Las personas que tienen al menos una amistad profunda viven de media 7 años más

Tener al menos una amistad profunda no solo mejora el bienestar emocional, también puede influir en la salud y en la longevidad
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MadridAlgunas amistades no se miden por la frecuencia de los mensajes ni tampoco por la cantidad de planes compartidos. Se miden por algo más complejo de explicar: la sensación de poder llamar sin preparar un discurso, de ser escuchado sin tener que justificarlo todo, de tener a alguien que conozca tanto las luces como las sombras y aún así permanezca. Este tipo de vínculo, la amistad profunda, no solo hace la vida más agradable, también puede hacerla más saludable.
Durante años, la ciencia ha estudiado cómo las relaciones sociales influyen en la salud física y mental. Las personas con vínculos sólidos tienden a vivir más y mejor que aquellos que se sienten solas o aisladas. Igual que se cuida la alimentación, el sueño o la actividad física, también deberían cuidar los vínculos.
La amistad como factor de longevidad
La idea de que los amigos “alargan la vida” puede sonar exagerada, pero no sale de la nada. Una de las investigaciones más citadas sobre el tema es una revisión y metaanálisis publicada en PLOS Medicine, que analizó 148 estudios con más de 300.000 participantes. La conclusión fue contundente: las personas con relaciones sociales más fuertes tenían un 50% más de probabilidad de supervivencia que aquellas con relaciones sociales más débiles.
La propia revisión comparaba el peso de las relaciones sociales con otros factores reconocidos de mortalidad y subrayaba que su influencia no debía considerarse secundaria. Dicho de otra manera: estar acompañado de manera significativa importa. No es suficiente con vivir rodeado de gente, acumular contactos o tener muchos seguidores. Lo que protege es sentir que existen relaciones reales, disponibles y de apoyo. Personas a las que uno puede acudir y con las que puede compartir la vida más allá de la superficie.
No es cantidad, es calidad
Una de las confusiones más habituales es pensar que la salud social depende únicamente de tener muchos amigos. Pero, no todas las relaciones pesan igual. Una agenda llena de conocidos puede no proteger del sentimiento de soledad si no existe intimidad, confianza o reciprocidad. Y, al contrario, una sola amistad profunda puede tener un valor emocional enorme.
La calidad de las amistades es más importante que la cantidad. Tener una red amplia puede resultar positivo, pero los amigos cercanos, aquellos que realmente importan, son los que más contribuyen al sentido de pertenencia, autoestima y apoyo.
La soledad puede enfermar
Hablar de amistad como factor de salud obliga a hablar de su reverso: la soledad. La OMS ha advertido que la soledad y el aislamiento social son problemas de salud pública infravalorados. En 2025, la Comisión de la OMS sobre conexión social señaló que una de cada seis personas en el mundo se ve afectada por la soledad y que esta se relaciona con cientos de miles de muertes anuales.
La soledad y el aislamiento pueden aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular, ictus, diabetes tipo 2, depresión, ansiedad, demencia y muerte temprana. Sentirse solo no es solo un malestar emocional. Puede tener consecuencias físicas. Esto no quiere decir que todas las personas que viven solas estén aisladas, ni que la soledad puntual sea siempre un problema. Hay quien vive solo y tiene una vida social rica. Hay quien necesita momentos de silencio y disfruta de su independencia. La diferencia está en la desconexión no deseada: querer vínculos significativos y no tenerlos, o estar rodeado de gente y aún así sentirse solo.
Autoestima, felicidad y sentido de pertenencia
Los amigos también influyen en cómo nos vemos. Una amistad profunda puede recordarnos quiénes somos cuando lo olvidamos, celebrar nuestros avances y relativizar nuestros errores. Ese es un tipo de apoyo que fortalece nuestra autoestima porque no se basa en la imagen pública, sino en la aceptación.
Las amistades pueden aumentar el sentido de pertenencia y propósito, mejorar la felicidad, reducir el estrés y reforzar la confianza y el sentimiento de valía. Un buen amigo no solo acompaña, también ayuda a que una persona se sienta más capaz, más vista y menos sola ante la vida.
¿Por qué cuesta tanto hacer amigos en la vida adulta?
Aunque la amistad sea importante, mantenerla en la edad adulta no siempre es sencillo. El trabajo, la pareja, los hijos, los cuidados familiares, las mudanzas, la falta de tiempo y el cansancio pueden hacer que las relaciones queden en segundo plano. Muchas amistades no se rompen por conflicto, sino por abandono gradual.
A esto se suma una idea cultural peligrosa: pensar que la amistad debe ser espontánea. En la infancia o la adolescencia, los vínculos suelen surgir por proximidad: colegio, barrio, universidad, actividades compartidas. En la vida adulta, esa proximidad ya no siempre existe, por lo que se necesita intención.
Ese esfuerzo no debe ser visto como una carga, sino como una inversión en salud emocional. De la misma forma que se reserva tiempo para entrenar o comprar comida sana, también se puede reservar tiempo para cuidar vínculos.
