Entrevistas

Pedro Vivar, experto en el arte de tomar buenas decisiones: "Hay tres herramientas muy sencillas que pueden ayudar mucho"

Pedro Vivar, experto en el arte de tomar buenas decisiones. Editorial Planeta
Compartir

Imagina que mañana, en tu trabajo te ofrecen promocionar, que tus jefes han pensado en que cambies de puesto -a uno mucho mejor pagado y con mejores condiciones-, lo único es que debes cambiarte de ciudad, concretamente marcharte fuera de España. ¿Sabrías qué hacer? ¿Qué es lo que harías previamente para tomar una decisión tan importante? Decidir qué carrera profesional escoger, mudarte a otra ciudad, aceptar un trabajo fuera de tu país, casarse, formar una familia... Son decisiones trascendentales que nos pueden cambiar la vida, sin embargo, tomarlas no es tan fácil como parece, y lo que es mucho más difícil, acertar tampoco lo es. En 'Haz que tu cerebro tome buenas decisiones' (editorial Zenith, 2025) el doctor Fernando Mora, quien ha dedicado su práctica profesional a ayudar a las personas a tomar decisiones más conscientes y sostenibles para mejorar su salud emocional de los demás, aseguraba que la toma de grandes decisiones requería de reflexión, porque es en esos momentos, cuando el cerebro necesita orden y claridad para no dejarse llevar por la impulsividad y las prisas. Por lo tanto, ante la toma de decisiones que nos pueden cambiar la vida, se requiere de calma y espera.

Pedro Vivar, escritor e investigador en el ámbito del rendimiento humano, creador de la programación neuromotriz (PNM) y director del podcast 'Emotion Me', que se ha convertido en toda una referencia en el ámbito de la gestión emocional aplicada al deporte, la salud y el mundo de la empresa, va mucho más allá y considera que la toma de decisiones está más guiada por mecanismo automáticos que no por nuestra lógica. Sí, lo que lees, que muchas veces están pensando que has tomado una decisión muy pensada, pero en realidad la han tomado primero tu cuerpo y tus emociones. Él lo llama leyes ocultas y lo explica con más detenimiento en su cuarto libro 'El arte de la decisión' (Lunwerg, 2026), una guía práctica que explica, a través de ejemplos históricos, científicos y narrativos, cómo la mente automática toma la mayoría de nuestras elecciones antes de que la razón intervenga. Charlamos con él en esta entrevista que ha concedido a la web de Informativos Telecinco.

PUEDE INTERESARTE

Pregunta: ¿Qué suelen tener en común las personas a las que les cuesta tomar decisiones?

Respuesta: A mi juicio suelen compartir tres rasgos. El primero es exceso de información (opciones) y falta de criterio (carácter). Hoy tenemos más datos que nunca, pero eso no significa que los usemos de forma correcta o los interpretemos bien. El segundo es miedo a equivocarse. Muchas personas viven la decisión como si fuera un examen que solo tiene una respuesta correcta, cuando en realidad consiste en asumir lo que uno decide. Y el tercero, que es algo muy contemporáneo: vivimos rodeados de modelos de vida ajenos. Redes sociales, expectativas familiares, tendencias, marketing… Todo eso genera la sensación de que cualquier decisión debe encajar en narrativas de otros en lugar de una propia. Decidir se vuelve complicado; es frecuente decidir entre quién eres y la imagen del ideal que pretenden los demás que seas.

P: ¿De qué tipo de decisiones estamos hablando?

R: No todas las decisiones tienen el mismo peso. En el libro, entre otras cosas, explico que hay decisiones irreversibles que afectan a la dirección de nuestra vida, tener hijos, matar a alguien, o robar, no pueden deshacerse con tanta facilidad, y decisiones reversibles. Pero hay algo interesante: las grandes decisiones rara vez se toman de golpe. Normalmente son el resultado acumulado de muchas decisiones pequeñas que hemos ido tomando antes. Por eso el libro insiste en que no se trata solo de decidir bien una vez en la vida, sino de construir un criterio claro en nuestra toma de decisiones. Carácter fuerte decisiones fáciles, carácter débil decisiones difíciles.

PUEDE INTERESARTE

P: ¿Por qué decides escribir este libro?

R: El libro nace de una inquietud personal. Durante un tiempo empecé a observar algo en mí mismo y en muchas personas de mi entorno: tomábamos decisiones constantemente, pero no siempre teníamos claro si realmente eran nuestras. Comprábamos cosas por impulso del marketing, pasábamos más tiempo del que nos gustaría en una aplicación, seguíamos rutinas que no habíamos elegido de forma consciente, aceptábamos caminos profesionales o personales que parecían lógicos pero que, al mirarlos con calma, respondían más al entorno que a un criterio propio... Eso me llevó a investigar cómo decidimos realmente desde la psicología, la economía conductual o la filosofía. Y descubrí algo que me ayudó a conocer mejor cómo funcionamos: gran parte de nuestras decisiones no son tan racionales como creemos. Están influenciadas por sesgos, emociones, hábitos y también por el contexto en el que vivimos. El libro nace de esa pregunta: "¿cómo recuperar cierto grado de autonomía en la forma en la que decidimos nuestra vida?".

