Entrevistas

Una reconocida pedagoga Waldorf, sobre su revolucionario método para criar a lectores felices: "No hay que presionar si no están preparados"

Tamara Chubarovsky
Tamara Chubarovsky, creadora de un método para criar a lectores felices. Cedida por la autora.
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En una época en la que las familias reciben presiones constantes para que los niños aprendan, cada vez antes, a leer y escribir, Tamara Chubarovsky lanza una pregunta incómoda pero necesaria: ¿estamos ayudándolos realmente o estamos acelerando procesos para los que aún no están preparados? La reconocida pedagoga Waldorf, especialista en lenguaje y desarrollo infantil, propone una mirada más humana y esperanzadora sobre la lectoescritura, es decir, la habilidad y el proceso educativo mediante el cual se aprende a leer y escribir de forma simultánea.

A través de un recorrido que combina neurociencia, pedagogía, experiencia clínica y décadas de trabajo con niños, la autora desmonta en su nuevo libro, publicado por la editorial Bruguera, 'Jugar, leer, crecer', una de las creencias más extendidas de nuestro tiempo: que cuanto antes aprendan a leer, mejor será su desarrollo. Lejos de los métodos basados en la presión, las fichas y la sobreestimulación, Chubarovsky nos invita a descubrir que los verdaderos cimientos de la lectura se construyen mucho antes de que aparezcan las primeras letras. El movimiento, el juego libre, los cuentos, las canciones, las rimas, el contacto con la naturaleza y los vínculos afectivos son, según la autora, las herramientas más poderosas para preparar el cerebro infantil y despertar el deseo genuino de leer. Esto es lo que nos ha contado en una entrevista.

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Pregunta: Muchos padres y madres se sienten preocupados porque sus hijos no saben leer. De hecho, hay sobreinformación al respecto sobre la lectoescritura y cada escuela parece tener un método o sistema. ¿Qué les dirías?

Respuesta: Les diría que "no por mucho madrugar amanece más temprano"… En este caso, este refrán es más acertado que su antónimo, "al que madruga Dios le ayuda". Más que preocuparse por la lectura les diría que se ocupasen de que sus hijos adquieran las habilidades motrices, sensoriales y lingüísticas que facilitan la lectura. Y contarles muchos cuentos, para que amen las historias y los libros. 

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P: ¿Cuándo es recomendable que los niños empiecen a leer?

R: Lo recomendable es empezar a enseñarles formalmente a leer en primero de primaria. Entonces garantizamos que la mayoría logrará aprender con éxito y alegría. Hay niños que espontáneamente aprendan a leer en educación infantil y podemos acompañarlos. Pero que estos no marquen los tiempos “normales” y, por ello, presionemos al resto de niños. A su vez, el primer contacto con las letras es determinante. Recomiendo que los niños puedan vincularse afectivamente con cada una y facilitarles el puente entre su mundo imaginativo y la abstracción del símbolo. Podemos lograrlo a través de cuentos, dibujos y rimas que contengan la letra a enseñar. He creado mucho material basado en la Pedagogía Waldorf que hace que los niños se enamoren de las letras en vez de que les cojan manía. 

"Una excelente opción es en vez de obligar a leer, es proponer leer juntos"

P: ¿Cuáles son esas primeras lecturas que podemos ofrecerles?

R: Como primeras lecturas, recomiendo escoger textos conocidos, cuentos que les hayamos contado y rimas que se sepan de memoria. Esto genera una sensación de éxito motivante. Es mejor menos que más, y en un ambiente relajado y agradable, para que desde los comienzos vinculen la lectura con emociones positivas. Una excelente opción es en vez de obligar a leer, es proponer leer juntos. De esta forma se mantiene la cualidad afectiva de la lectura compartida, aunque ya sepan técnicamente leer. Porque que sepan leer no significa automáticamente que se transformen en lectores, ese es un largo camino que debemos acompañar amorosamente. 

A su vez, no enseñar a leer en infantil no significa que no vayamos preparando el camino. Una excelente forma de hacerlo es contándoles cuentos, cantando y recitando rimas. De esta forma afianzamos la discriminación auditiva, el vocabulario, la capacidad de representación mental y el amor por la palabra, los libros y las letras. 

P: ¿Qué pasa si empezamos a enseñarles demasiado pronto?

R: Cuando comenzamos demasiado pronto, aún no están disponibles para todos los niños las condiciones para que aprender a leer sea un proceso rápido y agradable. Falta capacidad de abstracción, integración hemisférica, memoria visual y un largo etcétera. Y esto trae consecuencias. Unos, aprenden mal, aprenden a ir por rutas secundarias y poco eficaces porque aún no estaban listas las autopistas. Esto no se nota cuando son pequeños, pero lo vemos cuando las tareas se complejizan en años superiores. 

Otros, aunque se esfuerzan muchísimo no logran cumplir los objetivos que se les exigen. Se frustran, se convencen de que leer es demasiado difícil y tedioso, que son tontos, que no son capaces. Les baja la autoestima, colapsan, suben los niveles de estrés y entran en un circuito negativo que dificulta aún más sus capacidades de aprender e impacta en su comportamiento y bienestar desde su más tierna infancia. Forzar a que hagan cosas para las que su cerebro, cuerpo y emociones no están preparados, conlleva consecuencias a nivel emocional, intelectual e incluso debilita el sistema inmune. E incluso tiene consecuencias para los que aparentemente lo sufren menos porque también ellos están perdiéndose tiempo de jugar, correr, saltar, reír..., es decir, tiempo para ser plenamente niños. 

