En España solo un 27% de los hogares dispone de secador
La forma de ducharse influye más de lo que parece en el gasto de luz o gas
Hasta un 30% más de electricidad por ciclo. Esa es la cifra que el IDAE atribuye a un error doméstico, tan trivial y tan repetido en la mayoría de los hogares que muchos no lo asocian siquiera con un consumo eléctrico anormal. Nos referimos a no limpiar el filtro de pelusas de la secadora tras cada uso. La OCU ha comprobado que un filtro saturado alarga los tiempos de secado un 15% de media, con el consiguiente aumento en la factura mensual.
Ahora, con la vuelta del otoño y la reactivación de la secadora tras el paréntesis veraniego en el que la mayoría de las familias tiende la ropa al aire libre, es un momento especialmente oportuno para revisar el mantenimiento del aparato antes de que empiece a funcionar de nuevo a diario.
En España solo un 27% de los hogares dispone de secadora, lo que supone una cifra sensiblemente inferior a la de otros países europeos por la mejor climatología del sur peninsular. Pero para quienes la utilizan durante los meses fríos y húmedos, este electrodoméstico se convierte entre octubre y abril en uno de los principales culpables del consumo eléctrico doméstico, con facturas que pueden suponer decenas de euros mensuales.
Por qué el filtro es el punto crítico
El funcionamiento de la secadora se basa en un principio físico sencillo. El aparato expulsa aire húmedo procedente de la ropa mojada y lo sustituye por aire caliente que evapora la humedad restante en ciclos sucesivos. Cuando el filtro de pelusas, que es una malla situada habitualmente en el interior de la puerta o justo debajo de la abertura de carga, se obstruye con las fibras que la propia ropa desprende durante el secado, el intercambio de aire pierde eficacia.
De este modo, la humedad no se evacua al ritmo previsto y los sensores internos detectan que la ropa sigue húmeda, con lo que la máquina prolonga automáticamente el ciclo y aumenta la temperatura de trabajo para compensar. El resultado es un ciclo notablemente más largo, un consumo eléctrico incrementado y un sobrecalentamiento interno que reduce la vida útil del propio aparato.
A esto hay que añadir que la pelusa acumulada en el filtro y en el condensador es un material altamente inflamable. Los cuerpos de bomberos españoles identifican periódicamente entre las causas habituales de incendios domésticos originados en la propia secadora precisamente la ignición espontánea de estas fibras acumuladas durante meses o años sin limpieza.

Cómo limpiarla y con qué frecuencia
Se trata de una práctica que requiere menos de un minuto por ciclo y no exige equipamiento adicional. Tras cada uso, con el aparato ya frío y desconectado de la corriente, basta con abrir la puerta, extraer el filtro tirando suavemente hacia arriba, retirar la capa visible de pelusas con la mano o un paño seco, verificar que no queden restos en las esquinas ni en el hueco donde se aloja el filtro, y volver a colocarlo en su posición original. Cuando la malla presenta acumulación difícil de retirar en seco, un enjuague bajo el grifo con agua tibia resuelve el problema, aunque conviene consultar el manual del fabricante para confirmar que el modelo concreto lo permite y dejar el filtro secarse por completo antes de reinstalarlo.
Junto al filtro de pelusas, la OCU recomienda tres tareas complementarias a realizar con una periodicidad menor. Vaciar el depósito del agua de condensación tras cada ciclo, salvo en modelos con evacuación directa al desagüe. Limpiar el condensador varias veces al año con un aspirador, retirándolo si el modelo lo permite o accediendo con el accesorio adecuado si no es extraíble. Y revisar la rejilla de ventilación para asegurar la libre circulación del aire. Las secadoras más recientes incorporan pilotos luminosos que avisan cuando ha llegado el momento de la limpieza profunda, pero el filtro de pelusas debe atenderse tras cada uso con independencia de cualquier aviso.
Los errores que multiplican el problema
El filtro sucio no es el único fallo habitual. Sobrecargar el tambor obliga al aparato a trabajar durante más tiempo con peor circulación de aire, mientras que utilizarlo a media carga desperdicia energía sin justificación práctica. Introducir ropa demasiado húmeda alarga innecesariamente el ciclo. Mezclar prendas de distinto grosor provoca resultados desiguales que muchas veces obligan a un segundo ciclo. Meter ropa con manchas fija estas de forma prácticamente permanente por el efecto del calor. Y elegir un programa de temperatura superior al que la carga concreta requiere consume más de lo necesario sin aportar ventaja alguna.
