Psicología

Romper con una madre, un paso difícil de dar todavía: "Es complicadísimo aunque el conflicto esté claro, genera mucha culpa"

Una escena de la película 'Lady bird'. A24
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Se asume que la familia es siempre el espacio más seguro, el entorno en el que siempre se podrá encontrar refugio y las personas que siempre te apoyarán y te querrán. Y, sin embargo, esa no es la realidad para todo el mundo. Por ello, no solo se está desmitificando cada vez más a la familia, sino que también es más habitual que algunas personas decidan romper relaciones con ese entorno. Romper con los padres se ha convertido en algo progresivamente más común.

Un análisis de la Universitat Oberta de Catalunya recuerda que el ‘divorcio de familia’ es ya una tendencia al alza en países como Estados Unidos (donde una de cada cuatro personas ha roto relaciones con algún familiar) o Reino Unido (una de cada cinco). Como lo define Enric Soler, psicólogo y profesor de la UOC, es “una fractura que afecta a la sociedad y que se expande en silencio”. Pero ¿qué ocurre cuando la ruptura es con una madre?

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Divorciarse de una madre

El tema ha sido un tanto tabú durante décadas, porque la figura de la madre ha sido tradicionalmente idealizada. Al fin y al cabo, ahí están las frases que se repiten una y otra vez como la de que “nadie te querrá como una madre”.

Algunos casos famosos (como el de Sofía Suescun y Maite Galdeano) han hecho más visibles las tensiones entre madres e hijas y el impacto que esto puede tener en la salud mental de las segundas. También han abordado el tema algunos ensayos recientes, y muy leídos, como ‘Las abandonadoras’ de Begoña Gómez Urzaiz (Destino) o ‘Las hijas horribles’ de Blanca Lacasa (Libros del K.O.), que se plantean cómo estas relaciones pueden ser imperfectas. Esto ha hecho a su vez más sencillo comprender que una madre no tiene que ser necesariamente una fuerza positiva en la propia vida y que puede convertirse en una relación tóxica.

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“Una cosa es que te lleves mal o bien con tu madre, otra cosa es cuando hablamos de algo tóxico”, apunta al otro lado del teléfono la psicóloga Raquel Huéscar, miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. “La madre suele ser el primer objeto de amor o la primera persona que te cuida, de la que dependemos y que te enseña el mundo y a ti mismo”, indica. “Es donde se colocan las primeras experiencias de satisfacción, de cuidado y de amor, pero es también una relación marcada por la ambivalencia, como todas las relaciones amorosas”, señala. Sentir amor, pero también en ocasiones frustración o hartazgo es, por tanto, muy normal. Que tu madre te saque de quicio alguna que otra vez es parte de la vida misma.

Sin embargo, no es de eso de lo que se trata en el contexto de la ruptura familiar. “Cuando las dosis de ambivalencia son tolerables, hablamos de una relación sana. La madre perfecta, la que todo lo colma, no existe, aunque en la infancia se tienda a idealizar a los padres”, señala Huéscar. La relación tóxica (aunque, como apunta la experta, en psicología no se usa ese término) es la que llega cuando “no puede sostener, no puede cuidar o no deja separarse”. Son relaciones de maltrato físico o emocional, o aquellas en las que la propia frustración se descarga en sus hijos e hijas. Las razones por las que puede ocurrir esto son variadas, pero el resultado es el mismo.

Huéscar también suma otra “parte muy importante, las relaciones controladoras”. Son las de “personas que no dejan separarse a sus hijos, porque los hijos deben cumplir sus sueños y deseos, ser parte de uno mismo”. La psicóloga apunta que todos los padres y madres tienen “un poco de esto”, así que aquí la cuestión va en el grado.

Romper no es sencillo. “Es dificilísimo desvincularse de una madre por más que el conflicto esté muy claro”, confirma la experta. El vínculo emocional establecido “es muy difícil de romper y genera mucha culpa”. Puede que sepas que te están haciendo daño, que lo veas, pero la culpa por poner fin a esa relación o establecer límites es muy elevada. Igualmente, las relaciones no solo cuentan con cosas malas.

Al tiempo, a nivel social cuesta comprender muchas veces este tipo de decisiones.

Cómo romper con una madre

Desde dentro, también se tiende a buscar racionamientos para justificar qué ocurre. Por eso, el primer paso que Huéscar recomienda para romper estas relaciones es “reconocer el daño”. Y “aceptar que romper es difícil, porque las relaciones cercanas tienen mucha ambivalencia”. Luego, hay que “elaborar el duelo”. Este no es solo por lo que se ha perdido de forma real, sino también por “la fantasía de la familia ideal”.

'Divorciarse' de una madre no siempre implica una ruptura total. “A veces debe ser un límite más radical y otras se quiere seguir estando, pero de otra manera”, señala. Ahí se debe “legitimar ese lugar”, marcando límites y encontrando el espacio que funciona a cada quien.