Una experta, sobre cómo elegir bien un grado universitario: "Una decisión de calidad integra cuatro contenidos"

Mercedes Villasana, directora del Proyecto Orión de orientación profesional de la Universidad Pontificia Comillas, cuenta los errores más comunes
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"¿Qué grado elijo?", es la pregunta que muchos estudiantes se hacen tras terminar los exámenes de la PAU. Dejan atrás estrés y nervios para centrarse en el futuro que les espera, pero surgen las dudas.
No todos tienen claras sus preferencias o las notas no les da para hacer aquello que tenían pensado. La decisión sobre qué grado elegir dependerá en numerosos casos de la nota de corte que establezca cada universidad, aunque otros muchos jóvenes también tienen en cuenta la inserción laboral de sus estudios.
El último informe de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD) reveló que una cuarta parte de los estudiantes de grado abandona la titulación universitaria en el primer año y, mientras un 13 % deja definitivamente la universidad, el 9 % cambia de titulación.
En 'Informativos Telecinco' hemos hablado con Mercedes Villasana Terradillos, directora del Proyecto Orión de orientación profesional de la Universidad Pontificia Comillas, quien nos ha contado las claves para no fallar en la elección y los errores más comunes.
La docente recoge que “una decisión vocacional de calidad integra cuatro contenidos: autoconocimiento, información del sistema educativo, conocimiento del mundo profesional y estrategias de toma de decisiones”.
Errores más comunes que cometen los estudiantes
Los errores más comunes al elegir estudios suelen tener menos que ver con “no saber qué carreras existen” y más con cómo se toma la decisión. “Los que vemos con más frecuencia” son, según Mercedes Villasana:
- Elegir sin suficiente autoconocimiento o con un autoconcepto distorsionado
Muchos alumnos deciden sin tener claro qué les interesa, qué valoran, qué metas persiguen y con qué recursos cuentan. A veces, el problema no es la falta de interés, sino un autoconcepto dañado por experiencias de fracaso o por mensajes del entorno, que reduce la confianza para decidir. Ejemplos típicos son expresiones como “me da igual todo” o “no se me da nada bien”, cuando en realidad lo que hay es inseguridad y falta de exploración.
- Decidir con información escasa, poco específica o mal organizada
Es habitual elegir con ideas generales como “tiene salidas” o “me han dicho que...”, sin conocer bien la oferta formativa, los requisitos, las vías que se abren y se cierran, y las condiciones reales de cada opción. Muchas veces no se contrasta la información con fuentes oficiales y, en un momento en que estamos sobreinformados, este paso es clave.
- Elegir por “títulos” o por “moda”, sin mirar las tareas reales y las condiciones del trabajo
Otro error muy común es elegir por la etiqueta de la carrera o por su imagen social, sin analizar qué se hace en el día a día, con qué tipo de problemas se trabaja y en qué condiciones. Por ejemplo, decir “me gusta Psicología” sin distinguir ámbitos, funciones y exigencias.
- No anticipar las consecuencias a corto y largo plazo
Muchos problemas de indecisión, y muchas elecciones que generan frustración o decepción, vienen de no prever las implicaciones o de preverlas de forma sesgada: esfuerzo, tiempos, renuncias, requisitos, puertas que se abren o se cierran, y encaje de cada alternativa con metas futuras. También es frecuente el error de visualizar una única vía o titulación para llegar a la meta deseada, sin anticipar otras opciones en caso de que la vía preferente no salga como se esperaba.
- Querer considerar todo a la vez: exceso de alternativas y falta de estrategias para simplificar
Hay estudiantes que se bloquean por exceso de información y de opciones. No es solo que haya muchas carreras, sino que no saben reducir la complejidad: jerarquizar criterios, dividir el problema en subproblemas y eliminar alternativas paso a paso. En estos casos, el resultado suele ser la parálisis o decisiones precipitadas. Por eso es clave trabajar la gestión de la toma de decisiones, para adquirir habilidades y afrontarla de forma escalonada.
