Una psicóloga aclara las señales de que tu hijo tiene un problema con el móvil: “Parece que todo gira en torno a la pantalla"
La psicóloga humanista Montse Escobar, de Monarka Clinic, explica en la web de 'Informativos Telecinco' todas las claves acerca de la adicción de los menores a las pantallas
Niños y adolescentes pasan ya dos meses al año frente a las pantallas: "Los padres tienen que poner límites"
En pleno auge del veto a redes sociales en Europa o de restricciones de dispositivos en entornos como en colegios, ¿qué es lo que lleva a que un niño sea adicto a las pantallas? ¿Cómo se puede alcanzar este punto? ¿Qué se puede hacer para ayudarles? Montse Escobar, psicóloga humanista de Monarka Clinic, da las claves en la web de 'Informativos Telecinco'.
Para empezar, empieza haciendo una pregunta fundamental: “¿Qué espacio ocupa la pantalla en la vida de ese niño?”.
Señala, además, los primeros elementos de alarma, para saber que estamos ante un caso de adicción: “le cuesta muchísimo parar, deja de interesarse por otras cosas, se enfada de una manera desproporcionada cuando le retiramos el dispositivo”. También matiza los siguientes aspectos conductuales: “la pantalla empieza a afectar a su sueño, sus estudios, sus relaciones o su vida familiar”.
Las pantallas como refugio
Escobar explica que “muchas veces la pantalla acaba siendo una especie de refugio y, si solamente quitamos ese refugio sin entender por qué lo necesitaba, nos estamos quedando con una parte muy pequeña del problema”.
Así pues, incide en el hecho de observar la cuestión como consecuencia de algo más profundo: “es fundamental preguntarse para qué necesita tanto la pantalla. ¿Se aburre y no sabe qué hacer? ¿Le cuesta relacionarse? ¿Está ansioso? ¿Se siente solo? ¿La utiliza para desconectar de algo que le hace sentir mal?”.
Ademñas, explica cómo “a veces, detrás encontramos ansiedad, inseguridad, dificultades para relacionarse, problemas de autoestima, tristeza o simplemente muy pocos recursos para gestionar el aburrimiento y la frustración”.
Así cambia el comportamiento: “todo empieza a girar en torno a la pantalla”
De la necesidad de refugiarse, a los patrones de conducta. La experta señala un primer elemento de ‘alarma’ ante este tipo de fenómenos: “Parece que todo empieza a girar alrededor de la pantalla”.
“Piensa cuándo podrá volver a conectarse, negocia continuamente cinco minutos más, pierde interés por actividades que antes le gustaban, le cuesta muchísimo tolerar los momentos en los que no tiene ningún estímulo y pueden aparecer enfados muy intensos cuando se le dice que pare”.
Y cuando se retira la pantalla de manera abrupta, y aparece una reacción enorme, "quizá no estamos viendo simplemente a un niño enfadado. Podemos estar viendo a un niño que no sabe qué hacer con lo que siente cuando se queda sin los estímulos que estas proporcionan”.
Además de trabajar con el niño, “también hay que trabajar con los padres”. Y sostiene que, al niño, “hay que ayudarle a desarrollar recursos propios para que no necesite una pantalla cada vez que se aburre, se frustra, se siente solo o aparece una emoción que no sabe gestionar.
“Hay que evitar convertir el problema en una identidad”
De acuerdo con la experta, “hay que evitar convertir el problema en una identidad. Evitaría frases como ‘eres un adicto al móvil’. Le hablaría de lo que estamos viendo de su comportamiento y no le pediría permiso para ponerle el límite”.
Complementa la ecuación con “escuchar su enfado, entender que le cueste y acompañar su frustración. Acompañar a nuestros hijos no significa evitarles cualquier malestar”. Así pues, uno de los pilares fundamentales para el cambio de conducta desde casa es “establecer normas muy claras y sencillas”: comidas sin móviles, dispositivos fuera de las habitaciones por la noche, momentos familiares sin pantallas y horarios concretos de utilización. Y, sobre todo, "intentaría que esas normas fueran estables. No podemos permitir tres horas hoy porque estamos cansados y mañana enfadarnos porque lleva una hora”.
Por encima de todo, afirma que “si quitamos pantalla, tenemos que volver a llenar la vida de vida: salir, hacer deporte, cocinar juntos, quedar con amigos, leer… y también, aburrirse”.
El aburrimiento como piedra angular
La experta concluye con la siguiente idea: “Tenemos muchísimo miedo a que nuestros hijos se aburran y enseguida intentamos proporcionarles algo que hacer. Pero el aburrimiento también es necesario. De ahí puede salir la creatividad, la imaginación y algo todavía más importante: que el niño empiece a descubrir qué quiere hacer él cuando nadie le está entreteniendo”.
No se trata simplemente de conseguir que mire menos una pantalla. "Se trata de conseguir que vuelva a encontrar cosas fuera de ella que le apetezca vivir”, finaliza la experta.