Bienestar

Dormir menos de seis horas tiene un efecto directo sobre el corazón: los cardiólogos han mostrado su preocupación

La falta de sueño está muy normalizada socialmente
La falta de sueño está muy normalizada socialmente. Freepik
Compartir

MadridDormir poco es un hábito que se ha normalizado casi como una señal de productividad. Madrugar, acostarse tarde y vivir constantemente cansados parecía formar parte inevitable de la vida adulta moderna. No obstante, cada vez más especialistas en salud cardiovascular están lanzando una advertencia clara: dormir menos de seis horas de forma habitual no solo afecta al cansancio o al estado de ánimo, también puede tener consecuencias directas sobre el corazón.

Cardiólogos y expertos en medicina del sueño llevan años estudiando cómo la falta de descanso altera distintos procesos del organismo, y los resultados son cada vez más preocupantes. Dormir menos de seis horas incrementa exponencialmente el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares como infartos, hipertensión o enfermedades coronarias.

PUEDE INTERESARTE

Dormir poco ya no es un problema menor

Hace años, la falta de sueño estaba asociada principalmente a cansancio, irritabilidad o dificultad para concentrarse. Pero hoy se sabe que dormir mal afecta prácticamente a todo el organismo: metabolismo, sistema inmunológico, regulación hormonal, salud mental, envejecimiento y especialmente salud cardiovascular. El corazón necesita descanso igual que el resto del cuerpo.

Mientras se duerme, el organismo entra en procesos fundamentales de reparación y regulación fisiológica: baja la presión arterial, disminuye la frecuencia cardiaca, se regulan hormonas del estrés y el sistema cardiovascular reduce parte de la carga acumulada durante el día. Cuando una persona sistemáticamente duerme menos de lo necesario, el cuerpo permanece más tiempo en estado de alerta y estrés fisiológico constante.

PUEDE INTERESARTE

Dormir menos de seis horas aumenta de manera importante el riesgo de sufrir un infarto de miocardio. Numerosos estudios llevan años relacionando la privación crónica de sueño con hipertensión arterial, inflamación, diabetes tipo 2, obesidad, arritmia, aterosclerosis y aumento de riesgo cardiovascular general. La razón es que dormir poco altera distintos mecanismos clave del organismo. Por ejemplo: aumenta el cortisol y las hormonas del estrés, empeora la regulación de glucosa, favorece la inflamación crónica, altera la presión arterial y dificulta la recuperación cardiovascular nocturna. Todo ello, sostenido durante años, aumenta considerablemente el desgaste del sistema circulatorio.

El corazón también necesita dormir

Muchas personas piensan en el sueño como algo relacionado únicamente con energía o descanso mental, pero en realidad el sistema cardiovascular depende enormemente de la calidad del descanso. Durante la noche, sobre todo en las fases profundas del sueño, el corazón trabaja de forma distinta: late más despacio, disminuye la presión arterial y el organismo entra en un estado de recuperación fisiológica esencial.

Cuando el sueño se acorta constantemente, ese proceso reparador también se reduce. El resultado es que el corazón permanece más tiempo sometido a tensión y activación fisiológica continua. Eso explica por qué los especialistas hablan cada vez más del sueño como un auténtico factor de riesgo cardiovascular.

Quizás uno de los cambios más relevantes es que el sueño ya no se entiende únicamente como bienestar o descanso, sino como una herramienta real de prevención médica. La Asociación Americana del Corazón incluyó recientemente el sueño dentro de sus indicadores esenciales de salud cardiovascular. Eso es un reflejo de hasta qué punto los especialistas consideran ya el descanso como un pilar fundamental para proteger el corazón. Lo mismo pasa con la alimentación, el ejercicio, la presión arterial o el colesterol; el sueño empieza a formar parte de las recomendaciones básicas de salud cardiovascular.

Cómo se puede proteger el corazón a través del descanso

Los especialistas recomiendan una serie de hábitos relativamente sencillos para mejorar la calidad del sueño: mantener horarios regulares, reducir pantallas antes de dormir, limitar la cafeína por la tarde, cenar ligero, dormir en ambientes oscuros y silenciosos y priorizar el descanso como una parte importante de la salud.

Uno de los grandes problemas actuales es precisamente que dormir sigue viéndose como algo negociable, cuando el cuerpo no funciona así. Es posible que esa sea la parte más preocupante, ya que vivir cansado se ha convertido en casi una norma social. Muchas personas se sienten orgullosas de dormir poco o consideran el descanso como una pérdida de tiempo frente a la productividad y las obligaciones.

Lo que pasa es que cada vez más cardiólogos advierten de que esto termina pasando factura al cuerpo. El corazón no distingue entre estrés laboral, pantallas, horarios imposibles o exceso de tareas. Solo recibe el impacto fisiológico acumulado. Es precisamente por eso por lo que los especialistas insisten tanto en algo que es aparentemente sencillo: dormir bien no es un capricho, es una necesidad biológica.

A pesar de que gran parte de la preocupación se centra en dormir poco, algunos estudios también han visto que dormir en exceso, más de 8 o 9 horas diarias, podría relacionarse con determinados problemas de salud. No causaría necesariamente enfermedades pero sí que puede actuar como señal de otros problemas de fondo como trastornos metabólicos, mala calidad de sueño, fatiga crónica o enfermedades no diagnosticadas.