Análisis

Un diálogo sobre el poder: Pablo Iglesias frente a Juan Luis Cebrián

  • Iglesias arremete contra el poder no salido de las urnas y Cebrián alerta del deterioro institucional

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MadridEl duelo prometía. Pablo Iglesias frente a Juan Luis Cebrián. El político que puso patas arriba el bipartidismo y prometió acabar con el “régimen del 78” frente al periodista que vivió en los engranajes de la Transición y convirtió El País en el diario de referencia de la nueva democracia española. El más furibundo crítico de la casta frente al expoderoso directivo mediático, a quien el propio Iglesias colocó en su Tramabús como rostro de los poderes fácticos.

Duelo inédito e insólito. Público de mediana edad, lectores de El País de toda la vida, sí, pero más inclinados a Iglesias que a Cebrian. "Que tú digas eso, Juan Luis, que tú digas eso...", murmuraba alguno en las filas de atrás según avanzaba la confrontación. No ha venido a arroparle ni un directivo de PRISA, el grupo mediático en el que reinó durante más de 40 años.

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Un duelo que había obligado a Íñigo Errejón a cambiar el lugar de presentación de su nuevo candidatura a las elecciones generales para no no cruzarse con su antiguo compañero y ahora rival. Iglesias ni lo ha mencionado. más allá de una reflexión al vuelo sobre la moda de "hablar de buen rollo en política" cuando le han preguntado sobre si su presunta mala relación con Pedro Sánchez había llevado al fracaso de la investidura. "Eso forma parte de la máquina de la despolitización", ha añadido. "Parece que esto va de tener empatía". Un intento, según el líder de Podemos, de reducir el conflicto de intereses sociales a una cuestión de relaciones personales.

Iglesias y Cebrián han empezado reservones, sin apenas mirarse a la cara, presentando la novela que les reunía: Cal viva de Daniel Serrano, la crónica de un conflicto generacional entre un padre -que pasó de la extrema izquierda antifranquista al acomodo ministerial en los dulces años del felipismo- y su hijo -que le reprocha el abandono de sus ideales revolucionarios y el escaso espacio que la generación de la Transición ha dejado a los que venían por detrás y querían ser protagonistas de su propia historia.

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Dos generaciones. Juan Luis Cebrián iba para 34 años cuando nació Pablo Iglesias. Hacía dos años que dirigía El País y, por aquel entonces, su periódico adelantaba en exclusiva los borradores de la Constitución que hace no tanto Iglesias calificaba como el "candado del 78".

Si Pablo Iglesias fuera hijo de Juan Luis Cebrián…

Dos generaciones, pero ni uno ni otro se han identificado con los personajes del libro: Iglesias por ser hijo de un militante antifranquista que nunca cambió sus ideas por un cargo oficial y Juan Luis Cebrián, por venir de una familia de vencedores. No obstante, la sala del Círculo de Bellas Artes de Madrid se ha impregnado por momentos del aire del adosado de Aravaca en el que hijo y padre de la novela cruzan justificaciones y reproches a propósito del poder y la Transición.

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Pablo Iglesias no ha perdido la oportunidad de decirle a la cara a Cebrián aquello de que “los dueños de los grandes medios de comunicación, las grandes empresas, las eléctricas y los banqueros tienen más poder que los políticos”. Alusiones a las que un Cebrián, ya retirado de cualquier cúpula de poder mediático, respondía con cierto desdén y apuntaba a la ingenuidad de su interlocutor: "El poder funciona así en todas partes".

Con el sistema electoral español, esto sólo funciona con un Gobierno de coalición (Juan Luis Cebrián).

Al fundador de El País -“estoy muy de acuerdo con los análisis de Podemos, pero discrepo de algunas de sus soluciones”- lo que le preocupa es el deterioro de las instituciones. Por eso, ha dicho, se pronunció hace unas semanas a favor de un Gobierno de coalición PSOE-Podemos en un artículo que sorprendió a propios y extraños. Con el sistema electoral español, "ahora mismo esto sólo funciona con un Gobierno de coalición. La democracia no se resuelve con el diálogo sino con el pacto. Si no funciona la institucionalidad democrática, todo el sistema se viene abajo”.

En estos años he aprendido que en este país el poder no respeta las instituciones (Pablo Iglesias).

Réplica de Iglesias: “Tengo la sensación de que el poder respeta la institucionalidad en España cuando sale lo que el poder quiere”. A modo de prueba, el líder de Podemos ha sacado a relucir la campaña de “las cloacas” contra su persona y su formación: “En estos años he aprendido que en este país el poder no respeta las instituciones; cuando decimos que la ley se tiene que aplicar hacia arriba, entonces una parte de este país dice que no. El objetivo no ha sido incorporar a Podemos al sistema sino destruirlo”.

Estoy de acuerdo contigo sobre el poder”, ha continuado Cebrián para, recogido el guante, sacudir al presidente en funciones, Pedro Sánchez y a su portavoz de Gobierno “por hacer campaña electoral desde la Moncloa, eso se carga la institucionalidad”. Tampoco se ha librado de un mandoble la presidenta socialista del Congreso por no tomar un papel activo en la negociación de la investidura y limitarse a ser una mera "una secretaria de actas".

Y en cuanto a las cloacas, -“Si las instituciones funcionan, podemos luchar contra las cloacas del Estado”- ha recordado con cierta condescendencia aquellos tiempos en los que él, aún periodista, era víctima de las cloacas: “Me acusaron de ser espía del KGB. Y entonces el KGB se interesó por mí”. En el informe el servicio secreto soviético dejó claro que no podía ser espía, porque era “un burguesito liberal”. En eso, según sus propias palabras, sigue siendo el mismo.