Los psicólogos explican por qué empezar el día consultando noticias negativas puede condicionar el estado de ánimo durante horas
Consultar noticias negativas nada más despertarse puede aumentar temporalmente la ansiedad, la preocupación y la percepción de amenaza durante la mañana
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MadridSuena el despertador, se apaga la alarma y antes de poner un pie en el suelo, llega el primer repaso del día: guerras, accidentes, crisis económicas, catástrofes, conflictos políticos y sucesos. Todo cabe en los pocos minutos que separan abrir los ojos a levantarse de la cama.
Consultar las noticias por la mañana no es necesariamente un mal hábito. Informarse forma parte de nuestra vida y evitar cualquier información negativa tampoco es algo realista. El problema llega cuando el primer contacto del día se convierte en una sucesión automática de titulares alarmantes y el usuario continúa desplazándose por la pantalla en busca de nuevas actualizaciones.
Un informativo de 14 minutos fue suficiente para aumentar la preocupación
Uno de los experimentos clásicos sobre este fenómeno fue realizado por Wendy Johnston y Grahan Davey. Los investigadores dividieron a los participantes en tres grupos y les mostraron durante 14 minutos un informativo compuesto por noticias negativas, positivas o emocionalmente neutras.
Quienes habían visto las noticias negativas terminaron más ansiosos y tristes. Pero apareció otro resultado especialmente interesante: también mostraron una mayor tendencia a catastrofizar sus propias preocupaciones personales, aunque estas no tuvieran relación directa con las noticias que acababan de ver.
Una preocupación cotidiana sobre el trabajo podía parecer más grave después de haber estado expuesto a comentarios negativos. Los autores relacionaron este efecto con la influencia del estado emocional sobre la manera en la que interpretamos nuestros propios problemas.
Las noticias no tiene que hablar de nuestra vida para afectarnos
Esto ayuda a entender por qué comenzar la mañana con malas noticias puede tener consecuencias que van más allá de esos titulares.
Un estudio realizado en situaciones cotidianas pidió a 63 personas que registraran cinco veces al día, durante diez jornadas, las noticias que habían consumido y cómo se sentían. Percibir las noticias como más negativas se relacionó con más emociones negativas y menos emociones positivas en la vida diaria. El efecto era especialmente intenso cuando el contenido se consideraba personalmente relevante.
Una noticia sobre la subida del coste de la vivienda puede pasar casi desapercibida para alguien, mientras que para otra persona que está intentando comprar una casa puede ser una fuente de preocupación bastante grande. Lo mismo pasa con las noticias relacionadas con el empleo, enfermedades, seguridad o economía. Cuanto más fácil es imaginar en qué podría afectarnos, mayor puede ser su impacto emocional.
¿De verdad dura toda la mañana?
Una investigación en la que los participantes vieron un informativo de diez minutos con noticias negativas, positivas o una combinación de ambas encontró que el contenido negativo aumentaba la ansiedad. Sin embargo, esas diferencias ya no se mantenían tres horas después. Además, ver el informativo a las ocho de la mañana o a las seis de la tarde no cambió significativamente el efecto.
Lo que sí puede prolongar el malestar es continuar alimentándolo. Después de leer una noticia preocupante se busca otra actualización, después otra opinión, luego las reacciones en redes sociales y finalmente contenidos relacionados. En lugar de una exposición breve, la persona entra en una especie de bucle de información negativa.
El cerebro presta especial atención a las amenazas
Parte de esta atracción tiene una explicación básica: la información negativa suele captar nuestra atención con facilidad. Desde un punto de vista adaptativo tiene sentido. Detectar rápidamente un peligro ha sido tradicionalmente más importante para la supervivencia que prestar la misma atención a acontecimientos neutros. Esto también significa que las noticias negativas pueden quedarse especialmente presentes.
Un experimento con 60 participantes comparó la lectura durante diez minutos de noticias reales negativas y neutras. Las noticias negativas no elevaron directamente el cortisol durante su lectura, pero las mujeres que habían estado expuestas a ellas mostraron posteriormente una mayor respuesta de cortisol ante una prueba de estrés y recordaron mejor aquellas noticias al día siguiente. El efecto fisiológico no apareció de la misma forma en los hombres.
Las grandes crisis muestran el riesgo de consumir información sin límite
El efecto también se ha observado durante acontecimientos traumáticos. Después del atentado de la maratón de Boston en 2013, investigadores estadounidenses estudiaron la relación entre la exposición mediática y las respuestas de estrés. Las personas que consumieron seis horas o más de cobertura relacionada con el atentado presentaron síntomas de estrés agudo más elevados que quienes tuvieron una exposición mediática menor.
Aquello no significa que mantenerse informado fuera perjudicial en sí mismo. La diferencia estaba en la cantidad de exposición repetida a imágenes e información traumática.
Durante una crisis, consultar continuamente nuevas actualizaciones puede proporcionar una falsa sensación de control: parece que saber más permitirá anticiparse a lo que pase. Pero, cuando apenas existe información nueva, el resultado puede ser simplemente repetir una y otra vez los mismos estímulos negativos.
Una estrategia mucho más realista es decidir cuándo y cómo informarse, en lugar de permitir que las noticias sean lo primero que aparece cada vez que se desbloquea el teléfono. Se puede haber esperado a después de desayunar para revisar titulares, escoger uno o dos medios fiables y reservar un periodo concreto para informarse.
