Consejos

¿Colecho o habitación propia para el niño?: preguntamos a Sol Carmona, experta en crianza respetuosa, qué es mejor

Un bebé durmiendo. Nothing Ahead/Pexels
Compartir

Podría parecer que no hay nada más antiguo que la crianza y, sin embargo, las percepciones sobre lo que se debe hacer y lo que no cambian de forma recurrente. Solo hay que pensar en cómo han variado las recomendaciones en educación para el sueño en las últimas décadas. Si a finales de los 90 se hablaba de mantener una firme disciplina para acostumbrar a los bebés a que se durmiesen solos, ahora se habla mucho más de cuestiones como el apego y la importancia de mantener a los más pequeños en la misma habitación que sus padres. El colecho es, de hecho, una estrella en las recomendaciones que se hacen en redes sociales.

¿Cómo duermen los bebés en España? Las estadísticas son un tanto limitadas. Un estudio publicado en 2020 en la 'Revista Pediatría Atención Primaria' habla de la existencia de una tasa de colecho del 34% en el primer mes de vida, que va bajando hasta el 26% al cumplir el año. Otro, publicado un año antes en la misma revista profesional, analiza patrones de sueño de criaturas de 4 años: el 51% de las niñas y niños de esa edad comparte habitación con sus hermanos y solo un 9,9% duerme con sus padres.

PUEDE INTERESARTE

Aun así, el estudio aporta otro dato muy interesante: el buen dormir de sus criaturas es un tema que preocupa a madres y pares. “Las dificultades para dormir de los niños son motivo de consulta frecuente en las consultas de Pediatría de Atención Primaria y generan angustia en los padres”, se lee. ¿Cuál es entonces la mejor práctica?

PUEDE INTERESARTE

¿Colecho o habitación propia?

“Lo que buscan las familias es un sí o un no”, responde Sol Carmona, educadora y divulgadora de Infancia Respetuosa. “Para mí lo importante es lo que viene bien a cada familia”, asegura. Venimos, confirma, de esos modelos obsesionados con que niños y niñas durmiesen solos. “No se tenían en cuenta las necesidades del niño o de la familia”, explica, y suma que la neurociencia ha dado la razón a quienes no acaban de ver ese método de forzar la soledad infantil en el proceso de dormir.

Carmona (que acaba de publicar ‘Quiéreme bonito’, sobre cómo reforzar la autoestima de niños y niñas) no habla necesariamente de colecho, sino también de compartir habitación. La clave está en comprender qué necesitan las criaturas y en cómo reforzar su sensación de seguridad. A ciertas edades “necesitan a su papá y a su mamá”, apunta la experta. “Lo natural es que los peques se sientan seguros a nuestro lado”.

A ello se podrían sumar otros beneficios, como los que desgrana en redes sociales la educadora Tania García. García defiende que es positivo para el sistema nervioso, para la consolidación del aprendizaje gracias a un sueño más reparador, para el buen desarrollo emocional o para reforzar la resiliencia.

Cómo hacer el cambio

Otra de las grandes preguntas que se hacen las familias es la de cómo, si se ha optado por ese modelo de dormir acompañado, hacer luego el cambio. Esto es, quieren saber cómo conseguir 'emancipar' el sueño infantil y qué proceso debe seguirse. Incluso, si llegar a cierta edad sin haberlo logrado es una alerta de que se están haciendo muy mal las cosas.

Carmona apunta que no hay edad límite. Como señala bromeando, no conoce a nadie de 18 años que duerma todavía con sus padres. E insiste: “Lo importante es lo que necesitamos como familia”. De hecho, si durante el proceso se encuentran ciertas tensiones (como que el niño se despierta y vuelve a la habitación de sus padres), no hay que preocuparse. No es un problema.

Por tanto, no hay un momento mágico ni una edad concreta en la que se deba hacer. Carmona lamenta que se haya olvidado la importancia de la intuición y también que se pierda de vista que “somos sus padres” y se conoce, así, muy bien a las criaturas. La receta que da esta experta pasa por “observar a nuestros hijos e intuición”. Cuando duerme bien, duerme tranquilo, cuando ha pasado la época de los terrores nocturnos (muy habitual a los tres años) y ya no se despierta por la noche es ese momento propicio.

A la hora de encaminar el proceso, hay que “elegir el momento y verlo como algo natural”. “Es una transición natural”, insiste. Por ello, hay que contárselo con alegría, como un hito. “En la medida que podemos involucrarlo, mejor”, recomienda la experta. Esto va desde elegir las sábanas o los cuentos que se leerán antes de dormir hasta a hacer una nueva rutina. “Que lo viva con curiosidad y con ganas”, señala. Y, sobre todo, en todo ese momento se debe dejarle claro al niño o niña que está seguro, “que siempre vamos a estar” y que esto es parte del proceso de crecer.