"Muchas veces creemos que decidimos libremente cuando en realidad solo estamos reaccionando a estímulos del entorno"

P: ¿Cómo es el arte de decidir bien? ¿Se trabaja?

R: Decidir bien es algo muy personal. Es algo subjetivo, pues lo que para ti puede ser una buena decisión (pareja, trabajo, decisión vital...) no significa que lo sea para mí, la buena decisión va de la mano de la coherencia. El arte de decidir tiene más que ver con desarrollar carácter. De la misma forma que entrenamos el cuerpo o aprendemos una habilidad, el juicio también se educa: observando cómo decidimos, aprendiendo a distinguir entre lo que realmente queremos y lo que simplemente nos empuja el entorno. Por ejemplo, uno puede empezar a ser consciente de que compra compulsivamente lo que recomiendan en las ofertas y las influencers, o que va al cine sesgado por los anuncios.

P: Dices que el entorno a veces decide por nosotros, ¿cómo podemos darnos cuenta?

R: Muchas veces creemos que decidimos libremente cuando en realidad solo estamos reaccionando a estímulos del entorno. Por ejemplo, ir a cenar a un sitio porque hay mucha gente haciendo cola, comprar una prenda de ropa porque es la última que queda en la tienda de ese modelo, seguir determinadas rutinas o modas porque todo el mundo las sigue... En el libro hablo de “La ley de los cristales rotos” y como es más fácil ser ordenado en un sitio que está ordenado y limpio, y ser desordenado o más sucio en un lugar donde encontramos lo contrario. El problema no es que el entorno influya (eso siempre ocurrirá) sino no ser conscientes de ello. Una buena señal para detectarlo es hacerse una pregunta simple: “¿seguiría tomando esta decisión si nadie estuviera mirando?”. Si la respuesta cambia, probablemente el entorno esté pesando más de lo que pensamos.

P: ¿Por qué el cuerpo toma decisiones antes que la mente? Cuesta de entender que sea así...

R: Esto tiene bastante respaldo en neurociencia. El neurólogo Antonio Damasio explicó algo muy interesante con su hipótesis del marcador somático: antes de que una decisión llegue a la parte racional del cerebro, el cuerpo ya ha generado una señal emocional que orienta la elección. Es decir, el cuerpo toma la decisión y el cerebro la justifica a posteriori de forma racional con la información de la que dispone. Esto no es una debilidad y podemos utilizarlo a nuestro favor. Nuestro organismo ha aprendido a reconocer patrones de peligro, seguridad o conveniencia mucho antes de que podamos explicarlos con palabras. La clave no es ignorar esa señal corporal, pero tampoco obedecerla ciegamente. Es un recordatorio del valor que tiene conectar con nuestro cuerpo y escucharlo, por ejemplo, deberíamos empezar a entender los bajos niveles de energía como una señal de nuestro cuerpo de que no sigamos en determinada dirección. Tener bajos niveles de energía no es algo natural.

P: ¿Qué herramientas recomiendas empezar a utilizar para mejorar nuestras decisiones?

R: En el libro hablo de varias, pero hay tres muy sencillas que pueden ayudar mucho. La primera es retrasar ciertas decisiones. Muchas malas decisiones se toman por impulso o urgencia artificial. La segunda es formular bien la pregunta. A veces el problema no es la respuesta, sino que estamos intentando resolver mal el problema. Y la tercera es reducir ruido y distracción. Vivimos en un entorno saturado de estímulos, opiniones y comparaciones. Ese exceso de ruido dificulta escuchar nuestro propio criterio. Por último, recomiendo conocer los sesgos, heurísticos y errores de lógica más frecuentes pues hacerlo nos ayudará a prevenirlos y no caer con tanta facilidad.

Herramientas y leyes para decidir mejor, según Pedro Vivar

 Si te encuentras en una encrucijada o te cuesta tomar decisiones en tu día a día, te damos algunas herramientas sugeridas por Pedro Vivar en su libro. Son las siguientes:

  • Principio de Pareto (80/20): Identificar el pequeño porcentaje de acciones que generan la mayor parte de resultados.
  • Matriz de Eisenhower: distinguir lo urgente de lo importante.
  • Ley de Parkinson: el trabajo expande hasta ocupar el tiempo disponible.
  • Ley de Yerkes-Dodson: existe un nivel óptimo de activación para rendir.
  • Ley de Carlson: la fragmentación reduce eficiencia.
  • Ley de Illich: más horas equivalen a mayor productividad.
  • Ley de Perls: las tareas inconclusas consumen energía mental.