Sexología

Mónica Branni, sexóloga: "Es más que natural tener sueños eróticos con personas que no son nuestra pareja"

Mónica Branni, sexóloga.. Julia Ramiro Martín
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¿Qué es lo que más nos preocupa a los españoles en materia de sexo? ¿Estamos realmente satisfechos? ¿Qué inseguridades son las más comunes cuando hablamos de sexo en pareja? Uno de los últimos estudios sobre sexualidad publicado por el CIS, en febrero de 2025, arroja algo de luz sobre estos y otros asuntos sobre relaciones sexuales y de pareja. El 63,1% de los encuestados reconoce que es “muy importante o bastante importante” tener pareja para tener una vida satisfactoria, mientras que el 34% cree que es “poco o nada importante” tener pareja. En el caso de los jóvenes entre 18 y 24 años, consideran que es “poco o nada importante” el 49,6 %. Y un dato bastante relevante: el 76,9 % de los encuestados considera importante tener relaciones sexuales para una vida satisfactoria. Sin embargo, a pesar de que para la mayoría sea importante el sexo sabemos poco de él y también del placer, sobre todo, si hablamos del sexo femenino.

El sexo que conocemos está lleno de mitos y tabúes, de aprendizajes erróneos -por culpa en gran medida de la pornografía que se consume, que es cada vez mayor-, pero todos sabemos el sexo en pareja no es ficción y que requiere de escucha y de entendimiento para que ambos disfruten. Para salir de los moldes, necesitamos más información como la que brindan psicólogas y divulgadoras como Mónica Branni, que acaba de publicar su primer libro '¡Mujeres al placer!' (Esfera de los libros, 2026), una obra que con ejemplos prácticos y casos reales nos ayuda a construir una nueva idea de sexo, más realista y sana, para vivir la sexualidad con libertar. Charlamos con ella sobre deseo, sueños eróticos y mucho más.

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Pregunta: ¿Cuáles son aquellas inseguridades que se ven más en cuanto al sexo en consulta por parte de las parejas?

Respuesta: La consulta sexual y de pareja es un espacio de cambio poderoso, en el que afloran vulnerabilidades y oportunidades de crecimiento increíbles. Las inseguridades que se manifiestan con más frecuencia tienen que ver con la creencia de no ser suficientes en la cama, asimismo con el miedo de no resultar suficientemente atractivas para nuestras parejas (especialmente si tienen bajo deseo sexual). Las parejas que tienen una comunicación sexual más abierta suelen tener más facilidad a la hora de comunicar necesidades, gustos y fragilidades, reduciendo significativamente el impacto de los problemas, afrontándolos como un aspecto más dentro de la intimidad compartida. En estas parejas el sexo es una actividad vincular y conectiva, capaz de crear complicidad y cercanía emocional.

Sin embargo, las parejas que viven la sexualidad como una forma de validación, de actividad para mantener la permanencia en la relación o emocionalmente desconectada, suelen reportar más inseguridades y problemas dentro de la cama: la falta de deseo de una de las dos personas se vive como un rechazo, una de las dos personas presta menos atención a las necesidades de la otra, el sexo se carga de responsabilidad para el equilibrio del vínculo y un largo etcétera.

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P: ¿Siempre hay que acudir a una sexóloga/o cuando hay problemas para mantener relaciones?

R: Es importante entender que, a diferencia de muchísimas disciplinas, el sexo ha estado impregnado de mitos, creencias populares, tabúes y prejuicios que han diseñado la arquitecturas de nuestra sexualidad: es por eso que convivimos con miedos, inseguridades, comparaciones absurdas y, cuando por fin acudimos a consultas profesionales, sentimos alivio casi de inmediato al saber que nuestras expectativas sobre el sexo no corresponden con la evidencia científica.

P: ¿Qué es aquello que tú consideras que es determinante para hacerlo?