P: “Mi hijo no distingue las vocales y las consonantes, y le cuesta decir las letras que le voy enseñando” es una de las preocupaciones de padres y madres. ¿Cuándo es habitual que esto ocurra y cuándo estamos detrás de un problema?

R: Es habitual que ocurra cuando empezamos la casa por el tejado, es decir, cuando empezamos a enseñar las letras antes de que esté completamente afianzado el lenguaje. El camino orgánico sería: escuchar, hablar, escribir y leer. Los niños necesitan, primero, escuchar, que se les hable aunque no contesten, contarles cuentos, cantarles, hacer juegos y rimas sonoras. De este modo van logrando distinguir auditivamente cada sonido (lo que llamamos la conciencia fonológica) y dar el siguiente paso que será hablar claramente diciendo todos los sonidos. 

Después, podrán dar el siguiente paso que es relacionar un sonido con una letra y viceversa. Si confunden las letras, y son menores de 6 años, entonces el problema no lo tiene el niño sino el sistema, que pretende que distinga las letras antes de distinguir los sonidos y antes de que estén maduras las áreas cerebrales encargadas de vincular aspectos visuales y auditivos.  

Si se trata de niños de primaria, entonces tenemos que volver a las bases: la conciencia fonológica y la buena pronunciación. Esto favorecerá que distingan las letras. Cuánto más mayores sean los niños, estaremos ante un problema más grande porque la lectoescritura no tiene “ventana crítica”, podemos aprenderla a cualquier edad. Sin embargo, los aspectos vinculados al habla tienen su ventana crítica hasta los 7 años y son especialmente sensibles en los primeros años de vida.

P: ¿Qué problemas suelen haber en el inicio de la lectoescritura?

R: Cuando inician la lectoescritura sin disponer de todas las habilidades necesarias es cuando surgen muchos problemas: invierten las letras, las confunden, las escriben aparentemente bien, pero realizando trazados no sistematizados, ni fluidos. Se cansan, empiezan a escribir con una mano y siguen con la otra, no logran mantener la postura y “se comen la hoja”, las letras les bailan y los ojos se cansan, pierden demasiada energía haciendo muecas, tensando en exceso las manos, etc. Y en esa marabunta, no queda energía disponible para estar atentos a lo que leen y escriben. Es desgastante, agotador y, encima, devastador, porque los resultados no son buenos.

P: ¿Qué puede ayudar a motivarles cuando esto ocurra?

R: La solución no es presionarles a leer y escribir más sino todo lo contrario, que vayan al parque, se muevan, se columpien, trepen, jueguen con las manos… Esto apoya las condiciones físicas para la lectoescritura: mejora la vista (foco y movilidad del ojo), la coordinación, la fuerza de la muñeca, la destreza para coger el lápiz, la tonicidad para mantener la postura… Además de favorecer la lateralización hemisférica y la orientación espacial, relacionada con la inversión de letras porque no todo es dislexia. La mejor manera de motivarlos es ayudándoles a adquirir estas habilidades a través de actividades lúdicas y agradables como mover su cuerpo, escuchar cuentos y hacer rimas. 

Y luego, escribir poquito y de forma multisensorial y jugando: adivinar letras en la espalda, en el aire, escribir en la tierra, con el pie, con la mano, modelar letras y leerlas con los ojos cerrados, etc. Estas propuestas, además de divertidas, son mucho más efectivas, porque cuanto más áreas del cerebro estén implicadas, más profundo será el aprendizaje. Por tanto, en vez de repetir y repetir fichas tediosas, podemos, por un lado dar espacio a actividades físicas, sensoriales y artísticas al margen de la lectoescritura y por el otro, hacer actividades de lectoescritura variadas, creativas y sensoriales. ¡Eso es muy motivante! 

P: ¿Qué dice la metodología Waldorf sobre la lectoescritura?

R: El objetivo de la etapa de educación infantil desde la Pedagogía Waldorf es apoyar el desarrollo afectivo, físico y sensorial de los niños, a través de adultos “dignos de ser imitados”, del juego libre, la interacción con los otros, el contacto con la naturaleza y actividades creativas. Eso sienta las bases de la salud corporal, el desarrollo emocional y neurobiológico que facilita los aprendizajes formales en el resto de etapas escolares. No solo facilita la lectoescritura sino también los buenos hábitos, el interés y la curiosidad, que llevaran a ser lectores y mucho más. 

En primero de primaria se enseñan las letras mayúsculas en un proceso multisensorial y artístico a través de cuentos y rimas que dura no más de tres meses. Los niños logran un acercamiento “afectivo” a las letras, en un aprendizaje que involucra cuerpo, corazón y mente. En los siguientes dos cursos escolares aprenden la minúscula y la cursiva. El proceso es lento pero seguro, inclusivo y divertido. No solo aprenden a leer (decodificar símbolos) sino también a disfrutar con la lectura, ya que se cuida mucho desde los inicios que leer esté vinculado a momentos agradables, exentos de presión y tensión.