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Cómo ayudar a los niños altamente sensibles en clase, según una psicóloga infantil: "Hay una situación que vemos muchísimo en consulta"

Una profesora hablando con una niña. Magnific
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Ni un trastorno, ni una enfermedad. La alta sensibilidad -que también se conoce como PAS, persona altamente sensible- es un rasgo de personalidad que sugiere que estas personas tiene un sistema nervioso más reactivo que el resto de la población. Según explica Manuela Pérez Chacón, psicóloga general sanitaria, doctora en psicología y presidenta de la Asociación Española de Profesionales de Alta Sensibilidad (PAS España), afecta en torno a un 20% de las personas, aunque otros estudios más recientes, entre ellos los de Michael Pluess de la Universidad Queen Mary de Londres, podría llegar al 30%. En este porcentaje se incluyen niños y adolescentes que viven la alta sensibilidad de una forma más silenciosa, ya que en muchos casos no es fácil detectar y comporta problemas en su desarrollo. Como subrayan muchos psicólogos, aunque ser PAS no es un trastorno, no ser acompañado como se precisa sí puede derivar en un trastorno a largo plazo. Por tanto, entender cómo son los niños altamente sensibles y saber cómo necesitan ser acompañados en la escuela es clave.

"Los niños altamente sensibles tienen una manera especialmente profunda e intensa de procesar la información y experimentar el mundo. No es que sean más débiles o inmaduros emocionalmente, sino que perciben y viven determinadas experiencias con mayor intensidad. Suelen ser niños muy observadores, reflexivos, empáticos, con una gran sensibilidad sensorial y emocional. Analizan mucho las situaciones, se hacen muchas preguntas y necesitan anticipar lo que va a suceder. También pueden mostrar perfeccionismo, autoexigencia y una tendencia a darle muchas vueltas a las cosas. En la adolescencia, estas características pueden hacerse especialmente evidentes en las relaciones sociales. Las críticas, los conflictos con amigos o el miedo al rechazo pueden afectarles profundamente". Quien habla es la psicóloga infantil Úrsula Perona, quien atiende desde hace años a muchas familias con hijos con alta sensibilidad en su centro de Alicante. Úrsula, además, acaba de publicar 'Los dones de los niños altamente sensibles' (Zenith, 2026), un libro que quiere ser una guía para padres que quieren convertir la alta sensibilidad en una fortaleza.

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Alta sensibilidad en la escuela

Tanto en la niñez como en la adolescencia ser PAS comprende una serie de retos. En general, son personas que a veces se comportan de forma inesperada debido a una sobrecarga de estimulación. Necesitan más tiempo de descanso mental para sentirse en forma, se dan cuenta fácilmente de cómo se sienten los demás, son más sensibles a determinados estímulos sensoriales, como luces, ruidos y olores, y por norma, son personas que suelen dar vueltas a las situaciones generando razonamientos reflexivos. Gracias a esta capacidad tienen más rapidez de pensamiento, aunque en ocasiones aparentan lo contrario debido al pensamiento analítico. En realidad, puede ser una gran ventaja en la vida y al mismo tiempo puede llevarle a sentirse diferente y no encajar. Mucho más en un entorno como el de la escuela donde, especialmente, los niños buscan encajar y formar parte del grupo.

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¿Cómo se traslada la alta sensibilidad a la escuela? Así nos lo explica la psicóloga Úrsula Perona: "La escuela es uno de los entornos donde más claramente puede manifestarse la alta sensibilidad. Pensemos en lo que supone pasar seis horas en un aula con veinticinco compañeros, ruido constante, exámenes, conflictos en el recreo y una enorme cantidad de estímulos que procesar. Para algunos niños altamente sensibles, todo esto supone un gran esfuerzo de adaptación y autorregulación. Hay una situación que vemos muchísimo en consulta: los profesores dicen que el niño se porta fenomenal, que es tranquilo y que no da ningún problema. Sin embargo, cuando llega a casa, aparecen los llantos, la irritabilidad o las explosiones emocionales".

Esto se produce porque ha estado conteniendo emociones, adaptándose y gestionando estímulos, pero cuando llega a su entorno seguro, se desborda porque llega emocionalmente agotado a casa. El trabajo de la persona que acompaña a estas familias es comprender qué hay detrás de esas conductas, identificar los factores que generan sobrecarga y enseñar estrategias de regulación emocional. Además, de trabajar la comunicación con el colegio. En este sentido no hay un colegio ideal para niños o adolescentes con alta sensibilidad, pero sí que los padres pueden observar el clima emocional de la escuela, eso les dará pistas si es un colegio adecuado o no para su hijo. Por ejemplo, saber cómo se gestionan los conflictos, qué medidas existen para prevenir el acoso escolar o cómo se atiende a un alumno que está pasando por un momento emocional difícil.

"Un colegio puede tener unas instalaciones extraordinarias y excelentes resultados, pero si un niño se siente constantemente juzgado o incomprendido, difícilmente podrá desarrollar todo su potencial. Y tampoco debemos pensar que estos niños necesitan colegios especiales o vivir en una burbuja. No necesitan una escuela que les evite todas las dificultades. Necesitan una escuela donde puedan sentirse seguros mientras aprenden a superarlas", expresa.

¿Qué barreras o dificultades se encuentran en el entorno escolar?