R: Igual que no todo el mundo necesariamente debe acudir a psicoterapia, aunque sí podría ayudar potencialmente a todo el mundo, con la consulta sexual y de pareja pasa lo mismo: si el sexo está siendo una esfera emocionalmente estresante en lugar que lúdica y relajante, y/o está generando distancias y conflictos en la relación, acudir a sesiones con profesionales podría ser una excelente estrategia. Al revés también, si la relación de pareja está dificultando una vivencia sana y satisfactoria del sexo, el soporte sexológico puede ser la herramienta más sensata. Las profesionales de la salud sexual somos recursos para conseguir mejor bienestar emocional y sexual, tanto en pareja como a solas. Por eso es recomendable acudir a expertas, especialmente cuando la esfera íntima conlleva malestar, y no a fuentes mediáticas y sin soporte científico.

P: En tu libro hablas de los sueños eróticos. ¿Qué podemos interpretar de ellos? 

R: Los sueños eróticos, igual que cualquier otro tipo de sueño, son producto de la actividad neural en las fases REM del sueño. Eso significa que el cerebro, en fases específicas del sueño, tiene muchísima actividad y mezcla información del ambiente, emociones, recuerdos y, de forma, más o menos lógica, produce lo que llamamos “sueños”. Algunos de ellos tienen carga erótica e, incluso, nos pueden excitar y producir orgasmos. Y, aunque se haya especulado muchísimo acerca de los significados de los sueños “húmedos”, lo cierto es que a nivel científico no hay interpretaciones y significados más allá de ser un producto natural de nuestra mente en reposo.

"Si el sexo está siendo una esfera emocionalmente estresante en lugar que lúdica y relajante, y/o está generando distancias y conflictos en la relación, acudir a sesiones con profesionales podría ser una excelente estrategia"

P: ¿Es normal tener sueños eróticos con personas que no son tu pareja? ¿Qué ocurre cuando es algo habitual?

R: Sí, es más que natural tener sueños eróticos con personas que no son nuestra pareja, incluso de forma recurrente. Igual que es completamente natural pensar, recordar y fantasear con personas fuera de nuestro vínculo: nuestro flujo de pensamiento no siempre va de la mano de nuestras emociones ni, mucho menos, de las decisiones que tomamos en nuestra vida. 

Decidir estar con una persona, planear un futuro con ella, quererla, no nos exime de la posibilidad de pensar en alguien; nuestra cabeza sencillamente hace aquello por lo cual está programada: pensar, crear narrativas, imaginar posibilidades, pero quienes tenemos agencia sobre lo que hacemos con nuestra vida y las decisiones activas que tomamos, somos nosotras.

P: ¿Cuáles son los sueños eróticos más frecuentes?

R: Las investigaciones sobre sueños eróticos muestran que las fantasías y sueños de contenido sexual se repiten en torno a unos ejes bastante reconocibles y, en muchos casos, cotidianos. Lejos de ser extravagantes, la mayoría giran alrededor de:

  • Encuentros con personas cercanas o conocidas, donde se mezclan intimidad, confianza y atracción.
  • Situaciones de seducción y deseo mutuo, más centradas en la tensión previa que en el acto en sí.
  • Escenarios cotidianos transformados en espacios íntimos: el hogar, la ducha, una habitación, un viaje.
  • Historias de conexión emocional que derivan en cercanía física.
  • Fantasías de ser deseada, admirada o elegida.
  • Elementos sensoriales simples (colores, texturas, ambientes) que construyen una atmósfera sugerente.
  • Dinámicas de iniciativa y respuesta, donde una persona toma el control y la otra se deja llevar.

En conjunto, estos patrones revelan que los sueños no suelen ser extremos ni ajenos a la vida diaria: se apoyan en relaciones, espacios y emociones experimentados en la vigilia, reinterpretados desde el deseo, la curiosidad y la necesidad de conexión o, sencillamente, desde la aleatoriedad.

"Fingir orgasmos no es el problema en sí, sino lo que permite que aflore: dificultades para comunicar el deseo, para poner límites o para sentirse con derecho al placer"

P: ¿Qué función cumplen en nuestro cuerpo? Como dices sí se puede experimentar un orgasmo en ellos...

