Elegir mal un alargador también puede afectar a la eficiencia energética del hogar
La potencia máxima declarada por el fabricante debe superar con margen la potencia real que se prevé conectar
Un detalle en las regletas permite cortar el consumo de varios dispositivos de una sola vez
El alargador eléctrico es probablemente uno de los accesorios domésticos peor entendidos por el usuario español medio. La mayoría de propietarios lo elige exclusivamente por precio y no sabe diferenciar entre los diferentes modelos disponibles en el mercado. Del mismo modo, encadena varios en cascada cuando necesita más tomas, mantiene el mismo dispositivo durante décadas sin revisar su estado ni sustituirlo, y no se plantea nunca si el alargador concreto que ha comprado por seis o siete euros en la ferretería más cercana está a la altura de los aparatos que va a conectar.
Pero la realidad es que se trata de un artilugio al que deberíamos prestar más atención. Los incendios originados por fallos eléctricos en viviendas españolas superan los 20.000 anuales, y buena parte de esos incidentes está vinculada específicamente al uso incorrecto de enchufes múltiples y alargadores. La eficiencia energética del hogar, más allá del propio riesgo de accidente, también acusa el impacto de una elección desafortunada.
Cómo un mal alargador incrementa el consumo
La lógica del problema tiene una base física fácil de entender. El paso de la corriente eléctrica por un cable produce siempre una pérdida de energía en forma de calor, un fenómeno conocido como efecto Joule y es proporcional al cuadrado de la intensidad y a la resistencia del propio conductor.
Cuando el alargador incorpora un cable de sección insuficiente para la potencia que soporta (los modelos más económicos del mercado utilizan a veces conductores por debajo de 1,5 milímetros cuadrados habituales), la resistencia eléctrica aumenta sensiblemente y con ella la energía disipada como calor perdido a lo largo del recorrido. Ese calor no llega al aparato conectado y no realiza trabajo útil. Simplemente se pierde. En un uso continuado durante meses o años, la factura eléctrica agregada refleja esa pérdida como consumo adicional sin contraprestación.
Este efecto se agrava cuando el propio cable permanece enrollado en carrete durante su uso, porque el bobinado impide la disipación normal del calor y multiplica la temperatura del propio conductor. El alargador enrollado no solo consume más energía por resistencia añadida, sino que puede llegar a fundir su propio aislamiento y provocar un cortocircuito. Por ello, cuando se prevé conectar aparatos de potencia significativa, el cable debe desenrollarse por completo antes del uso, aunque estéticamente resulte más incómodo.
Los aparatos que no deben conectarse a un alargador
La OCU ha compartido el catálogo de aparatos que no deben conectarse a regletas o alargadores en ningún caso, con independencia de la calidad del dispositivo elegido. La lista incluye radiadores eléctricos, calefactores portátiles, aires acondicionados, hornos, lavadoras, secadoras, lavavajillas, neveras, microondas, planchas de vapor, tostadoras y secadores de pelo.
Las razones para esto son dobles. Estos aparatos demandan potencias que oscilan entre los 1.200 y los 4.000 vatios, que son cifras que igualan o superan la capacidad máxima habitual de una regleta doméstica, que suele estar entre los 1.200 y los 2.500 vatios. Y muchos de estos electrodomésticos permanecen funcionando durante horas seguidas, con lo que la sobrecarga se acumula progresivamente hasta el punto de fusión del propio material del alargador.
La regla básica es sencilla: la suma de las potencias de todos los aparatos conectados simultáneamente al alargador no debe superar la capacidad máxima que el propio dispositivo declara en su etiqueta técnica. Es importante comprobar dicha etiqueta antes de conectar cualquier aparato.
Cómo elegir el alargador correcto
En primer lugar, la sección del cable debe tener 1,5 milímetros cuadrados como mínimo para uso doméstico habitual, con conductor de cobre. La potencia máxima declarada por el fabricante debe superar con margen la potencia real que se prevé conectar; los modelos de referencia en el mercado español rondan los 3.500 vatios y los 16 amperios a 230 voltios.
La presencia de toma de tierra es imprescindible en cualquier alargador destinado a aparatos con carcasa metálica o con componentes electrónicos sensibles. El interruptor individual por toma, presente en los modelos de gama media y alta, permite cortar el suministro de cada dispositivo por separado y elimina el consumo fantasma de los aparatos en standby.
La protección frente a sobretensiones resulta especialmente recomendable para conectar televisores, ordenadores, equipos de audio y cualquier electrónica de consumo. Un pico de tensión provocado por la caída de un rayo cercano puede alcanzar los 3.000 o 6.000 voltios y destruir en segundos el equipamiento electrónico conectado, con costes de reposición que pueden superar los 3.500 euros por evento. Además, la certificación europea CE y la marca del propio fabricante deben aparecer siempre visibles en el cuerpo del dispositivo, garantía mínima de que el producto cumple los ensayos de seguridad exigidos por la normativa española y comunitaria.