- Tener criterios poco claros o contradictorios
Querer a la vez seguridad, vocación, prestigio, cercanía y bienestar, sin decidir qué pesa más. La decisión se vuelve entonces inestable y cambiante.
- Delegar la decisión, o enfrentarse al entorno, sin gestionar el conflicto
Un error muy habitual es elegir para evitar discutir en casa, elegir en oposición al entorno sin negociación ni plan, elegir en función de las opiniones ajenas por creer que la propia no es válida o incluso elegir lo que recomienda la IA. En estos casos, la decisión deja de ser propia y pasa a estar condicionada por factores externos que no responden realmente a los intereses o expectativas personales. Además, esos factores externos también tienen sus propios sesgos, basados en experiencias pasadas o creencias no contrastadas.
- Convertir la elección en algo irreversible
Pensar “si me equivoco, lo arruino todo” aumenta la ansiedad y empuja a decisiones rígidas o evitativas. Lo más ajustado es entender la elección como un proceso revisable y acompañable.
- No tener en cuenta el contexto
Vivimos en un contexto de gran incertidumbre y con un mercado laboral muy cambiante por los avances tecnológicos y las transformaciones sociales. Esto requiere personas que comprendan su proceso vocacional no como algo puntual, activado solo cuando el sistema educativo lo exige, sino como una trayectoria de vida atravesada por múltiples transiciones.
Consejos
La experta recomienda que la elección de los estudios no sea “decisión puntual, sino un proceso que se construye a lo largo de la vida”. Por eso, cuando llega el momento de decidir, “lo más eficaz es una reflexión guiada y acompañada —desde la orientación, la tutoría y, cuando procede, la familia— que ayude a ordenar ideas, contrastarlas con la realidad, reducir la ansiedad y evitar decisiones tomadas por presión, miedo o información incompleta”.
Además, los consejos cambian según “la etapa, el nivel de claridad del estudiante, el contexto y el grado de bloqueo”.
Cuando existe indecisión puede “vivirse con angustia y generar actitudes evitativas y procrastinadoras. En esos momentos, buscamos con facilidad una respuesta rápida que nos ahorre el esfuerzo de elaborar la decisión, pero es clave dedicarle el tiempo que necesita, afrontarla y pedir apoyo, para poder ser agentes de nuestro propio camino”, explica. Por lo que es esencial “desarrollar planes de acción con metas a corto y medio plazo puede ser de gran ayuda”.
Grados más demandados
Los grados vinculados a la informática, a la salud -como Medicina o Enfermería-, a los negocios o a la educación y a la industria son los más demandados por los estudiantes universitarios, además de que muestran una elevada inserción laboral con más de un 80 % de empleabilidad.
Según el CYD los estudios con más titulados en los últimos cursos fueron:
- Educación Primaria
- Administración de Empresas
- Derecho
- Enfermería
- Educación Infantil
- Psicología
- Medicina
- Informática
- Fisioterapia
Carreras con mayores y menores tasas de abandono
Educación y salud son los ámbitos con las tasas de rendimiento más elevadas y los niveles más bajos de abandono, al ser titulaciones con un marcado carácter vocacional. Las menores tasas de abandono del estudio en primer año, por debajo del 10 % se concentran en Medicina, Veterinaria y Formación de docentes de Enseñanza Infantil.
En el otro extremo, informática figura entre los tres ámbitos con menores tasas de rendimiento y mayores tasas de abandono en primer año, junto con ingeniería, industria y construcción.
Los grados de ingeniería en España, que representan el 24 % del total de las titulaciones, se enfrentan al problema de que cada vez hay menos vocaciones, un alto abandono y más de la mitad no habilitan para ejercer, mientras que el mercado sigue demandando ingenieros ante el desafío de la Inteligencia Artificial y la digitalización, según el III Informe ‘Análisis de los estudios universitarios en Ingeniería’
