Ana Aznar Botella, psicóloga y madre de cuatro hijos: "Al educar hay que explicar a tu hijo por qué su comportamiento está mal"
¿Te cuesta poner límites a tus hijos? Hablamos con la Dra. Ana Aznar Botella, psicóloga del desarrollo, de por qué es tan importante marcarlos desde la infancia
El método de los siete colores o cómo preparar a tus hijos para la vida real: "La clave es distinguir emociones de comportamiento"
Los límites, lejos de algo malo, son necesarios para los niños: les sirven de guía y les aportan confianza y seguridad. Pero cualquier padre y madre sabe que ponerlos no es tan fácil. Muchos de nosotros venimos de unas generaciones que heredaron una educación donde había que ser autoritarios, rígidos y muy disciplinados con los hijos para que "fueran fuertes". Por eso, muchas de aquellas generaciones hoy no se permiten llorar o mostrar emociones en público, porque creen que es un símbolo de debilidad, heredado de una educación muy restrictiva en todos los sentidos. Eso ha cambiado, y en este siglo, la educación se ha convertido en un limbo donde los padres hacen lo que pueden y se debaten entre ser "los amigos de los hijos" o "ejercer el rol de padres". Sin embargo, cada vez son más los psicólogos y educadores los que están pidiendo más límites en la infancia y adolescencia, sobre todo, desde la llegada de las pantallas. Pero, ¿cómo se han de poner esos límites? La pacienta está entre los ingredientes clave.
Así lo asegura la doctora Ana Aznar, psicóloga del desarrollo, madre de cuatro hijos y directora de REC Parenting, una plataforma desde la que acompaña a padres y madres en la educación de sus hijos. En esta entrevista para la web de Informativos Telecinco, la doctora habla de su nuevo libro, 'Educar también es decir no. Cómo poner límites a tus hijos con amor' (Vergara, 2026), una visión práctica, partiendo de su experiencia personal y profesional, que propone un enfoque equilibrado donde se fomenta la conexión emocional con los hijos sin renunciar a establecer normas y valores sólidos en el hogar.
Pregunta: Dice el neuropsicólogo Álvaro Bilbao que nuestros hijos -cuando sean adultos- nos juzgarán más por ser permisivos y no tanto por ser autoritarios. ¿Hemos querido ir al polo opuesto de la educación antigua que hemos heredado de nuestros padres y abuelos?
Respuesta: No sé como nos juzgarán pero lo que está claro es que, efectivamente, muchos padres se han ido al polo opuesto de como fueron educados ellos. Hay muchos padres que se educaron en un ambiente muy autoritario y, queriendo ser padres cercanos a sus hijos, se han ido al otro extremo. Al del padre-amigo permisivo. Yo abogo porque tenemos que volver a un punto intermedio. Se puede ser cercano a tu hijo sin ser su amigo, se pueden poner límites sin ser autoritario. No confundamos tener autoridad con ser autoritario. Nuestros hijos, ojalá, tendrán muchos amigos, pero solo unos padres y tenemos que actuar como tales.
P: Con la perspectiva y toda la información que tenemos hoy en educación y psicología, sabemos que el impacto en la salud mental de tener padres autoritarios es notable, pero ¿qué pasa cuando no hay límites y los padres son excesivamente permisivos? ¿Qué les ocurre a los niños?
R: Los límites son una muestra de amor porque proporcionan al niño estructura y seguridad. Por eso hay muchas veces que los niños interpretan la falta de límites como falta de amor: “Fijate lo poco que les importa Paula a sus padres que no le ponen ni hora de llegada”. Además, los niños que crecen sin límites pueden tener dificultades para gestionar la frustración y para regular su comportamiento y sus emociones. Estas son habilidades importantísimas y los padres debemos apoyar a nuestros hijos para que las desarrollen. Un niño que va por la vida sin saber gestionar sus emociones y su comportamiento, va a tener complicado que le vaya bien.
P: ¿Qué límites ves que no se están poniendo -y son más necesarios- en consulta? ¿En qué tienen más dificultades los padres?
R: Lo que detectamos en muchos padres es que les da miedo poner límites porque no quieren equivocarse. Yo creo que como padres es fundamental recordar siempre que todas las decisiones que tomamos (sean más o menos acertadas) nacen de el amor profundo que sentimos por nuestros hijos. No siempre acertaremos y no pasa nada. Debemos tener siempre en mente que el padre o la madre perfecta no existe y no dejar que el miedo a equivocarnos nos impida ejercer nuestra responsabilidad como padres.
"Nos tenemos que dar cuenta que, igual que educamos a nuestros hijos para la 'vida real', les tenemos que educar tambien para la 'vida online"
P: Está claro que, por ejemplo, los límites con la tecnología son necesarios. ¿Por qué y cómo crees que deben aplicarse?
