El retorno de Clara Ponsatí pone a prueba la reforma penal de Sánchez que derogó la sedición
Su regreso reaviva el debate sobre la derogación de la sedición y la reforma de la malversación a dos meses de las elecciones
Puigdemont no seguirá sus pasos porque a diferencia de Ponsatí, él sí se enfrenta a una pena de cárcel de hasta 12 años
Clara Ponsatí, la economista y exconsellera catalana de Educación que vuelve a España procesada por desobediencia
MadridEn coche, por la AP-7 y exactamente dos meses antes de las elecciones municipales, la exconsellera catalana de Educación, Clara Ponsatí, ha vuelto a Barcelona. Ella se ha convertido en la primera de los políticos fugados que regresa tras la derogación de la sedición, hace dos meses y medio, mediante un reforma que cambió totalmente las perspectivas de futuro de la exconsellera de Educación catalana.
Ponsatí, que estaba procesada por sedición, pasó a quedar reclamada por un delito mucho más leve, desobediencia. Es decir, pasa de una posible de pena unos diez años de cárcel, a enfrentarse un delito que puede acarrearle una multa y una inhabilitación.
Su retorno pone a prueba dos cosas: por un lado, hay qué ver el efecto de su cambio de situación entre la ciudadanía, convocada a votar el 28 de mayo; por otra parte, examina la validez de las órdenes de busca y captura nacionales emitidas por el juez Llarena y que a diferencia de las europeas siguen vigentes.
Al volver sin presentarse ante la justicia, se ha puesto en marcha el protocolo de detención en virtud de la orden del magistrado instructor del Supremo. Al grito de "detención ilegal", la exconsellera ha sido conducida a un juzgado de guardia para que se le comunicara el procesamiento. La ilegalidad que denunciaba Ponsatí alude a la inmunidad que tiene en Europa como diputada del Parlamento de la UE, que según la tesis del Supremo no le vale en territorio español.
¿Y ahora, qué?
Ponsatí tendrá que declarar ante el juez Pablo Llarena, que previsiblemente la dejará en libertad a la espera de juicio, porque el delito del que se le acusa no está penado con cárcel, sino con inhabilitación y desobediencia.
Su regreso, en cualquier caso, no parece señalar el camino a Carles Puigdemont, Toni Comín y Lluis Puig. Los tres se enfrentan a delitos de desobediencia y de malversación agravada, que podría acarrearles al menos siete años de cárcel, es decir, nada que ver. Los propios Puigdemont y Comín, eurodiputados como ella, apuntaban desde Bruselas este martes que su situación procesal es muy distinta a la de su compañera de escaño.
Para volver, de hecho, ella ha esperado a la confirmación de su procesamiento por desobediencia la semana pasada. Cabía la posibilidad de que el juez Llarena cambiara su acusación y la adecuara al criterio del tribunal del procés, que entiende que a Junqueras y al resto de condenados se les puede imputar un delito de desórdenes públicos agravados. Sin embargo, Llarena no siguió esa pauta y al confirmar los autos de procesamiento, el 21 de marzo, mantuvo la desobediencia. Así se despejó el camino para el regreso.