Anna Guirado, exdeportista, tras 8 años de lucha contra un trastorno alimentario: "Tu felicidad no puede depender de una imagen corporal"

La exdeportista Anna Guirado, de 26 años
La exdeportista Anna Guirado, de 26 años. Cedida
  • Anna Guirado fue doble subcampeona del mundo como corredora de montaña

  • Un trastorno alimentario la ha llevado al límite en cuatro ocasiones

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BarcelonaAnna Guirado se ha vuelto a atar las zapatillas de correr. Una decisión que ha tomado tras conseguir el alta en la Unidad Integral de Recuperación de TCA de la Fundació Hospitalàries Martorell y el Hospital Universitari de Bellvitge. Esta exdeportista, de 26 años, lleva ocho años de lucha contra un trastorno alimentario que la ha llevado al borde de la muerte en cuatro ocasiones. "He retomado las sensaciones que tanto me llenaban antes. He decidido volver a correr por montaña. Estoy muy contenta y con ilusión. Desde que empecé no he encontrado nada que me dé esa adrenalina y esa sensación de libertad. Es una vuelta supervisada por un entrenador", cuenta.

Mirando atrás, Anna recuerda que la primera caída fue en 2019 mientras estudiaba. "Empecé a restringir alimentos y perdí peso y más peso. Me diagnosticaron un TCA". Llegó también el primer ingreso. En pandemia descubrió la libertad de correr por la montaña. "Me gustaba porque cada día era un reto personal y me empezó a enganchar. Me apuntaba a carreras para disfrutar y en la primera hice podio", explica. Y los resultados llegaron sin esperarlos. Y pasó del anonimato a la élite. En 2021 Anna se convirtió en campeona de España de un kilómetro vertical y subcampeona de la carrera en línea de 28 kilómetros.

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"En la selección española me dijeron que tenía que subir de peso para tener las garantías de estar en un estado de forma adecuado. Eso fue en abril y en agosto eran los mundiales. Estaba atrapada con lo que comía y no, con lo que entrenaba o no. Estaba muy obsesionada. Lo llevé todo al extremo. No hacía caso ni a los nutricionistas ni a los psicólogos. Pensaba que no me pasaba nada y encima los resultados me reafirmaban", relata.

Fue doble subcampeona del mundo a los 21 años
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En los Mundiales, en Italia, Anna restringió aún más su alimentación: "Pillé carbofobia, el miedo a los carbohidratos porque decían que engordaban. Las redes sociales hacen un bombardeo de información que no está contrastada. Para un deportista es energía. Aquella semana casi no comí nada. Me sentía muy cansada, con la mala suerte de que fui doble subcampeona del mundo".

A punto de morir

La situación empeoraba y sus padres la obligaron a ingresar en un centro hospitalario. "Cada vez entrenaba más y comía menos. Y bajaba más y más de peso hasta que llegó un extremo en el que mis padres no sabían qué hacer y veían cómo su hija se estaba muriendo. Llegué con 27 pulsaciones por minuto y 28 kilos. No me podía levantar de la cama. No era persona. Tenía un carácter cerrado y solitario. Era un muerto viviente", confiesa Anna. Hasta en cuatro ocasiones ha estado a punto de morir, la última hace un año: "Todas las veces que he tenido recaídas las he llevado al extremo. Eso significa estar a 30 pulsaciones con un peso muy bajo. La última vez tuve un problema en el hígado y no sabía si lo explicaría".

Tras el paso por una unidad de TCA, Anna quiso volver pese a las advertencias de los médicos y se volvió a proclamar campeona de España en 2023. Fue entonces cuando todo se vino abajo y dejó la competición. "Volví a entrar en la dinámica de no como porque quiero estar más delgada para correr más. Era obsesionarme con el entrenamiento y no poder parar. Fue entrar en bucle y no escuchar a nadie. Me volví a aislar", lamenta.

Unidad pionera

Un año más tarde, Anna decidió por primera vez buscar ayuda y la encontró en la Unidad de TCA de Martorell, donde mantiene un seguimiento con su psicóloga de referencia. "Es un tratamiento muy pionero porque trabajan desde la responsabilidad. Tú decides y el porqué y el cómo haces las cosas. Las haces y si ves que te equivocas, rectificas. No te imponen nada. Te acompañan y te escuchan. No te tratan como una enferma, sino como una persona. Y eso es lo más importante. Tienes unas pautas alimentarias y un trabajo terapéutico. Estás en grupo y lo has de hacer bien por las compañeras y lo vas haciendo por los demás y luego por ti", explica.

Anna, el día de su alta de la Unidad de TCA de Martorell

Ahora es una Anna diferente: "He pasado de ser introvertida, poco sociable, manipuladora, mentirosa con la enfermedad, y ahora estoy trabajando para ser una persona responsable, sincera, honesta y alegre. He vuelto a socializar, a disfrutar de la familia y de los amigos. Tengo las herramientas para reconducir. Estoy muy contenta". Y con esta lección aprendida: "Un cuerpo no ha de decidir si eres feliz o no. Tu felicidad no puede depender de una imagen corporal ni de un estereotipo. Hemos de tener autoestima. La vida idílica no existe. Siempre habrá problemas. Lo importante es cómo los afrontes".