Una experta en protocolo tumba la moda del 'pijama todo el día': "No es normal”
El pijama tiene una función clara: dormir y descansar, y usarlo para ir al supermercado, sacar al perro o recibir visitas puede transmitir dejadez
Mantener una rutina de sueño, un hábito con importantes impactos en el cerebro
MadridEl pijama siempre ha pertenecido a un uso muy concreto: dormir, desconectar y descansar. Sin embargo, en los últimos años esa frontera se ha difuminado bastante. La pandemia hizo que se normalizaran muchas formas de vestir más cómodas. El teletrabajo hizo que el salón pasase a ser una oficina y para muchos, el uniforme de trabajo era el pijama, además, las redes sociales han elevado a tendencia esta prenda que antes estaba reservada para estar en casa.
Ahora se habla de salir a la calle en pijama como una moda más. Esta tendencia ha sido bautizada en Francia como NBN o Netflix-baguette-Netflix o lo que podría ser en España esa B es “bajar al perro” o “(sacar la) basura”. Es decir, pequeños recados que hay que hacer si o si que se intercalan con jornadas hedonistas, donde no hay que quitarse el pijama para hacerlos. Es una mezcla de comodidad, provocación y estética despreocupada.
Los expertos en protocolo no están del todo de acuerdo. María José Gómez y Verdú, creadora de la cuenta @protocoloyetiqueta.es, ha sido bastante contundente al respecto: salir a la calle en pijama no es lo normal. Según su criterio, no es el atuendo adecuado para ir al supermercado, sacar al perro o bajar la basura. Tampoco en casa es lo adecuado: uno no debe sentarse a comer a la mesa o recibir visitas sin cambiarse, ya que puede ser interpretado como una falta de respeto hacia los demás y hacia uno mismo.
El pijama tiene una función clara
La idea central que defiende María José es simple: el pijama sirve para dormir, desconectar y descansar. Por eso, recomienda reservarlo para la noche y llevar otro atuendo durante el día. No tanto por una cuestión de apariencia superficial, sino porque la ropa también ayuda a marcar transiciones, y en un momento donde se puede trabajar desde casa, es importante diferenciar descanso de trabajo, vida social, intimidad o espacio público.
En protocolo, las prendas tienen contexto. Igual que no se va con ropa deportiva a una boda, ni con traje de gala a la playa, el pijama pertenece al ámbito del descanso. Sacarlo de este contexto puede resultar muy cómodo, pero también puede transmitir dejadez.
Esto no quiere decir que haya que estar incómodo en casa. Existe ropa cómoda para estar por casa como pantalones amplios, camisetas suaves o tejidos relajados que pueden cumplir perfectamente con esa función. La diferencia está en no convertir el pijama en el uniforme de todo el día.
Salir a la calle en pijama
La defensa de aquellos que han adoptado esta moda suele ser muy clara: es cómodo, práctico y no hace daño a nadie. Además, no parece casual que esta tendencia haya sido acogida por especialmente por millennials, una generación que ha vivido buena parte de su vida bajo una exposición y presión constante: redes sociales, productividad, imagen expuesta en redes sociales, precariedad, teletrabajo y la sensación de tener que estar continuamente disponible, siempre presentable y siempre “a la altura”. Para ellos, salir en pijama puede ser un gesto de agotamiento frente al perfeccionismo.
Para muchos, no se trata de descuido, es cansancio. Después de tantos años en los que la imagen se ha convertido casi en una obligación social, el pijama aparece como una manera de huir de esa imposición. Es una pequeña renuncia a la exigencia de estar siempre impecable, incluso para bajar a comprar el pan, sacar el perro o ir al supermercado. La comodidad no solo es física, también emocional.
Sin embargo, los expertos en protocolo como María José Gómez y Verdú, hacen una distinción importante: una cosa es vestir cómodo y otra salir con ropa de dormir. Un conjunto relajado, limpio y pensado para el día no transmite lo mismo que un pijama usado para descansar. El primero puede ser informal, funcional y perfectamente adecuado. El segundo arrastra una connotación de intimidad, cama y desconexión que no siempre encaja en el espacio público.
Vestirse también es una forma de autocuidado
Más allá del protocolo, cambiarse de ropa al empezar el día puede entenderse como una sencilla forma de autocuidado. No hay que vestirse de forma incómoda ni tampoco tener una imagen perfecta, es más un pequeño gesto que ayude a marcar una transición mental: la noche ha terminado y empieza el día. Igual que lavarse la cara, hacer la cama o preparar un café, escoger ropa limpia y adecuada puede ser una especie de señal interna de activación.
El pijama tiene una carga simbólica muy clara: descanso, cama, desconexión e intimidad. Por eso, cuando se lleva puesto durante todo el día, puede reforzar una sensación de apatía, desorden o falta de energía, sobre todo en personas que teletrabajan, estudian en casa o pasan muchas horas en el mismo espacio. Cambiarse, aunque sea para llevar ropa cómoda, ayuda a separar momentos y a evitar que los días se conviertan en una especie de ciclo sin fin entre descanso, obligaciones y ocio.
No hay que pensar que hay que arreglarse mucho para estar en casa: la comodidad no está reñida con el autocuidado. Simplemente puede tratarse de ponerse un pantalón cómodo, una camiseta limpia, un conjunto bonito para estar por casa o una prenda que haga sentir bien a esa persona. La clave es diferenciar la ropa que pertenece al día de la que es para descansar por la noche. Este pequeño cambio puede mejorar significativamente la actitud, la disposición y la percepción que uno tiene de sí mismo.