Una de las principales barreras es la incomprensión porque estos niños pueden recibir etiquetas como "llorón", "exagerado", "tímido" o "demasiado sensible". "Las etiquetas hacen mucho daño, porque los niños construyen buena parte de su identidad a partir de la mirada de los adultos. También pueden encontrar dificultades relacionadas con la sobreestimulación, el perfeccionismo y el miedo al error. Hay niños con muchísimas capacidades que apenas participan en clase porque temen equivocarse o sentirse expuestos delante de sus compañeros".

Después está toda la parte social, los niños altamente sensibles suelen vivir sus relaciones con mucha intensidad: pueden ser extraordinariamente empáticos y buenos amigos, pero también sufrir profundamente ante un conflicto, una crítica o una situación de rechazo. "Esto cobra especial importancia en la adolescencia, cuando la necesidad de pertenecer al grupo es tan intensa. A veces, detrás de un alumno que parece inseguro o poco participativo, hay un niño que está haciendo un esfuerzo enorme por gestionar todo lo que siente", subraya Úrsula a la web de Informativos Telecinco. Los profesores son, por lo tanto, una parte fundamental para que el niño o el adolescente se sienta acompañado en clase. Pueden hacer mucho por ellos, por ejemplo, cuidar las correcciones públicas, evitar las etiquetas, anticipar los cambios y respetar los diferentes tiempos de adaptación y participación.

"Por ejemplo, un niño que no levanta la mano no necesariamente desconoce la respuesta. Quizá necesita más tiempo para procesarla o tiene miedo a equivocarse. Eso no significa que no debamos exigirles o corregirlos, sino que podemos hacerlo de manera respetuosa, ayudándoles a desarrollar confianza en sus capacidades.También debemos reconocer la realidad del profesorado. Tenemos docentes muy comprometidos, pero con ratios elevadas y una enorme diversidad de necesidades dentro del aula. Necesitamos más formación y recursos educativos. Un buen profesor no es el que trata exactamente igual a todos sus alumnos, sino el que comprende que no todos necesitan lo mismo para aprender", añade.

"Mi primera recomendación es no minimizar sus preocupaciones. Frases como "no pasa nada" o "ya verás cómo haces amigos" pueden hacer que se sientan incomprendidos"

Cambio de escuela o instituto con alta sensibilidad: las recomendaciones

Un cambio de escuela o el inicio del instituto ya es para todos los alumnos complejo, pero con alta sensibilidad se puede convertir en un problema si no se sabe acompañar. Los primeros días pueden marcar lo que serán dinámicas a largo plazo, por ello conviene conocer cómo se debe actuar en estos casos. No solo supone para ellos adaptarse a un edificio nuevo sino que significa abandonar rutinas conocidas, despedirse de personas importantes y enfrentarse a un entorno lleno de incertidumbre. En esta tendencia que suelen tener a analizar con profundidad todas las situaciones puede llevarles a plantear escenarios negativos como "¿Y si no hago amigos?", "¿Y si no me adapto?", "¿Y si los demás no me aceptan?"...

"Mi primera recomendación es no minimizar sus preocupaciones. Frases como "no pasa nada" o "ya verás cómo haces amigos" pueden hacer que se sientan incomprendidos. Es preferible escucharles, validar sus emociones y ayudarles a distinguir entre lo que temen que ocurra y lo que realmente está sucediendo. También es importante anticipar el cambio, visitar el nuevo centro si es posible y respetar sus tiempos. Algunos niños necesitan observar y sentirse seguros antes de empezar a relacionarse con naturalidad", sugiere la psicóloga infantil. En este acompañamiento sí que puntualiza que hay que evitar la sobreprotección y resolver todas sus dificultades, ya que si lo hacemos evitamos que las afronten ellos mismos.

Si, por otro lugar, hablamos del inicio del instituto aquí es importante tener en cuenta otros aspectos ya que es una transición importante para cualquier adolescente, pero puede resultar especialmente exigente para uno altamente sensible. Cambian los profesores, los compañeros, las rutinas y, sobre todo, hay que encontrar nuestro lugar dentro de un grupo nuevo.

"Precisamente estoy trabajando con una adolescente altamente sensible que ha tenido que cambiar de instituto después de sufrir acoso escolar. Esta experiencia había afectado profundamente a su autoestima y a su confianza en los demás. Ante el cambio de centro, presentaba niveles muy elevados de estrés y ansiedad. Le preocupaba si conseguiría adaptarse, hacer amigos o si volvería a sufrir el rechazo que había vivido anteriormente. Su sufrimiento emocional había llegado a ser tan intenso que incluso había presentado conductas autolesivas. En terapia hemos trabajado especialmente la regulación emocional, el autoconcepto, la autoestima y las habilidades sociales. Y también algo fundamental: respetar los tiempos de adaptación".

Esta adolescente tenía tantas ganas de hacer amigos y sentirse aceptada que, en ocasiones, intentaba acelerar los vínculos y podía resultar demasiado intensa para los demás; mientras que otras veces ocurría justamente lo contrario, que por miedo a ser rechazada, se aislaba. Lo que ha trabajado Úrsula con la familia, en este caso, ha sido darle herramientas para que se relacione desde la seguridad y no desde el miedo, comprendiendo que las relaciones necesitan tiempo para construirse.

"Este caso refleja muy bien cómo una experiencia de acoso puede afectar profundamente a un adolescente. No debemos atribuir ese sufrimiento a su alta sensibilidad, aunque esta pueda influir en la manera de procesar lo vivido. Mi recomendación es anticipar los cambios, escuchar sus preocupaciones y respetar sus ritmos, sin caer en la sobreprotección. No podemos evitar que nuestros hijos sientan miedo ante lo desconocido, pero sí ayudarles a descubrir que son más capaces de lo que creen".