El establecimiento abrió sus puertas hace 31 años y su clientela ha sido toda la vida, gente local
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San SebastiánEl calor fríe, literalmente, Donostia estos días, pero nada achanta a los turistas que aguantan, estoicos, largas colas ante el Bar Antonio de la capital guipuzcoana para probar uno de sus laureados pintxos de tortilla de patata.
Son las 12 del mediodía y una decena de personas, la mayoría turistas extranjeros, esperan su turno en la acera de la calle Bergara, junto a la Avenida de la Libertad.
El fenómeno no es nuevo y en otros establecimientos, como en La Viña, hay que resignarse a hacer fila india para degustar su famosa tarta de queso después de que hasta los 'free tours' la hayan incluido en sus recorridos por Donostia.
Llegan los turistas y los clientes habituales se alejan
Lo curioso del caso, es que el Bar Antonio no es un local nacido al calor del boom turístico, sino un establecimiento hostelero que lleva 31 años abierto, en San Sebastián y al que hasta hace poco, acudían clientes locales, la mayoría, vecinos y trabajadores de comercios y oficinas próximas.

Y aquí, entra en juego la magia o el maleficio, según se mire, de las redes sociales y de la Inteligencia Artificial (IA), porque las recomendaciones gastronómicas de algunos influencers y los listados de las herramientas basadas en IA han encumbrado la tortilla de patata del Bar Antonio como “la mejor de Donostia”, la califican de “icónica” y de ella destacan que es “cremosa” y “adictiva”.
“Nosotros dos ya la hemos probado y es una pasada, pero hemos vuelto con una amiga que está de visita y que quería también probarla”, explica uno de los pocos que habla castellano, en la cola que se ha formado ante el número 3 de la calle Bergara.
Sea como fuere, lo cierto es que muchos visitantes han incluido este céntrico bar en su ruta por San Sebastián, como “parada obligatoria” y, de ahí, las largas colas. La pena es que, casi al mismo ritmo que los viajeros llegan atraídos por las reseñas hasta el Bar Antonio, muchos clientes habituales del local se ven obligados a dejar de acudir porque las esperas se vuelven infinitas y el producto se agota antes de tiempo: “Se confirma nos hemos quedado ya para siempre sin su pintxo de tortilla”, lamenta uno de ellos.

