La recomendación que debes seguir para pagar menos en tu crucero, según un experto
El truco es reservar mediante el sistema de asignación garantizada, en lugar de escoger un camarote concreto.
Así son los cruceros fluviales que conquistan a los mayores de 50: rutas por el Duero, el Rin o el Danubio
Calcular lo que te va a costar un crucero es engañosamente sencillo cuando miramos a la portada de un folleto de una agencia de viajes, pero resulta considerablemente más intrincado cuando llega el verdadero momento de la verdad. Entre la tarifa base, los suplementos por categoría de camarote, las propinas obligatorias, los paquetes de bebidas, las excursiones en tierra, los recargos portuarios y la eventual factura aérea que conecta el domicilio del pasajero con el puerto de embarque, el presupuesto puede llegar a duplicarse respecto a lo que habíamos visto con suma facilidad.
Frente a este problema, hay un consejo sencillo que ha calado por su rentabilidad y sencillez: reservar mediante el sistema conocido en la jerga anglosajona como guaranteed assignment, "asignación garantizada" en castellano, en lugar de escoger un camarote concreto.
La recomendación viene de la mano de una de las voces más reconocidas del sector, Stewart Chiron, alias "The Cruise Guy", y lleva desde mediados de los años noventa ayudando a los usuarios de todo el mundo. Su recomendación, por tanto, no es algo tan sencillo como una intuición de un consumidor puntual o concreto, sino que se basa en la observación sistemática de la política tarifaria de las grandes compañías durante casi tres décadas.
En qué consiste la "asignación garantizada"
El mecanismo es tan sencillo de aplicar como opaco resulta para el pasajero medio. En lugar de seleccionar en el momento de la reserva un camarote concreto, el cliente contrata una categoría de camarote (por ejemplo, una minisuite o junior suite) con la promesa contractual, garantizada por escrito por la naviera, de que se le asignará posteriormente una habitación dentro de esa categoría o, si esta se hubiese agotado, una habitación de la categoría inmediatamente superior, sin coste adicional.
Para Chiron esta "Es la opción más sensata cuando se reserva una junior suite o una categoría superior. Esos camarotes ya se encuentran en ubicaciones privilegiadas". La ventaja se basa en dos situaciones que están íntimamente relacionadas entre sí.
La primera tiene en cuenta el plano económico: la naviera, al conservar la flexibilidad de asignar la habitación concreta hasta el último momento, normalmente hasta el cierre de la lista de pasajeros, ofrece la reserva a un precio inferior al de un camarote específico de idéntica categoría. La segunda es cualitativo: si la categoría contratada se ha vendido íntegramente, el cliente recibe automáticamente un ascenso de categoría, con toda la mejora de vistas, superficie y localización que esto conlleva.
Eso sí, este consejo no funciona igual de bien con todo el catálogo de posibilidades dentro de cada crucero. Chiron subraya que la lógica se maximiza cuando el punto de partida es una junior suite o una categoría superior, precisamente porque "esos camarotes ya se encuentran en ubicaciones privilegiadas", en cubiertas medias-altas, alejadas de las zonas ruidosas de motores y bares o próximas a los ascensores principales, de modo que el eventual ascenso automático conduce a una experiencia sensiblemente mejor, no a una diferencia meramente cosmética.
Esto, en las categorías inferiores, como un camarote interior o con vista al mar sin balcón, sigue suponiendo un ahorro, pero la mejora cualitativa se diluye. La tarifa promedio en dólares para un crucero es de 7.484 para una suite completa, 4.651 para una minisuite o junior suite, 2.760 para un camarote con balcón, 2.395 para uno con vista al mar total o parcial y 1.316 para un camarote interior. Escalar automáticamente de una minisuite a una suite completa supone, por tanto, una ganancia patrimonial nominal de casi tres mil dólares por reserva.
Cómo sacar aún más partido a este truco
Chiron añade otras dos recomendaciones que refuerzan la técnica principal. La primera: reservar con seis a doce meses de antelación, o incluso más, permite obtener los mejores precios base, revirtiendo el mito del last minute como panacea del ahorro. La segunda: acudir a un agente de viajes certificado, que suelen tener acceso a promociones exclusivas, créditos a bordo o paquetes de wifi gratuitos que pueden ahorrar más de cuarenta y cinco dólares por persona y día, además de resolver eventuales incidencias una vez comenzado el viaje.