La mayoría de los animales provienen del tráfico ilegal, la cría en cautividad, el mascotismo y el abandono
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BilbaoUna iguana en el interior de un contenedor procedente de Colombia y descubierta a su llegada al Puerto de Bilbao. La Guardia Civil levantó el teléfono para solicitar ayuda a Karpín Fauna, "llegó en muy mal estado tras el largo viaje y aquí se recuperó". Markel Anton es el director de este centro de acogida animal, "que no de recuperación", de animales normalmente procedentes de incautaciones, cría en cautividad o abandono. Él mismo relata esa acogida urgente, ocurrida justo el año pasado, y rememora otras como la de "una serpiente de tres metros encontrada en las calles de Bilbao y que seguramente alguien había tenido en su vivienda, vete a saber en qué condiciones".
A pesar de su experiencia aún se sorprende de lo que es capaz de hacer el ser humano: cruces genéticos aberrantes, la compra de suricatos, "legal pero no ética hasta 2023", o la adquisición de serpientes gigantescas "a las que no se les va a poder ofrecer el espacio y los cuidados que necesitan". "¡Madre mía, pero cómo es posible!, exclama y añade "las leyes van tarde para los animales".
En mitad de un verde paraje vizcaíno, rodeado de montes y extensos prados salpicados de caseríos y pequeños pueblos, se levanta uno de los pocos refugios de fauna de diferentes especies tanto autóctonas como exótica, de todo el Estado. Al traspasar el muro de piedra que rodea la finca, en la que se encuentra Karpín Fauna, al visitante le asalta por un momento la sensación se estar en mitad de la jungla. Graznidos, chillidos, algún trino lejano evidencian que este lugar está lleno de vida, "tenemos más de 500 animales, la última en venir ha sido una loba que llegó desde Alemania el pasado mes de diciembre". Aquí, lo único que languidece es el palacio levantado por Hurtado Peña Chavarri, quien fuera propietario de esta finca centenaria y que seguramente vivió mejores tiempos.

Para que los lectores se hagan una idea, este centro podría ser una versión actualizada de la bíblica Arca de Noe. Un espacio en el que conviven protegidos distintos animales. Claro que mientras la versión bíblica buscaba garantizar la reproducción de las especies para evitar su extinción, aquí "no nacen animales, no criamos animales", porque "nacerían en cautividad y además, no tendríamos espacio suficiente", explica Markel Antón, director de Karpín Fauna.
La razón es que los residentes actuales de esta finca de impresionantes vistas han recalado aquí tras una vida complicada. Muchos de ellos víctimas del tráfico ilegal o la cría en cautividad; otros, abandonados y algunos más víctimas del mascotismo. "Los que llegan aquí lo hacen para el resto de su vida", puntualiza.
Pequeños sustos
En este centro, situado en el Valle de Karrantza, les cuidan y dan refugio conscientes de que no pueden ser devueltos a su hábitat, porque el ser humano les ha robado hasta su alma salvaje. "Procuramos que los animales dispongan de vegetación natural donde protegerse y refugios en los que cobijarse", explican. Esto no es un zoológico, por eso "las instalaciones de acogida están pensadas para que los animales se encuentren bien, no para que sean fáciles de ver y nunca interactuamos con ellos".

Entre los moradores de este parque hay lobos siberianos, osos pardos, una pantera nebulosa, guanacos, macacos o un aligator. Aquí todos tienen su nombre de pila, no en vano algunos de los mamíferos “viven aquí el doble de años que sobrevivirían en libertad”. Algunos de los moradores más antiguos del Karpín son ciervos y corzos que llevan desde que abrió el centro en 1995. Sus cuidadores humanos les alimentan y cuidan con esmero, tratando de revertir el daño causado por otros de su especie, “todas las noches los más peligrosos duermen en recintos cerrados”, el resto del día pasean “libremente”, dentro de los límites del espacio vallado.
A pesar de lo que pudiera parecer, los mayores sustos a lo largo de estos 31 años, los dan a sus cuidadores unos animales "bastantes pequeñitos", los Titis que son, según explica Markel, "unos pequeños primates muy territoriales" y han propinado "algún que otro mordisco en la oreja a los cuidadores cuando han entrado a limpiar la instalación".
Karpin Fauna es un centro de acogida de fauna silvestre, pero además aquí hacen una labor de educación y concienciación. Las historias de los animales, transmitidas a través de educadores e incluso de boca de sus propios cuidadores, permiten al visitante poner rostro y nombre de pila al drama de los animales condenados a vivir en cautividad, como es el caso de la pantera 'Kenya', el aligator 'Juantxo' o la lince boreal 'Lara', que apunto está de cumplir diez años en Karpín Fauna: "Nos consideramos muy afortunados por poder cuidar a Lara, pero ojalá nuestros caminos no se hubiesen cruzado nunca", porque por culpa del ser humano Lara está condenada, como millones de especies animales, a una vida muy alejada de lo salvaje, a una vida sin libertad.
Mantener un centro de este tipo implica unos "costes elevadísimos": en comida, cuidados y electricidad, "muchos animales necesitan calefacción hasta en verano", que se sufragan en parte gracias a que es propiedad de una administración pública, la Mancomunidad de Encartaciones, pero también a las visitas.
Bruno, Óscar y Cata, tres historias reales
El oso Bruno fue rescatado de un zoo o colección de animales privado que había en una planta de gestión de residuos entre Alicante y Murcia. Nació en una jaula en dicho lugar rodeado de basura y gracias a la intervención de voluntarios o asociaciones como FAADA o ANADEL se pudo detener una presunta venta de la cría de oso, que iba a ser utilizada posiblemente para grabaciones o espectáculos.
La historia del macaco Óscar, es la de otros muchos de su especie, localizado en el balcón de una vivienda, Óscar permanecía enjaulado en un espacio que "no llegaba a 1x1" y atado con un arnés. En este caso, "gracias también a las intervenciones siempre de personas voluntarias y la intervención de entidades como FAADA, se pudo dar una alternativa al animal".
Por su parte, la varano Cata fue localizada en una tienda de paquetería en Vitoria-Gasteiz cuando iba a ser enviada, presuntamente vendida, a otra provincia del estado. La caja se movía y los trabajadores decidieron llamar a las autoridades, que tras abrir la caja procedieron a realizar las respectivas investigaciones y denuncias y buscar un lugar de acogida urgente para el animal.

