La lucha de Jaime Lafita contra la ELA no para: "Aún queda mucho camino por recorrer"

A Jaime Lafita, de 61 años, le diagnosticaron ELA en 2016 y es el motor de la asociación dalecandELA
El dalecandELA Fest se celebrará del 20 al 22 de septiembre en el Puerto Viejo de Getxo
Todas las claves de la ley ELA: así va a cambiar la vida de 4.000 familias
Bilbao“Todo apunta a que pronto habrá una Ley ELA, lo cual debemos celebrar como un primer paso, necesario, pero no suficiente, pues aún queda mucho camino por recorrer, tanto para poner en práctica la Ley como para conseguir un mundo sin ELA”, admite Jaime Lafita, enfermo de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y motor de la asociación dalecandELA.
Desde este viernes 20 y hasta el próximo domingo 22, el Puerto Viejo de Getxo acoge la tercera edición del dalecandELA Fest, un festival que este año llega con la noticia de que pronto habrá una Ley ELA. Sin embargo, la lucha por visibilizar la enfermedad y reclamar mayor investigación y apoyo a quienes la padecen continúa.
En 2016 al vizcaíno Jaime Lafita el cuerpo comenzó a parársele a causa de la Esclerosis Lateral Amiotrófica, una enfermedad mortal, actualmente sin tratamiento efectivo ni cura, que afecta a la neurona motora. Tres años más tarde, sus síntomas eran ya tan visibles que Lafita decidió contar al mundo lo que le ocurría. Desde entonces, mientras la enfermedad avanza, él no ha dejado de luchar junto a la asociación dalecandELA para “combatir la enfermedad” y lograr mejorar la vida de quienes la padecen.

Ante la próxima aprobación de la Ley ELA, prevista en el Congreso el próximo 10 de octubre, Jaime admite que "hay que celebrarlo como un primer paso, necesario pero no suficiente". Su hijo Diego refrenda a su padre, “estamos satisfechos, pero con cautela”, porque “las compensaciones que contempla la ley son un alivio para las familias”, pero la lucha es que “esas ayudas lleguen cuanto antes”.
Morir para no asfixiar a sus familias
Diego sentencia que esta ley va a permitir “que las personas no tengan que decidir morir para evitar ahogar a sus familias”. En la fase más avanzada de la enfermedad, esa en la que son necesarios cuidados las 24 horas del día, cuando los respiradores son vitales y la tecnología se hace imprescindible para poder seguir comunicándose, muchas familias “se asfixian económicamente”: “¿Quién puede permitirse 80.000 euros al año para mantenerse con vida?”, se pregunta. De ahí, que algunos afectados de ELA piensen “para eso prefiero morir” y pidan la eutanasia. “Eso se tiene que acabar”, zanja.
