar: pagar hoy para dormir tranquilo mañana

La otra opción, donar el dinero de la entrada, tiene un perfil opuesto. Supone un desembolso inmediato, pero ofrece certidumbre a cambio. Así, el dinero cambia de manos y no genera obligaciones futuras. Eso sí, en España las donaciones están sujetas al Impuesto de Sucesiones y Donaciones, que varía notablemente según la comunidad autónoma y la cuantía transferida.

En comunidades como Madrid, por ejemplo, las donaciones entre padres e hijos disfrutan de una bonificación del 99%, siempre que se formalicen en escritura pública y se destinen a la compra de la vivienda habitual del hijo. 

En Cataluña, la reducción alcanza el 95 % en casos similares, según la Agencia Tributaria catalana. En otras regiones, sin embargo, las exenciones son menores o inexistentes, lo que puede convertir el gesto en un gasto imprevisto.

Donar también requiere ciertos cuidados formales: debe constar por escrito, declararse ante Hacienda y justificarse el destino del dinero si se pretende aplicar una bonificación. Además, la donación puede afectar a futuras herencias, ya que el importe entregado se considera una “anticipo de legítima” salvo que el padre indique expresamente lo contrario en escritura.

Aun así, los expertos coinciden en que fiscalmente, la donación es más previsible. Se paga una vez, sí, pero se evita el riesgo a largo plazo. El aval puede salir más barato al principio, pero más caro si algo se tuerce. 

Elegir bien: riesgo, herencia y estrategia familiar

Decidir entre avalar o donar no es solo un cálculo económico, sino una estrategia de planificación familiar y patrimonial. Si el hijo tiene solvencia estable, un empleo fijo y una hipoteca asumible, el aval puede servir como simple impulso inicial para obtener financiación. En ese escenario, el riesgo es moderado y el ahorro fiscal inmediato resulta evidente.

Pero si la operación es ajustada, por ejemplo, con ingresos inestables o tipos de interés variables, la prudencia aconseja optar por la donación. Aunque implique pagar impuestos, la donación “cierra el ciclo” y evita que el patrimonio familiar quede hipotecado durante décadas. En comunidades con bonificaciones elevadas, la carga fiscal es simbólica frente al riesgo que conlleva un aval indefinido.

El factor emocional también cuenta. Muchos padres prefieren avalar “para no regalar”, manteniendo la idea de que el dinero sigue siendo suyo. Sin embargo, avalar puede convertirse en una cesión mucho mayor si la operación sale mal. Lo verdaderamente inteligente, concluyen los asesores financieros, es analizar ambas opciones con datos reales: calcular el coste de donar según el ISD de la comunidad autónoma y comparar ese gasto con el riesgo económico de responder por una deuda de 150.000€ o 200.000€ durante 25 años.