Alimentación

Los alimentos proteicos son cada vez más caros en el supermercado: los motivos que hay detrás

Un carro de supermercado. Pixabay
Compartir

El lineal de proteínas ya no es un rincón discreto del supermercado. Batidos, yogures enriquecidos, snacks altos en proteína, carnes premium y alternativas vegetales ocupan cada vez más espacio… y también exigen más presupuesto por parte de nuestros bolsillos.

Lo que hace apenas unos años era un nicho vinculado al deporte hoy forma parte prácticamente del consumo masivo. Y esa explosión de demanda está teniendo un impacto directo en el precio final.

PUEDE INTERESARTE

Según un estudio reciente sobre hábitos alimenticios en España, el consumo de alimentos proteicos creció un 22,4% en 2023. El dato refleja un cambio profundo en las prioridades del consumidor, que asocia la proteína con bienestar físico, control del peso y estilo de vida activo.

Cuando una categoría crece a ese ritmo en un mercado maduro, la presión sobre la cadena de suministro es inevitable.

Más demanda, menos margen de estabilidad

El aumento del interés por la proteína no solo se traduce en más compras, sino en mayor diversificación. El consumidor ya no busca únicamente carne o pescado, sino productos reformulados, enriquecidos o funcionales. Esto implica procesos industriales más complejos y materias primas específicas cuyo precio fluctúa en mercados internacionales.

PUEDE INTERESARTE

El encarecimiento de materias primas como la proteína láctea, el suero concentrado o determinadas fuentes vegetales responde a dinámicas globales.

La demanda mundial de suplementos y alimentos funcionales ha crecido de forma destacada en Europa, Estados Unidos y Asia. Cuando varios mercados compiten por el mismo recurso, el resultado suele reflejarse en el ticket de compra.

A ello se suma el incremento de los costes energéticos y logísticos registrados en los últimos años.

La producción de alimentos enriquecidos requiere procesos adicionales de filtrado, secado o aislamiento, que consumen más energía que los productos convencionales. Esa mayor inversión técnica termina trasladándose al precio final.

El auge del ecommerce alimentario

El fenómeno no se limita a las tiendas físicas. La facturación online de alimentos proteicos aumentó un 17,6% en el último año, según datos sectoriales. El comercio electrónico ha multiplicado su volumen apoyándose en la distribución de productos especializados, muchos de ellos con márgenes más elevados.

Este crecimiento digital también influye en la estructura de precios. La logística individualizada, los embalajes específicos y la necesidad de mantener cadenas de frío en determinados casos incrementan el coste operativo.

Aunque el consumidor perciba comodidad y rapidez, la infraestructura que lo hace posible no es neutra en términos económicos.

Un estudio de FITstore muestra además que el consumo online de proteínas se está expandiendo más allá de los grandes núcleos urbanos. Cantabria lideró el crecimiento con un aumento del 126,7% en facturación y del 161,1% en unidades vendidas. Toledo y Almería registraron subidas del 97,5% y 75,8% respectivamente. Castellón y Granada también mostraron incrementos cercanos a duplicar las cifras del año anterior.

Valencia y Alicante se sitúan entre las provincias con mayor volumen de consumo online, mientras que Baleares y Málaga presentan una tendencia al alza vinculada a su dinamismo económico y atractivo turístico.

Percepción de valor y estrategia de marca

Otro factor determinante es la estrategia de posicionamiento. Muchos alimentos proteicos se comercializan como productos premium, asociados a salud, rendimiento y diferenciación.

Las marcas invierten en marketing, certificaciones y formulaciones específicas que refuerzan esa percepción de valor añadido.

Cuando un producto se percibe como funcional y beneficioso, la sensibilidad al precio disminuye. El consumidor acepta pagar más si cree que obtiene una ventaja nutricional tangible.

Esta disposición favorece que las empresas mantengan márgenes más elevados frente a categorías tradicionales.

La combinación de mayor demanda, presión internacional sobre materias primas, incremento de costes industriales y estrategia de posicionamiento explica por qué, a grandes rasgos, la proteína se encarece en el supermercado.