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Ni aire acondicionado ni ventilador: existe un método para ahorrar hasta un 30% la factura de la luz en verano

Sufriendo el calor en verano
Sufriendo el calor en verano. Getty Images
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Cuando llega el calor, un reflejo casi automático es encender el aire acondicionado. Es algo comprensible, ya que según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, más del 42% de la energía que se consume en el hogar se destina a la climatización. Pero antes de que el compresor arranque, es importante saber que existen métodos de actuación pasivos, basados en el comportamiento de la propia vivienda, y no en aparatos, capaces de reducir hasta un 30% las necesidades de refrigeración sin que el termostato llegue a entrar en juego. Se llama refrigeración pasiva y sus principios son tan eficaces como poco practicados.

El punto de partida no es el calor de fuera, sino lo que la vivienda hace con él. Según el IDAE, hasta un 30% de las necesidades de climatización de un hogar se deben a un aislamiento incorrecto, dejando que se escape el frío. Es decir, que ya desde antes de gastarse un euro en enfriar el aire, muchas viviendas están regalando ese frío al exterior a través de ventanas ineficientes, cajas de persiana sin sellar y muros sin aislamiento.

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Las ventanas representan entre el 25% y el 30% de las pérdidas de calor en una vivienda mal aislada, y cambiarlas puede reducir hasta un 30% la factura de calefacción y aire acondicionado. La misma lógica se aplica en sentido inverso en verano, puesto que una ventana ineficiente supone también una vía de entrada de calor.

Bloquear el calor antes de que entre

La clave del método pasivo es actuar sobre la radiación solar directa antes de que atraviese los cristales. Los toldos pueden bloquear hasta un 80% de la radiación solar directa en ventanas, lo que reduce varios grados la temperatura interior en las viviendas y disminuye la necesidad de climatización.

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Del mismo modo, usar bien las persianas y las cortinas puede reducir hasta un 10% el consumo de energía de una vivienda. La OCU recomienda mantenerlos bajados al menos entre las 12 y las 18 horas. Un detalle que pocas personas siguen con rigor, pero que marca una diferencia notable en la factura eléctrica.

Ventilar cuando el calor no está

El IDAE recomienda abrir las ventanas por la noche o a primera hora de la mañana para aprovechar las horas más frescas, y bajar toldos y cerrar persianas como hábitos eficaces para reducir el calentamiento de la vivienda. Además, es importante aprovechar la ventilación cruzada. Para ello hay que abrir ventanas enfrentadas para generar corriente cuando el exterior está por debajo de la temperatura interior, y después atrapar ese fresco cerrando todo antes de que el sol caliente.

Por otra parte, un ventilador, preferentemente de techo, puede ser suficiente para mantener una temperatura agradable, ya que el movimiento de aire produce una sensación de descenso de la temperatura de entre 3 y 5ºC con un consumo de electricidad muy bajo. Tres grados de sensación térmica menos, con una fracción del consumo de un split.

El truco para ahorrar sin poner el aire acondicionado

Cuando el aire acondicionado es inevitable

El método pasivo reduce la necesidad del aire acondicionado, pero no siempre lo elimina. Cuando el aparato debe encenderse, la decisión que más dinero puede costar es la de bajar demasiado el termostato. La temperatura de confort en una vivienda en actividad pasiva se sitúa en verano entre los 23°C y los 25°C, y cada grado por debajo puede suponer entre un 5% y un 7% de incremento en el consumo eléctrico.

Bajar el termostato de 25°C a 21°C no solo no enfría más rápido, sino que puede suponer un 32% más de gasto. Por eso, se recomienda una temperatura de 26ºC con ropa adecuada como forma suficiente para mantener el confort en una vivienda.

A qué hora poner el aire

Un cambio de hábito que no cuesta nada puede reducir aún más el gasto. Para quien tiene una tarifa variable, lo que nunca hay que hacer es poner el aire acondicionado a las 9 o las 10 de la noche, porque el precio entre las 2 y las 6 de la tarde puede costar casi la mitad que por la noche, gracias a la abundancia de energía solar a mediodía. Esto invierte la lógica que mucha gente aplica: pre-enfriar la casa a mediodía, cuando la energía es más barata, y aprovechar ese fresco por la noche sin encender el aparato.

El método, en suma, no es un único truco: es una secuencia de actuaciones (aislar las vías de entrada de calor, ventilar en las horas frescas, usar la protección solar y ajustar el termostato a rangos eficientes). Todas ellas, aplicadas en conjunto, suponen un ahorro que se acumula. El 30% que promete el aislamiento térmico se complementa con el 10% de las persianas, con la reducción que supone subir el termostato dos grados y con encender el aire en las horas baratas. La suma de todo eso puede hacer que la factura de julio y agosto deje de ser el susto habitual.