Bilbao

Una comerciante de Bilbao sufre el robo de su bici y, un año después, Hans y Samba, dos migrantes africanos, le devuelven la sonrisa: "Hay gente buena en todas partes"

Judith, en la puerta de La Quesería, recibiendo su bici nueva de manos de Hans y Samba
Judith Rojas, en la puerta de La Quesería, recibiendo su bici nueva de manos de Hans y Samba.. Redacción Euskadi
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BilbaoHace un año, Judith Rojas de ‘La Quesería’ de Bilbao prometió recompensar, como no podía ser de otra manera, “con queso” a quien pudiera darle una pista que le permitiera recuperar su querida bicicleta robada, que era su medio de transporte pero también todo un símbolo de este local del Casco Viejo bilbaíno, ya que siempre estaba aparcada en su puerta, y "con la que hacía los repartos".

A plena luz del día, hace justo un año, alguien se llevó su "muy especial", ‘Winora Laguna’ de color cobre. A pesar de pedir ayuda a sus clientes y seguidores y “empapelar Bilbao” con la imagen de la bici, el “milagro” que esperaba Judith no ocurrió y la bici nunca ha vuelto a aparecer.

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La historia, sin embargo, tiene un final inesperado y feliz, pese a todo. Los responsables del giro de guion han sido Hans y Samba, un camerunés y un mauritano, que con ayuda de Gerard, otro camerunés, no han parado hasta encontrar la bicicleta perfecta, ponerla a punto y regalársela a Judith. Los tres forman parte de la asociación de inserción laboral, Bizieskola.

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Pedro Vallejo, impulsor de Bizieskola, llamó a Judith hace un año cuando se enteró del robo de su bicicleta. Querían donarle otra, "me pareció un detalle superchulo y me dio también un poco de apuro por eso propuse un trueque: la bici a cambio de unos quesitos", recuerda Judith que llegó a visitar el taller de Bizieskola, "aunque, en aquel momento, no había nada para mi". Después le han enviado algunas fotos más, aunque fue hace dos semanas, cuando por fin "nos donaron la bicicleta ideal para ella", relata Hans. Este camerunés de 36 años lleva los últimos cuatro formando parte del proyecto Bizieskola. "Es superbonita, la vamos a poner apunto y es tuya", le dijeron a Judith.

Hace dos semanas les donaron "la bicicleta ideal" para Judith, una bici holandesa negra de los años 70

Se trata de una bicicleta holandesa de color negro, "de los años 70" y cedida por la escuela de ciclismo Zorribike (Lezama, Vizcaya). Entre Hans y Samba, con la ayuda de Gerard, la han reparado con mimo, "estaba pinchada y con los frenos estropeados" y, hasta le han puesto “una cesta de mimbre, forrada con una tela de rayas,”, muy del rollo del local comercial del número 10 de la calle Jardines, "para que pueda seguir repartiendo sus quesos".

Quesos como agradecimiento

Judith ha pasado todo un año, "lamentando que sin su bici no podía hacer los mismos repartos que antes", pero tampoco se atrevía a comprar otra, por miedo a que de nuevo se la robaran. La desilusión se apoderó de ella. Hasta ahora, porque con el gesto de Hans y Samba, esta comerciante del Casco Viejo bilbaíno ha recuperado mucho más que una bicicleta: "Ha vuelto a sonreír", resume Hans.

En la fachada de 'La Quesería', junto al banquito de madera ya vuelve a lucir, aparcada y candada, una nueva bicicleta. Los clientes, los habituales del barrio pero también algunos turistas, que conocían la historia, no han dudado en "asomarse por la puerta para felicitarme y valorar que todavía hay gente buena", cuenta Judith que, como prometió, agradeció el gesto de Bizieskola con "unos quesitos".

Hans, Samba y Bizieskola

Obligados, como tantos otros, a abandonar su países "para poder vivir de una manera digna, sin miedo, con posibilidades de trabajar y desarrollarnos como personas”, esperan su regularización, aprendiendo un oficio en Bizieskola. Hans, tras cuatro años en el proyecto es el veterano "y jefe", apunta Samba que hasta dos meses, nunca había reparado una bicicleta y al que enseña los entresijos del oficio "mi amigo Hans".

En la tienda taller, ubicada en la plaza Moraza, Hans y Samba, junto a Gerard se encargan de recoger las bicicletas en desuso que los vecinos les entregan, ellos se encargan de la venta in situ, y de abonar al antiguo dueño lo estipulado. Aquí les dan una segunda vida, las rescatan de trasteros donde acumulaban polvo, las reparan y pasan a personas que puedan usarlas en su labor diaria, ir a trabajar, estudiar, compras, etc. ofreciendo a la ciudadanía la posibilidad de un cambio en la manera de moverse a diario más sostenible, ecológica y económica, apoyando la economía circular y local.

Además ceden bicicletas recuperadas a personas en riesgo de exclusión, migrantes, parados o estudiantes y dan clases para aprender a arreglar pinchazos, cambiar cubiertas, ajustar frenos y cambios, engrasar y limpiar la bicicleta. En estos seis años, el equipo de Bizieskola ha reparado ya más de 2.200 bicicletas. "Si te portas bien con la gente, seguro que habrá alguien que se porte bien contigo", resume Hans.