Los beneficios de entrenar el cerebro, según la neurocientífica Ana Ibáñez: "Te gustan más tu pensamientos"

La incertidumbre en la que vivimos lleva a que el cerebro esté siempre alerta, por lo que necesitamos enseñarle a ser flexible
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El equipo de la neurocientífica Ana Ibáñez empezó a tratar a una traumatóloga. Era una profesional brillante, pero estaba “atrapada en una ansiedad que la devoraba”. Le costaba respirar, le dolía la cabeza y sentía opresión en el estómago. Sus ondas cerebrales mostraban aquellas que se conectan con el estrés y el agotamiento. Como escribe Ibáñez en ‘Neurociencia para la vida real’, vivir sin ansiedad se había convertido para esta mujer en algo que parecía inalcanzable. Es una situación en la que muchas personas se reconocerán. El cerebro ha entrado en un bucle de ansiedad, estrés o miedo, entre otras emociones, y sacudírsela parece imposible.

Y, sin embargo, lo es: eso es lo que defiende Ibáñez tanto en su consulta como en su reciente libro, publicado por Planeta. Es posible entrenar nuestro cerebro y, haciéndolo, enfrentarse a todos esos miedos y problemas y reorientar nuestra vida.
Cómo entrenar el cerebro para tener menos estrés
“En sí mismo, el estrés no es malo. Lo malo es estar continuamente en estrés y no poder pasar a una situación más de calma”, explica la propia Ibáñez a la web de 'Informativos Telecinco'. El mundo actual no ayuda. “Vivimos con tanta incertidumbre, con cambios tan rápidos, que a nuestro sistema no le da tiempo a habituarse y está todo el tiempo alerta”, señala. Todos esos estímulos siempre cambiantes llevan a que el cerebro viva en una situación de “alerta cerebral”, una en la que no sabe cómo acabarán las cosas.
Por eso, necesitamos entrenarlo, para que pueda bajar ese nivel de alerta. “Sobrevivir significa que sepa que la situación no va a ser una amenaza. Y las cosas no son una amenaza cuando él sabe que acaban bien”, apunta la experta. “Nos está mandando continuamente mensajes de, por así decirlo, vida o muerte”. Tenemos que darle las pautas para ganar en flexibilidad y que no asuma que la incertidumbre implica necesariamente peligro.
Ibáñez promete que se puede conseguir. “Se puede hacer ejercicios de armonización de frecuencias cerebrales”, apunta. Se podría decir que, así, se 'reinicia', como ocurriría con un ordenador, para captar las frecuencias que evitarán esos bucles y esa sensación de constante peligro y entrar en una “calma consciente”. La clave está en “no responder desde la amenaza, sino desde un lugar más creativo, constructivo, reflexivo, más de sacar información de lo que ya has vivido y tener la seguridad de que ya has pasado por momentos difíciles y no pasa nada”.
“Ese es el gran reto de los cerebros de este momento, que tengan esa flexibilidad”, señala la experta. “Eso es en lo que debemos trabajar”.

Y si no lo estamos haciendo, ¿implica esto que hemos olvidado nuestro cerebro? “No, es que realmente no hemos sabido muy bien cómo cuidarnos”, responde Ibáñez. La neurocientífica apunta que, igual que cuidamos nuestro cuerpo y hacemos ejercicio físico, necesitamos hacerlo con nuestra mente. “Estamos viviendo en un momento donde hay mucha demanda de flexibilidad mental para que no tengas problemas de salud mental, pero si no entrenas tu cerebro no te lo va a dar”, apunta. “Ese es el punto crítico”.
Además, tampoco debemos olvidar que todo depende del cerebro y que las ramificaciones de lo que ocurre ahí se notan en el resto de nuestro cuerpo. “Por eso es tan importante que introduzcamos el entrenamiento cerebral como una base absoluta de la salud”.
Cualquiera puede hacerlo. Esto es “accesible a todo el mundo”, confirma Ibáñez, que recuerda que “uno de los grandes problemas que tenemos es que conocemos muy poco como funciona nuestra mente”. Necesitamos conocerla mucho mejor (“para eso no hace falta aprender nada complicado”, promete) para comprenderla como lo hacemos con nuestro cuerpo.
Y por accesibilidad no hay que pensar solo en complejidad del proceso, sino también en términos de edad. Si se piensa que esto es como aprender un idioma, que en la infancia se percibe que resulta más fácil, se está en un error. Cierto es que cuanto más joven la neuroplasticidad es más alta, pero la edad da algo “muy interesante”, defiende la experta. “Ganamos en experiencia, memorias y en habernos demostrado que no es tanto de vida o muerte. Eso es muy positivo a nivel cerebral”, explica. Ayuda a ganar en esa flexibilidad. Para muestra un botón: la curva de la felicidad suele mostrar un alza a partir de los 40 y largos. “Eso tiene mucho que ver con el cerebro, que en vez de sentirse desprotegido cuenta con esa experiencia de ‘oye, no es tan grave’”.

Los beneficios de entrenar el cerebro se notan ya desde el primer momento. Se sale de los bucles mentales, asegura la experta. “Cuando uno empieza a entrenarlo, lo que haces es vivir con un cerebro que vive desde la ventaja, la oportunidad”, apunta. Esto también ayuda a evitar otros problemas. “Muchas veces tenemos la sensación de estar bloqueados y con ánimo bajo, esto tiene que ver con que tu cerebro no está funcionando en sus capacidades posibles”, explica. Al tiempo, “te da los beneficios de que te gusten más tus pensamientos, cómo reaccionas. Ves que eres una persona que disfruta más, que eres más flexible, más ágil mentalmente y con más capacidad de sortear obstáculos”. “A largo plazo, realmente te gustas más como persona”, asegura.
La traumatóloga del principio de esta historia logró cambiar las cosas. Lograron redirigir su cerebro mostrándole que una vida más calmada era posible: activó su neuroplasticidad y aprendió que la ansiedad constante podía ser evitada.
