Orio y la legendaria pesca de la última ballena en el Cantábrico hace 125 años

Recreación de la última ballena capturada el 14 de mayo de 1901
Este 14 de mayo de 2026 se han cumplido 125 años de aquella captura de los guipuzcoanos, en el Golfo de Vizcaya.. Orio Arraunketa Elkartea
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San SebastiánEste jueves, 14 de mayo de 2026, se han cumplido 125 años de la captura de la última ballena de la costa vasca en Orio. Un aniversario que este año la localidad guipuzcoana celebra por todo lo alto con la organización de diversos actos.

El ‘Balearen eguna’ o Día de la Ballena, se celebra cada cinco años, y este sábado 16 tendrá su jornada más especial con un amplio programa de actividades entorno a este acontecimiento. Como broche final a los actos conmemorativos, el domingo 17 a las 20:00 horas el polideportivo Karela acogerá un homenaje a Benito Lertxundi de la mano de la Orquesta Sinfónica Incarnatus y un coro infantil.

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Una oportunidad para recordar la captura de la última ballena en el Cantábrico, el 14 de mayo de 1901. Aquel día, de hace 125 años, los arrantzales de Orio pasarían a la historia por ser los últimos en pescar una ballena vasca o ‘eubalaena glacialis’, en el mar Cantábrico. La pesca de este gran cetáceo había tenido una notable importancia económica en los pueblos de la costa vasca y guipuzcoana.

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Aquella ballena simboliza el final de toda una época, una en la que las ciudades se iluminaban con el aceite producido por la grasa de ballena, y en la que que los corsés de las damas se fabricaban con varillas hechas de barbas de ballena.

Ungüentos hechos con esperma de ballena

Hay un dicho que reza que del cerdo se aprovechan hasta los andares, algo parecido ocurría con las ballenas que los pescadores vascos cazaban, sobre todo, en los siglos XV y XVI. De aquellos grandes cetáceos que capturaban en Terranova y Canadá se aprovechaba desde las barbas para confeccionar prendas de ropa, a los huesos para construcción, pasando por la grasa de la que se obtenía el saín, un combustible que servía para alumbrar, la carne, muy demandada en Francia, y hasta el esperma para elaborar ungüentos.

Los arrantzales vascos de la época tenían fama de ser de los más habilidosos de Europa en el cuerpo a cuerpo con las ballenas. Así, desde los puertos de municipios vascos, como Orio, zarpaban todos los años un puñado de embarcaciones, con casi un centenar de marineros a bordo cada una, a la pesca de la ballena. Partían de sus casas al inicio de la primavera y en muchos casos no volvían a ellas hasta bien entrado el invierno.

Las ballenas se pescaban con arpón y eran necesarias tres embarcaciones con seis marineros cada una para rodear y dar muerte a cada una de ellas y otras dos más para transportarlas a tierra. Una vez en tierra, se cortaban en trozos y se cocían para obtener un preciado aceite denominado ‘sain’. Con el dinero obtenido por la venta del aceite que podía transportar cada uno de estos grandes barcos se podían adquirir, en aquel entonces, dos galeones.