Política

María Jesús Montero y Susana Díaz: una estrecha relación que acabó en distanciamiento público

Susana Díaz y María Jesús Montero en un acto de campaña del PSOE
Susana Díaz y María Jesús Montero en un acto de campaña del PSOE. Europa Press
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Hay alianzas políticas que se construyen poco a poco, durante años, pero que se agrietan en cuestión de horas. La relación de María Jesús Montero y Susana Díaz es de ese tipo, con quince años de colaboración institucional, un momento bisagra en el que Montero eligió bando, y un distanciamiento progresivo que lleva a que mientras Díaz hace campaña por el PSOE andaluz en Huelva, Montero encabece los mítines principales, pero ninguna de las dos aparece junto a la otra.

Años de dependencia mutua

La relación comenzó por arriba: Susana Díaz tenía el poder y Montero lo gestionaba. Cuando Díaz accedió a la presidencia de la Junta de Andalucía en 2013, relevando a José Antonio Griñán, que ya presidía el partido desde 2010, se llevó consigo a Montero como punta de lanza económica. María Jesús Montero dirigió la Consejería de Hacienda y Administración Pública entre septiembre de 2013 y junio de 2018, en la etapa de Susana Díaz como presidenta de la Junta. 

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No era su primer cargo bajo presidentes socialistas andaluces: Montero llevaba en la Junta desde 2002, primero con Manuel Chaves y luego con Griñán. Pero fue con Díaz cuando alcanzó su posición de mayor peso político autonómico. En 2017, antes de que Pedro Sánchez derrotara a Susana Díaz, el nombre de Montero estaba marcado como sucesora de ésta al frente de la formación en la comunidad autónoma y en San Telmo.

Susana Díaz
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El Comité Federal de octubre de 2016

El momento en que la historia de ambas quedó más nítidamente entrelazada fue el Comité Federal del PSOE del 1 de octubre de 2016, la jornada de doce horas que terminó con la dimisión de Pedro Sánchez como secretario general. En la Comisión de Ética y Garantías, María Jesús Montero, Inés Ayala y Wilfredo Jurado apoyaban a Susana Díaz, mientras que la presidenta de la comisión, Isabel Celaá, y el secretario Félix Bolaños apoyaban a Pedro Sánchez. El bloque susanista ganó aquel pulso, y la propuesta de Sánchez fue rechazada por 132 votos frente a 107, con el líder anunciando su dimisión. 

La lealtad de Montero a Díaz ese día fue explícita e institucional. Montero llegó incluso a respaldarla en su candidatura a la Secretaría General del PSOE en 2017. Pero Sánchez ganó aquellas primarias el 21 de mayo de 2017 con el 50,2% de los votos frente a Díaz. El mapa de alianzas había cambiado de forma irreversible. 

La moción de censura de 2018 y el cruce de caminos

Junio de 2018 fue el punto de inflexión definitivo. Sánchez triunfó en la moción de censura contra Mariano Rajoy y formó Gobierno, nombrando ministra de Hacienda a Montero, y convirtiéndola en una de sus figuras prominentes. 

Este movimiento fue leído de formas distintas. Para unos, Sánchez incorporó a una figura del territorio de Díaz como gesto de integración; para otros, Montero optó por el bando ganador en el momento en que resultó evidente quién tenía el poder. Esto fue lo que marcó un distanciamiento progresivo entre ambas. 

Ese mismo mes de diciembre de 2018, Díaz ganó las elecciones andaluzas pero perdió el Gobierno de la Junta, desalojada por la alianza PP-Ciudadanos con apoyo externo de Vox. Sufrió así una histórica derrota que puso fin a 36 años de gobiernos socialistas en Andalucía. A partir de ese momento, sus caminos cambiaron de signo. Mientras Montero ascendía en Madrid, como portavoz del Gobierno en 2020, vicepresidenta cuarta en noviembre de 2023, vicepresidenta primera en diciembre de 2023, Díaz se quedaba fuera de la secretaría general del PSOE andaluz, de la mano de Juan Espadas, en las primarias de 2021, para después acabar como senadora por designación autonómica. 

María Jesús Montero en pleno mitin

En 2026, campaña en paralelo y acuerdo en la sombra

La expresidenta tiene hoy una presencia en la campaña andaluza de mayo de 2026 que se define por lo que evita tanto como por lo que hace. Susana Díaz vuelve a pisar la campaña electoral del PSOE en Andalucía de cara a las elecciones del 17 de mayo, aunque lo hace manteniendo las distancias con la candidata a la presidencia, María Jesús Montero. Su ausencia junto a Montero refleja que las tensiones internas no han desaparecido.

La geometría del acuerdo entre ambas es, sin embargo, más pragmática que rupturista. Pese a las distancias públicas, ambas dirigentes alcanzaron un acuerdo no escrito para garantizar la inclusión de candidatos del sector susanista en las listas del PSOE-A. Un entendimiento que ha permitido integrar a esa corriente sin que ninguna de las dos partes tuviera que ceder de forma explícita. 

Dos mujeres del mismo partido, del mismo barrio, con trayectorias cruzadas durante décadas, que comparten ahora el mismo interés electoral sin compartir escenario. La política andaluza tiene esa capacidad para convertir la alianza en distancia sin que nadie tenga que pronunciar la ruptura en voz alta.