Bienestar

Cenar viendo series o consultando el móvil cambia más de lo que parece la forma de comer

Cenar viendo series o consultando el móvil cambia más de lo que parece la forma de comer
No hace falta eliminar todas las pantallas, solo reducir su uso. Freepik
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MadridSentarse a cenar y poner una serie, aunque sea para tener de fondo, se ha convertido en una rutina habitual. Si se come solo, el móvil suele ocupar el espacio que tendría cualquier conversación: se responden mensajes, se revisan redes sociales o se encadenan vídeos mientras va desapareciendo la comida del plato sin darse apenas cuenta.

A primera vista parece una costumbre inofensiva. Después de todo, el alimento es exactamente el mismo con o sin pantalla. Sin embargo, cada vez existe más evidencia de que la atención que prestamos mientras comemos también influye en la experiencia de la comida, desde la cantidad consumida hasta el recuerdo que queda de ella.

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Cenar viendo una película no va a provocar un sobrepeso ni tampoco hay que comer en absoluto silencio. El efecto va a depender de la intensidad de la distracción, del contexto y de cada persona. Lo que sí señalan numerosos estudios es que cuando la atención está ocupada por una pantalla resulta más fácil dejar de percibir algunos de los estímulos que normalmente ayudan a regular la ingesta.

Cuando la pantalla se lleva parte de la atención

Comer es una actividad mucho más compleja de lo que parece. Mientras una persona mastica, el cerebro procesa el sabor, el olor, la textura, el tamaño de las porciones y las señales internas relacionadas con el hambre y la saciedad.

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Una serie, un vídeo o una conversación en redes pueden competir por esa atención. Una investigación impulsada por la Universidad Rey Juan Carlos, la Sociedad Española de Neurología y CIBEROBN analizó precisamente cuál es la influencia de las pantallas y la compañía en la experiencia de cocinar y comer. Sus resultados señalaron que el teléfono móvil estaba muy presente durante las comidas y que su uso se asociaba con una forma de comer menos consciente y más guiada por estímulos externos, por lo que se puede comer más rápido y prestando menos atención tanto a la comida como a las propias sensaciones corporales.

No se trata de que el cerebro deje de registrar la saciedad porque aparezca Instagram. La explicación es más simple: si la atención está en otro lugar, resulta más fácil pasar por alto parte de la experiencia de comer.

Mirar el móvil puede aumentar lo que se come

Uno de los experimentos más directos sobre teléfonos móviles se publicó en 2019. Participaron 62 adultos que realizaron varias pruebas en las que comían sin distracciones, utilizando el smartphone o leyendo un texto.

Cuando se comieron sin distracción, consumieron de media 535 calorías. Con el teléfono, la cantidad aumentó a 591 calorías, mientras que el que estaba leyendo alcanzó las 622. Los investigadores concluyeron que comer distraído incrementaba la ingesta alrededor de un 15% en aquella prueba.

El recuerdo de la cena también cuenta

Una de las explicaciones más interesantes no tiene que ver únicamente con lo que pasa mientras se come, sino con lo que el cerebro recuerda después. La memoria de una comida participa en la regulación posterior del apetito. Recordar claramente que se ha cenado, cuánto se ha comido y cómo de saciante resultó puede influir en las decisiones alimentarias de las horas siguientes.

En varios experimentos dirigidos por la investigadora Suzanne Higgs, distraer a los participantes mediante televisión o videojuegos empeoró el recuerdo de la comida y aumentó posteriormente el consumo de aperitivos. Por el contrario, prestar más atención a los alimentos durante la comida podía mejorar ese recuerdo.

Estar distraído no solo puede modificar cuánto se come. También puede cambiar cuánto se disfruta. En un estudio publicado en 2024, los participantes probaron bebidas de chocolate mientras realizaban una tarea de memoria de distinta dificultad. Cuando la carga mental era mayor, percibieron con menor intensidad determinadas características del sabor.

Una serie no es igual que ver Instagram o TikTok

Importa el tipo de pantalla. Ver tranquilamente una serie no exige exactamente lo mismo que responder mensajes o deslizar continuamente vídeos de pocos segundos. El teléfono añade pequeñas decisiones: abrir una notificación, leer un comentario, cambiar de aplicación, responder o seguir desplazándose.

La investigación de la URJC, SEN y CIBEROBN destacó precisamente el papel dominante del móvil durante las comidas y su capacidad para fragmentar la atención. El estudio señaló además que solo una pequeña parte de los participantes realizaba sus comidas completamente libre de dispositivos.

Esto no convierte automáticamente a la televisión en una alternativa saludable. Una historia absorbente también puede distraer mucho. La cuestión principal es cuánto espacio de atención queda disponible para la propia comida.

Comer acompañado tampoco significa comer menos

Eliminar la pantalla no garantiza que se reduzca la cantidad ingerida. Las comidas en compañía pueden durar más tiempo y ofrecer más oportunidades de repetir platos. Es cierto que está asociado con una experiencia emocional más positiva y con una relación más consciente con el momento de la comida. La conversación parecía favorecer que comer dejara de vivirse simplemente como un trámite entre otras actividades.