R: Los sueños eróticos cumplen varias funciones psicológicas y fisiológicas. Por un lado, forman parte del procesamiento normal de emociones, deseos y experiencias: el cerebro integra recuerdos, curiosidades, vínculos afectivos y sensaciones corporales en forma de escenas simbólicas. No son “mensajes ocultos” literales, sino una manera de explorar intimidad, identidad y conexión sin las restricciones de la vigilia y de forma creativa a través de la actividad del cerebro. También pueden contribuir al bienestar emocional, aliviar tensiones y reforzar la autoestima al situarnos como deseados o deseantes sin exponernos a situaciones de vida tangibles.

En el plano corporal, estos sueños están vinculados a los ciclos naturales del sueño, especialmente a las fases REM, en la que aumenta la activación cerebral y la respuesta fisiológica. Por eso es posible experimentar excitación física real mientras se sueña. Y finalmente, sí, se puede llegar al orgasmo durante un sueño erótico. Ocurre en personas de todas las edades y géneros y es un fenómeno completamente normal, explorado ampliamente en literatura científica.

No requiere estímulo externo: el propio cerebro, al generar la experiencia onírica, puede activar las mismas respuestas que en la vigilia. Lejos de ser algo extraño, es una manifestación natural de cómo mente y cuerpo siguen conectados incluso mientras dormimos.

P: Hablemos de placer en las mujeres. ¿Cómo hay que entender el placer femenino?

R: El placer femenino no puede entenderse como algo uniforme, en común a todas las personas con vulva. No responde a una “fórmula” única, porque depende de factores físicos, emocionales, culturales y relacionales completamente únicos, pertenecientes a la fisiología y a la historia de vida de cada una.

A diferencia de lo que se suele creer desde hace siglos, el placer, tanto en mujeres como en hombres, está más vinculado al contexto que al contacto físico per sé: sentirse segura, escuchada, deseada, libre de juicios y conectada con la otra persona (o consigo misma) es tan importante como la estimulación física y genital.

Biológicamente, el principal órgano del placer es el clítoris, una estructura mucho más extensa de lo que se suele pensar y diseñada casi exclusivamente para generar placer. Sin embargo, reducir la experiencia femenina a un punto concreto es empobrecerla ya que el deseo y la satisfacción sexual se construyen a través de una combinación de atención y presencia, comunicación clara de lo que gusta y lo que no, ritmo, tiempo y ausencia de presión por “llegar” a un resultado esperado, vínculo humano y sensación de ser valorada por la otra persona, capacidad de la propia mujer para conocerse y permitirse sentir sin tapujos.

P: ¿Qué es aquello que genera más placer a la mujer, según tu experiencia en consulta?

R: En la práctica clínica, lo que más aparece como fuente de placer no es una técnica concreta, sino la experiencia de ser escuchada y validada en el terreno íntimo. Muchas mujeres descubren que disfrutan más cuando dejan de sentir que deben cumplir expectativas ajenas y empiezan a explorar desde la curiosidad y la autonomía, sabiendo que no serán juzgadas por su forma de sentir ni por sus necesidades. De todas formas, el mayor potenciador del placer femenino suele ser, paradójicamente, algo nada que ver con lo físico: la posibilidad de habitar el deseo sin culpa, sin prisas y sin miedo.

P: Cuando una mujer no tiene placer, puede llegar a fingir los orgasmos. ¿Cómo es esto puede significar un problema para la pareja?

R: Fingir un orgasmo suele ser una estrategia de adaptación, no un engaño malintencionado, aunque acabe generando culpa e inseguridades en quien lo hace y quien lo recibe. Muchas mujeres lo hacen para evitar incomodar, para proteger la autoestima de la pareja, para “cerrar” el encuentro cuando están cansadas o, simplemente, porque han aprendido que se espera de ellas una respuesta concreta. En ese sentido, suele nacer más del miedo a decepcionar que de la falta de deseo.

