El impacto de la IA en la cirugía estética: “Algunos pacientes ya no traen fotos de famosos, vienen con imágenes renderizadas”
Entrevistamos al cirujano plástico Gustavo Sordo, quién alerta sobre el auge en consulta de personas “solicitando rasgos faciales extraídos directamente de avatares creados por IA”
¿Cómo evitar la dismorfia provocada por los retoques estéticos y los filtros de Instagram?
El auge de la inteligencia artificial y los filtros de belleza ha hecho surgir el término 'dismorfia algorítmica' ante el aumento de pacientes que piden rasgos de avatares virtuales. Sin embargo, expertos como el cirujano plástico Gustavo Sordo advierten sobre los límites éticos de esta situación y aclaran que no debe confundirse con la dismorfia corporal real "una patología psiquiátrica seria". En la web de 'Informativos Telecinco' hablamos con este doctor sobre esta tendencia.
Pregunta: ¿A qué nos referimos con 'dismorfia algorítmica'?
Respuesta: 'Dismorfia algorítmica' es un término que he empezado a escuchar, pero no es un término clínico ni algo que usemos los médicos en consulta. Lo digo claro porque no quiero que se confunda con la dismorfia corporal de verdad, que es una patología psiquiátrica seria. Quiénes sufren de ello necesitan ayuda especializada, no cirugía.
Lo que sí veo, y para lo que uso esa expresión de forma coloquial, es un perfil concreto de paciente (todavía minoritario) que llega a consulta con mediciones, líneas de simetría matemática o retratos modificados por algoritmos, con volúmenes que son imposibles de replicar en una anatomía viva. No traen ya una foto de una celebridad, traen una imagen renderizada.
P: ¿Cómo influyen las pantallas en la autopercepción?
R: Las pantallas nos han acostumbrado a una idea de cara que no existe en la vida real: la cara simétrica. Y ahí hay un problema, porque la anatomía normal, bonita y sana no es simétrica. De hecho, el fotógrafo Julian Wolkenstein hizo un ejercicio que lo demuestra muy bien en su proyecto 'Symmetrical Portraits': si coges una cara, la divides por la mitad, generas su imagen espejo y unes las dos mitades idénticas, el resultado es marcadamente antinatural, casi inquietante. Es literalmente lo contrario de lo que buscamos en cirugía.
Lo que repito constantemente en consulta es que la asimetría no es un defecto que corregir, es parte de lo que hace que una cara se vea real. Son las pequeñas imperfecciones las que dan naturalidad, no las que la quitan.
P: ¿Qué tipo de peticiones se reciben en consulta que antes no llegaban debido a la IA y a los filtros?
R: Hay un perfil concreto de paciente, todavía minoritario, pero reconocible, que ya no trae una foto de una celebridad, como antes. Trae mediciones, líneas de simetría matemática o retratos modificados por algoritmos, con volúmenes que son imposibles de replicar en una anatomía viva. El algoritmo simplemente ajusta píxeles bajo una métrica de simetría artificial.
En procedimientos como la rinoplastia híbrida o la remodelación facial, la prioridad de la medicina avanzada no es “reconstruir desde cero”, sino respetar y conservar las estructuras naturales del paciente para lograr resultados armónicos, estables y duraderos (cada caso se valora de forma individual).
P: ¿Por qué se piden pieles sin textura o simetrías perfectas?
R: El 'filtro digital' ha dado un salto cualitativo al integrarse la IA generativa. Antes era un retoque burdo; ahora genera una imagen que parece fotográfica pero que no respeta ningún límite anatómico real.
El instrumento o la herramienta tecnológica por sí sola no define el resultado. Lo verdaderamente importante es la técnica y la visión médica que aplicamos. Un patrón algorítmico puede crear una nariz o unos pómulos perfectos en una pantalla, pero en un rostro real, forzar la anatomía para perseguir ese estándar genera estructuras inestables, problemas funcionales a futuro y, sobre todo, una apariencia artificial que borra la identidad de la persona.
P: Como cirujanos plásticos, ¿dónde empieza la tarea de cirujano y dónde el papel de divulgador para sensibilizarlos ante este tipo de peticiones?
R: Para gestionar las expectativas de un paciente influenciado por la imagen digital, la conversación en la primera consulta tiene que ser absolutamente clara: definir qué se va a cambiar, cuánto, qué se va a conservar y cómo se va a sostener ese resultado con el paso de los años. Para eso utilizamos fotografías, mediciones precisas y simulación en 3D sobre su propia cara, mostrando límites anatómicos reales.
Usamos simulación biométrica 3D y simulación bidimensional de apoyo, siempre dirigidas por un médico del equipo, nunca como un servicio automatizado. Lo que generamos son imágenes renderizadas que pueden aproximarse mucho al resultado final, pero que bajo ningún concepto son un resultado exacto. Los cirujanos no somos robots: no podemos replicar en quirófano una imagen generada por ordenador, por muy cerca que lleguemos de ella.
Ahí es donde entra mi papel de divulgador: decir no a peticiones técnicamente inviables y guiar al paciente priorizando siempre la salud y la naturalidad a largo plazo. Eso es deontológico, no opcional.