Ahorro

Llenar correctamente el lavavajillas puede ahorrar más de lo que parece: millones de españoles no lo cumplen

Lavavajillas
Lavavajillas. Pixabay
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De los tres electrodomésticos que más peso tienen en la factura eléctrica y de agua de un hogar español, el lavavajillas es quizá el menos comprendido. Muchos siguen creyendo que fregar a mano gasta menos, que el programa rápido supone un ahorro, que hay que enjuagar los platos bajo el grifo antes de meterlos y que colocar la vajilla en su interior es una cuestión de encajar piezas donde caben. 

Todo eso se queda en meras suposiciones. Lo importante es llenarlo bien y hacerlo con criterio, no como un tetris improvisado. De esta forma se puede recortar entre el 50 y el 70% del consumo eléctrico, según OCU, además de ahorrar hasta un 85% del agua respecto al lavado manual.

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Lavavajillas frente a fregadero

Los datos no dejan lugar a dudas. Un lavavajillas moderno gasta entre 10 y 15 litros de agua por ciclo completo, mientras que fregar a mano puede requerir hasta 60 litros si se llenan dos fregaderos. En términos energéticos, calentar esa cantidad de agua a mano hasta unos 40 grados exige entre 2 y 2,5 kilovatios hora si la caldera es eléctrica, más del doble que un ciclo habitual del lavavajillas, que consume entre 0,7 y 1 kilovatio hora por lavado. 

Un estudio del Canal de Isabel II cifra el ahorro diario de una vivienda tipo en 34,6 litros de agua (de 88,8 a 54,2 litros) y añade un ahorro eléctrico de 1,06 kilovatio hora al día por el menor uso de agua caliente. La conclusión, contraintuitiva pero rigurosa, es que fregar a mano no es más ecológico ni más barato: es más caro. Especialmente en hogares de tres o más personas.

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Hombre poniendo el lavavajillas

El error de enjuagar los platos bajo el grifo

Ahora bien, buena parte de ese ahorro se evapora si la carga está mal ejecutada. El primer fallo, tan universal como innecesario, es el prelavado manual. Si los platos ya están (casi) limpios, las enzimas del jabón rendirán menos, sin contar con que ese prelavado supone un gasto de agua innecesario. Los detergentes modernos incluyen enzimas que necesitan restos orgánicos para activarse, y si estos no están, el ciclo pierde eficacia y buena parte del ahorro que aporta el electrodoméstico se disipa por el sumidero. Basta con retirar los desechos sólidos con un cubierto, una servilleta o una espátula antes de introducir la vajilla.

La lógica interior de un lavavajillas

Hay un principio elemental que debemos tener presente: el agua sale con más fuerza desde el fondo y sube en abanico hacia arriba. Por tanto, el chorro de agua tiene que incidir especialmente en la zona donde servimos la comida, de modo que la cara sucia de los platos debe orientarse siempre hacia el centro del aparato, no hacia el exterior. 

La bandeja inferior aloja los platos hondos, llanos y postre, inclinados y con la cara sucia mirando al centro, y las ollas y sartenes boca abajo. La bandeja superior queda reservada para los vasos, tazas y copas,invertidos y en ángulo para evitar acumulación de agua en su interior, así como para los recipientes de plástico y las fiambreras, que deben colocarse lo más alejados posible de la resistencia inferior para evitar deformaciones. Los cubiertos se colocan con el mango hacia abajo y alternando piezas de distinto tipo para que no queden apilados y limpien mejor. La única excepción son los cuchillos afilados, que pierden filo con el lavado a máquina y conviene fregar a mano.

¿Enjuagar o no los platos antes del lavavajillas?

6 errores que anulan el ahorro

Existen media docena de descuidos que, sumados, pueden hacer que el lavavajillas consuma como si fuera dos. 

  • Enjuagar bajo el grifo
  • Sobrecargar el aparato al punto de bloquear los brazos aspersores: si los utensilios quedan demasiado juntos el agua no circula y algunas piezas terminan sucias, obligando a repetir el ciclo. 
  • Poner el aparato en marcha a media carga y multiplicar innecesariamente el número de ciclos: hasta un 85 % del consumo eléctrico se destina a calentar el agua de modo que un ciclo completo es siempre más eficiente que dos a la mitad. 
  • Apostar por el programa rápido pensando que ahorra: los ciclos cortos compensan la menor duración calentando el agua a mayor temperatura y presión, disparando el consumo eléctrico.
  • Descuidar la sal: la sal combate la cal del agua y protege las tuberías internas del aparato. 
  • Olvidarse de los filtros: hay que limpiarlos al menos semanalmente, porque su obstrucción reduce la eficacia del ciclo y multiplica el consumo.

Existe, además, un malentendido persistente sobre el modo ECO. Dura más que el ciclo estándar, sí, pero consume menos porque trabaja a temperaturas más bajas y distribuye mejor las fases del lavado. Es el programa recomendado para el uso diario habitual; los ciclos intensivos deben reservarse solo para vajilla especialmente sucia o incrustada. Y un truco final que ahorra el pequeño gasto adicional del secado térmico: abrir la puerta del aparato al finalizar el ciclo permite que el vapor escape y la vajilla se seque al aire, evitando la fase de calor residual.