El problema aparece cuando se convierte en un patrón estable y la única forma para entrar y salir del encuentro sexual compartido. Si una mujer finge de forma habitual, la pareja recibe una información distorsionada: cree que algo funciona cuando en realidad no lo hace. Eso impide ajustar ritmos, formas de estimulación o incluso hablar de lo que falta sin miedo: impide, en definitiva, aprender de la otra persona y crear un conjunto de prácticas de placer único y funcional para la pareja. A largo plazo puede generar distancia emocional, frustración y la sensación de que la intimidad es un trámite donde “actuar” en vez de ser auténtica.

P: ¿Lo sueles ver mucho en consulta o cada vez menos?

R: En consulta sigue siendo un tema muy frecuente, no tanto como antes, pero sigue apareciendo con regularidad. Lo que sí ha cambiado es la conciencia: cada vez más mujeres llegan sabiendo que fingir no les ayuda y queriendo aprender a expresar lo que sienten y necesitan. También se observa mayor disposición de las parejas a hablar del tema sin vivirlo como un ataque personal, sino como un punto de partida a través del cual crecer conjuntamente como equipo. En el fondo, fingir orgasmos no es el problema en sí, sino lo que permite que aflore: dificultades para comunicar el deseo, para poner límites o para sentirse con derecho al placer. 

P: ¿En qué momento de la vida de la mujer la falta de deseo sexual es más habitual?

R: La falta de deseo sexual en las mujeres es bastante transversal a muchos momentos de su vida, aunque puede aparecer con más frecuencia en algunos períodos más que en otros. Uno de ellos es intuitivo: la maternidad y los primeros años de crianza, donde el cansancio, los cambios hormonales, la falta de sueño y la atención constante a los hijos hacen que el deseo quede en un segundo plano. Otro momento es la perimenopausia y la menopausia, cuando la caída de estrógenos puede provocar sequedad vaginal, cambios en la sensibilidad y alteraciones en la energía sexual. También puede surgir en etapas de estrés intenso, enfermedades crónicas o situaciones emocionales complicadas.

Aun así, hay ocasiones donde la vida tiene un decurso aparentemente normal y el deseo baja, como puede ser con el inicio de una relación sana habiendo tenido un histórico de relaciones disfuncionales, en la que el deseo alto es síntoma de una urgencia en generar permanencia en el vínculo y una forma de sentirse queridas; por otro lado, una asimetría en los roles domésticos o una actitud controladora de la pareja puede alterar los equilibrios emocionales en la relación, que acaba reflejándose en la estima y en el deseo. Finalmente, la falta de placer en las relaciones sexuales, acaba disminuyendo la motivación hacia los encuentros sexuales puesto que, una actividad que no se disfruta tanto, acaba interesando menos.

P: ¿Cómo podemos revertirlo o mejorarlo? Supongo que dependerá de cada caso, pero aproximadamente...

R: Mejorar el deseo sexual pasa por un enfoque integral. Es clave entender que no es solo cuestión de “querer tener ganas”, sino de reconectar con el propio cuerpo, con las emociones y con la intimidad de la pareja. Pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia: cuidar los tiempos de descanso, permitir espacios de placer propio sin presiones, explorar la sexualidad sin expectativas rígidas, reconectar con la pareja desde lo emocional y cuidar los momentos de ocio, hablar abierta y sinceramente con la pareja sobre lo que gusta y lo que no. En algunos casos, la orientación profesional, ya sea médica o sexológica, ayuda a identificar factores hormonales, emocionales o relacionales que limitan el deseo y a implementar estrategias personalizadas.

En definitiva, las oscilaciones de deseo suelen ser una parte natural de la vivencia humana y son síntomas de circunstancias que estamos atravesando en nuestra vida, igual que pasa con nuestro estado anímico. Es importante saber que no es algo permanente y que tiene muchísimo margen de mejora y disfrute.