Ahorro

Un gesto diario que puede reducir el consumo del frigorífico y alargar la vida de los alimentos: se tardan escasos segundos

Frigorífico alimentos saludables
Frigorífico con alimentos saludables. Getty Images
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Hay una operación que la mayoría de los hogares españoles hace a diario sin ningún criterio y que, hecha con conocimiento, puede servir para recortar la factura eléctrica, alargar semanas la vida útil de los alimentos y reducir el desperdicio doméstico. No requiere invertir un céntimo, no exige ninguna reforma y no se prolonga más allá de los segundos que ocupa dejar la compra recién traída del supermercado en su balda correcta. 

Consiste en asignar cada alimento a la zona del frigorífico que le corresponde según su temperatura, en lugar de guardarlo donde encontremos hueco. La OCU lleva años insistiendo en la importancia de esta operación, ya que el frigorífico es el electrodoméstico que más electricidad consume en el hogar, cerca del 31 % del total, y su rendimiento depende, más de lo que se cree, de cómo se organice su interior.

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Por qué el orden importa

La lógica física es tan sencilla como olvidada. El aire frío es más denso que el caliente y, en consecuencia, desciende. En el interior de cualquier frigorífico esto genera un gradiente térmico por el que la zona baja es la más fría, la zona alta la menos fría, y la puerta la más inestable de todas. 

En concreto, la parte inferior, justo encima de los cajones, se mueve entre 2 y 4 grados. Los cajones inferiores mantienen entre 8 y 10 grados con humedad más alta. La puerta, por su parte, es la zona que pierde frío con cada apertura, por lo que su temperatura es más irregular. Distribuir los alimentos siguiendo este mapa térmico permite que cada producto se conserve en las condiciones óptimas y que el motor del frigorífico no tenga que trabajar más de la cuenta para compensar los alimentos delicados colocados en zonas equivocadas.

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nevera frigorifico

De esta forma, en las baldas superiores y en la propia puerta, la zona menos fría, deben ir los alimentos que no necesitan refrigeración intensa, como bebidas, mermeladas, salsas, huevos y sobras de comida ya cocinada. Las baldas intermedias, con una temperatura moderada y estable, son perfectas para lácteos abiertos, como yogures, quesos frescos, leche en uso, embutidos cocidos y productos envasados una vez abiertos. 

Las baldas inferiores acogen los alimentos que exigen mayor frío para no deteriorarse. Es el caso de carnes crudas, pescados frescos y marisco, que deben permanecer siempre en recipientes cerrados para evitar la contaminación cruzada. Los cajones inferiores, con humedad controlada, son el hábitat idóneo de frutas y verduras, teniendo en mente que conviene separar las frutas de las verduras, porque algunas frutas emiten etileno, un gas que acelera la maduración de las hortalizas colocadas al lado.

El error habitual con la leche

Existe un fallo tan extendido que probablemente se vea en el noventa por ciento de las cocinas españolas: colocar la leche en la puerta. La puerta es la zona con más oscilaciones térmicas cada vez que abrimos el frigorífico, y los lácteos son especialmente sensibles a esos cambios. Trasladar el cartón de leche a la balda intermedia central permite dos beneficios al mismo tiempo. Por un lado, la leche se conserva varios días más, por el otro el aparato no tiene que esforzarse en enfriar repetidamente un producto colocado en su zona más expuesta. Los huevos, aunque tradicionalmente se guardan en la huevera de la puerta que trae de fábrica el propio frigorífico, se conservan mejor en su envase original y en una balda interior estable.

Además, es importante no llenar la nevera hasta arriba, del mismo modo que tampoco se recomienda dejarla media vacía. Una nevera atiborrada obstaculiza la circulación del aire frío, genera puntos calientes y obliga al motor a trabajar más. Una nevera medio vacía, en cambio, gasta energía enfriando espacio inútil que se pierde de golpe cada vez que se abre la puerta. El equilibrio óptimo es el término medio, y para aquellos que vivan solos o en pareja pueden compensar la infracarga colocando botellas de agua en las zonas vacías, ya que actúan como reservorio térmico.