Guardar alimentos calientes en el frigorífico aumenta el consumo mucho más de lo que parece
Cada grado que sube la temperatura interior de un frigorífico incrementa entre un 2% y un 8% su consumo eléctrico
Un gesto diario que puede reducir el consumo del frigorífico y alargar la vida de los alimentos: se tardan escasos segundos
Cada grado que sube la temperatura interior de un frigorífico incrementa entre un 2% y un 8% su consumo eléctrico durante el tiempo que el compresor tarda en restablecer la temperatura de consigna. La cifra la maneja OCU como referencia, y explica por qué un gesto tan trivial como introducir una olla recién retirada del fuego tiene un impacto energético tan elevado en comparación con su aparente inocuidad.
Cuando se hace esto con una olla a cuarenta o cincuenta grados dentro de un frigorífico que trabaja a cinco, el aire caliente asciende, contamina toda la cámara, dispara el trabajo del compresor durante una o dos horas seguidas y deja además al resto de alimentos temporalmente por encima de la temperatura segura de conservación. Si esto se hace varias veces por semana, el sobrecoste anual acumulado puede ser de decenas de euros que se acumulan sin que el propietario identifique su origen.
Mucho más que un gasto energético
La operación desencadena además una serie de efectos colaterales menos visibles. El vapor de agua que desprende el alimento caliente aumenta la humedad interna del aparato, favorece la formación progresiva de escarcha en las paredes del congelador y crea las condiciones ambientales óptimas para el desarrollo de bacterias en el interior. El choque térmico repetido sobre las estanterías de cristal y los componentes plásticos internos deteriora los materiales de fabricación a lo largo de los años, con la consiguiente reducción de la vida útil del propio equipo.
La lógica de esperar siempre a que el alimento se enfríe por completo en la encimera antes de refrigerarlo choca sin embargo con una advertencia sanitaria contundente en dirección exactamente opuesta. La propia OCU recomienda expresamente meter los alimentos recién cocinados directamente en el frigorífico sin esperar a que se enfríen del todo a temperatura ambiente.
La razón es microbiológica y no admite laxitud. Cualquier alimento cocinado que permanece a temperaturas entre los quince y los sesenta grados centígrados, la llamada zona de peligro, se convierte en caldo de cultivo óptimo para bacterias como Salmonella, Listeria o Clostridium perfringens, capaces de multiplicarse a velocidad exponencial durante las horas en las que el guiso se va enfriando lentamente en la cocina. La advertencia se agudiza durante los meses cálidos, cuando la temperatura ambiente elevada acelera todavía más el crecimiento bacteriano.
Aparece por tanto la paradoja que define el problema. Se deben reconciliar dos exigencias aparentemente incompatibles: proteger la salud alimentaria y evitar el sobreconsumo eléctrico. La reconciliación técnica es sin embargo posible y no exige conocimiento específicos. Consiste en reducir agresivamente la temperatura del alimento antes de introducirlo en el frigorífico, sin dejarlo horas fuera pero tampoco meterlo humeante.
Una solución al problema
Tres gestos resuelven la operación en veinte o treinta minutos. Dividir el guiso en varios recipientes pequeños y de poca profundidad multiplica la superficie de intercambio térmico con el aire y acelera sensiblemente el enfriamiento respecto al de la olla completa. Sumergir esos recipientes en el fregadero con agua fría traslada calor por contacto directo mucho más rápido que la mera exposición al aire. Cubrir los recipientes con tapa hermética reduce la evaporación posterior y limita la humedad que se aportará al interior del frigorífico cuando finalmente se introduzcan.
Al hacer esto solo será necesario esperar unos minutos después de la cocción para introducir el alimento. Estará tibio al tacto, pero no todavía frío, con temperatura suficientemente reducida para no cargar excesivamente el compresor y suficientemente alta como para no haber entrado en la zona bacteriana de peligro. Los frigoríficos modernos con tecnología Inverter gestionan mejor los picos de demanda energética asociados a la introducción de alimentos aún tibios porque su compresor ajusta la velocidad de trabajo según la demanda real en lugar de operar en modo binario encendido/apagado, con lo que la operación resulta especialmente rentable en esos aparatos.
Por último, recordar que es importante tapar bien todos los recipientes que se introducen en el frigorífico, ya que al hacerlo cumplimos simultáneamente varias funciones. Se impide que la humedad del alimento se disperse por la cámara y afecte a otros productos. Evita la transferencia de olores entre alimentos incompatibles. Se reduce el consumo eléctrico agregado del aparato al facilitar el mantenimiento de la temperatura estable. Y se prolonga la vida útil del propio alimento cocinado al aislarlo de bacterias ambientales presentes en el interior del frigorífico.