R: El tema de las pantallas es el gran caballo de batalla de los padres de hoy. Con las pantallas hay que poner límites sí o sí. Nos tenemos que dar cuenta que igual que educamos a nuestros hijos para la “vida real”, les tenemos que educar tambien para la “vida online”. Es fundamental que nuestros hijos entiendan los peligros que hay detrás de la pantalla, que sepan analizar la información de manera crítica y que se comporten como buenas personas tanto en el mundo online como en la vida real. En mi opinión, el debate no debería ser tanto a qué edad le das a tu hijo un móvil (y estoy de acuerdo que cuanto más tarde, mejor), si no si está preparado para tenerlo. Antes de dar un móvil a un niño hay que prepararle y dejar los límites claros. Por ejemplo: el móvil es mío y, de vez en cuando, lo vamos a revisar juntos para ver que lo estás usando bien, el móvil nunca se queda en la habitación por la noche, no se usa en la mesa… Además, tenemos que establecer desde el principio qué pueden hacer con el móvil, cuanto tiempo lo pueden usar al día, y qué pasa si estos límites no se cumplen.
P: ¿Qué es lo más importante en este sentido?
R: Lo importante es que nuestros hijos tengan un equilibrio entre todos los elementos de su vida: las pantallas, el colegio, el juego, los deberes, el deporte y el tiempo con su familia y amigos. Si nuestro hijo deja de ver a sus amigos, duerme menos o deja el deporte por quedarse pegado al móvil, hay que restablecer los límites.
"Yo animo a que nos replanteamos la culpabilidad en la crianza"
P: Hablas de las rabietas y de que no hay que pararlas -o por lo menos utilizar distracciones o otras estrategias- por mucho que para los padres sea lo más fácil. ¿Cómo se enfrenta una rabieta de una forma saludable?
R: Es inútil intentar parar la rabieta porque el niño no es capaz de escucharte. Si la rabieta ya ha empezado, lo mejor es asegurarse que el niño no se va a hacer daño, quedarte cerca, no perder los nervios y esperar a que se le pase. Una vez que se le pase, un abrazo y le distraemos con algo que le guste hacer. Lo mejor con las rabietas es prevenirlas: no llevarte a tu hijo al supermercado justo antes de la hora de comer, mantener sus rutinas de sueño para que esté descansado, distraerle si vemos que está a punto de lanzarse a la rabieta…
P: Muchos padres no ponen límites porque pasan poco tiempo con los hijos, ¿qué ocurre aquí? ,Y sobre todo, ¿cómo les afectará en el futuro la falta de límites y presencia?
R: El tema del tiempo que pasamos con los hijos es interesante y merece un reflexión. Las estadísticas dicen que somos la generación de padres que más tiempo dedicamos a los hijos y, sin embargo, muchos padres viven con culpa constante porque no pasan el tiempo que les gustaría con sus hijos. Hay veces que cuando nos sentimos culpables porque nos parece que no estamos lo bastante con nuestros hijos podemos caer en el“total para el rato que les veo, no voy a discutir”, y cuando hacemos esto, dejamos de poner límites y claudicamos de nuestra responsabilidad como padres.
Yo animo a que nos replanteamos la culpabilidad en la crianza. Los padres y, sobre todo, las madres tenemos culpa por todo: si estoy en casa porque no estoy trabajando, si estoy trabajando porque no estoy en casa, si estoy cuidando a mi madre porque no estoy en casa… y así hasta el infinito. En estas situaciones, no deberíamos sentirnos culpables porque no estamos haciendo nada malo. Debemos repensar la culpa y llamarla tensión: tensión porque tenemos muchas ‘bolas en el aire’ y no llegamos a todo. Si eliminamos la culpa, nos será más fácil poner límites.
P: Los límites no son gritos, ¿cómo influyen en su conducta y por qué no sirven para educar?
R: El tema de los gritos hay que tratarlo con cuidado porque preocupa a muchos padres. Lo mejor para un niño es que sus padres nunca le griten, pero claro, todos los que somos padres sabemos que es prácticamente imposible no gritar nunca. Hay que diferenciar entre tipos de gritos. Un tipo de grito es el que cae en el abuso verbal: "¿Eres tonto o qué te pasa?", "¡si es que eres un inútil!”. Este tipo de grito es malo para el niño y hay que evitarlo a toda costa. Otro tipo de grito es el que se te escapa de vez en cuando porque le has pedido a tu hijo 33 veces que se lave los dientes y no se los lava, y gritas: “¿Te quieres lavar los dientes de una vez?”. Estos gritos cuando ocurren, de vez en cuando, no son necesariamente malos para el niño. Ojo, que no sean malos no quiere decir que sean buenos. Este tipo de grito no es ideal porque eleva el estrés de toda la familia y porque si gritas mucho, tus hijos se van a acostumbrar, y tendrás que gritar cada vez más para que tenga el mismo efecto en ellos.
P: ¿Qué es para ti la disciplina?
R: Mucha gente cree que la disciplina son castigos, gritos y cachetes, pero no es así. La disciplina se refiere a todo lo que hacemos para que el niño entienda qué es lo que ha hecho mal y por qué lo que ha hecho está mal. El objetivo de la disciplina no es que el niño obedezca, sino que entienda por qué ha actuado mal. Hay muchas técnicas que los padres usan para disciplinar a sus hijos: castigarles, pegarles un grito, darles un cachete, retirarles su cariño, castigarles, hablar con ellos… Algunas de estas técnicas son mejores que otras. ¿Cuáles son las mejores? Siempre explicar a tu hijo por qué su comportamiento está mal y usar consecuencias conectadas o consecuencias lógicas.
P: ¿Y las que nunca debemos usar?
R: El castigo físico siempre es un NO en mayúsculas y en la medida de lo posible hay que intentar no gritar.