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Encender la calefacción demasiado pronto puede salir caro: los expertos recomiendan hacerlo a partir de cierta temperatura exterior

Cuándo encender la calefacción. Telecinco.es
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Los expertos fijan dos umbrales simultáneos para encender la calefacción por primera vez cada otoño: cuando la temperatura interior de la vivienda cae por debajo de 18°C de forma constante y cuando la temperatura exterior persiste varios días por debajo de 15°C. Anticipar el encendido por sensación subjetiva, por costumbre familiar o por simple llegada del cambio horario de octubre tiene consecuencias que tocan directamente el bolsillo, ya que cada grado adicional programado en el termostato encarece la factura mensual aproximadamente un 7% según los datos del IDAE. En un piso de 90 metros cuadrados esa cifra equivale a unos 6 euros al mes por cada grado de más sostenido durante toda la temporada.

Una vivienda con aislamiento razonable retiene sensiblemente el calor acumulado durante las horas de sol de la propia tarde otoñal, y solo empieza a perder temperatura de forma acelerada cuando el frío exterior se mantiene bajo durante varios días consecutivos, especialmente durante las noches. Encender la calefacción con temperaturas exteriores todavía superiores a los 15 °C obliga al sistema a compensar un frío que la propia inercia térmica de la vivienda podría haber absorbido sin coste. La caldera, la bomba de calor o los radiadores eléctricos trabajan durante horas para elevar apenas uno o dos grados una temperatura interior que, con un jersey, unas zapatillas gruesas o una manta ligera durante la noche, se habría situado en niveles perfectamente aceptables sin desembolso adicional.

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Fechas y señales 

La AEMET previó para el otoño de 2025 un arranque más cálido de lo habitual, con temperaturas diurnas entre los 18 y los 20°C en la mayor parte del país durante octubre, y desplazó por tanto la fecha de encendido para la mayoría de hogares españoles a mediados o finales de noviembre. Solo en el norte peninsular y en zonas de montaña las temperaturas diurnas próximas a 15°C llegaron ya durante la última semana de octubre, con lo que el encendido resultó justificado antes que en el resto del territorio. La lección para 2026 es parecida, aunque la fecha exacta depende de la zona climática concreta y del comportamiento meteorológico de cada temporada. Por ello, es conveniente consultar la previsión semanal de AEMET antes de encender la calefacción por primera vez.

Junto al termómetro exterior, la propia vivienda ofrece señales sobre el momento adecuado. La condensación matutina en los cristales de las ventanas, las manos frías al despertar antes de salir de la cama, la necesidad de añadir capas de ropa que hasta entonces no habían sido necesarias, o la percepción física de frío al pisar el suelo con los pies descalzos son indicadores prácticos de que la temperatura interior ha caído por debajo del umbral de confort. Cuando dos o tres de estas señales aparecen simultáneamente durante varios días seguidos, el encendido está justificado con independencia de lo que marque el termómetro exterior.

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Antes del primer encendido

La preparación previa condiciona sensiblemente el rendimiento del sistema durante toda la temporada. Comprobar el estado de la caldera evita averías en pleno invierno y detecta desgastes que aumentan el consumo. Purgar los radiadores para eliminar el aire acumulado durante los meses de inactividad permite que el agua circule correctamente y que el calor se distribuya de forma homogénea. Sellar rendijas y colocar burletes en puertas y ventanas mal ajustadas puede suponer un ahorro adicional del 20 al 30% del consumo total según cálculos del propio IDAE. Instalar o programar el termostato con horarios adaptados a la rutina real del hogar reduce sensiblemente el gasto sin sacrificar confort.

Una vez encendida, la temperatura recomendada por el IDAE se sitúa entre los 19 y los 21°C durante las horas de ocupación y entre los 15 y los 17°C durante la noche o las ausencias prolongadas. Por encima de los 21°C el aire tiende a resecarse, aparecen molestias respiratorias y de piel, y la propia calidad del sueño se resiente. Cada grado por debajo del máximo de confort ahorra entre un 5 y un 10% del consumo según los datos del propio IDAE, con lo que la diferencia entre programar 21 o 22 grados de forma sostenida durante los cuatro meses de temporada alta se traduce en decenas de euros anuales que no exigen renuncia real al bienestar.

Por todo ello, se debe consultar la previsión semanal, atender a las señales interiores de la vivienda, esperar al umbral doble de los 15 grados exteriores sostenidos y 18 interiores estables, revisar la instalación antes del primer encendido y programar el termostato entre 19 y 21 grados durante el día y 15 y 17 por la noche. Con esas cinco decisiones incorporadas, el sobrecoste evitable de la calefacción residencial española se reduce sensiblemente sin que nadie del hogar pase frío innecesario.