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Bego Alday, primera persona del mundo en cruzar a nado las gélidas aguas del Estrecho de Magallanes, en pleno invierno: "Pues, no he sufrido tanto"

Tras conquistar la Artic Ultra y ser la primera mujer en completar un IronMan en la Antártida, ahora sueña con cruzar el Estrecho de Bering.. Redacción Euskadi
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BilbaoLa atleta vasca Begoña Alday ha regresado a Euskadi tras lograr culminar su último reto extremo y ha retomado su rutina, casi como si hace apenas dos semanas no hubiera vuelto a hacer historia, convirtiéndose en la primera persona en cruzar a nado, de orilla a orilla, el Estrecho de Magallanes, en pleno invierno. Una gesta nunca antes intentada por nadie en España, ni hombre ni mujer, y que siempre hasta ahora se había acometido en verano. “Soy la primera en hacer esta ruta entre el océano Pacífico y el Atlántico en invierno” y lo ha logrado después de conquistar la Artic Ultra y de convertirse en la primera mujer en completar un IronMan en la Antártida.

Seis kilómetros de trayecto que las corrientes, “de las más extremas y peligrosas del mundo”, podían aumentar a ocho, en unas aguas gélidas que “apenas alcanzan los 4 °C”, habrían bastado para echar atrás al común de los mortales, pero Begoña tiene alma de aventurera, como ha demostrado en los reiterados desafíos deportivos a los que se viene enfrentando, y pensó “bueno, vamos a probar”.

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La baza de la deportista contra la hipotermia, amén de su experiencia y de haber soportado en la Antártida temperaturas de -1,5 ºC, era el traje de neopreno de cinco milímetros, diseñado por ella misma y que “me confeccionaron a medida, en Zarautz”.

"No busco una marca, prefiero disfrutar de la aventura"

Pero su mayor enemigo en este reto no era solo el frío, sino las corrientes. Por eso, esperó el momento óptimo, justo en la ventana de dos horas que se abre en el Estrecho de Magallanes con el nombre de Estoa, durante la que la corriente marina se calma. Le bastó una hora y 54 minutos para recorrer a nado la distancia entre las dos orillas. Acostumbrada como está a poner el cuerpo al límite, al llegar su primer pensamiento fue “pues, no he sufrido tanto”, recuerda entre risas.

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Por el camino, durante los seis kilómetros a nado en aguas heladas y sorteando corrientes, esta triatleta que además es Marino Mercante, mantuvo su mente ocupada. “Antes planifico lo que voy a pensar en cada tramo del recorrido”, así cada 500 metros su reloj, programado para vibrar, es la señal para empezar a pensar “sobre todo en temas de la infancia”, no se trata, según dice con humor, “de ir haciendo ecuaciones, pero durante esos tres minutos igual voy recordando los nombres de mis compañeros de colegio por orden alfabético”.

A Bego, le gusta romper moldes y se descuelga de la tendencia actual de muchos participantes en pruebas deportivas extremas que “se alojan en hoteles como turistas” y que “solo buscan una marca”, ella prefiere “buscarse la vida” y conocer de cerca el entorno y a sus gentes, “me apasiona la aventura”, cuenta.

"Va a ser que no somos tan débiles..."

Desde que una idea empieza a gestarse en su cabeza hasta que se materializa pueden pasar años, pero ella disfruta tanto de ese proceso, que se inicia “mirando un mapa del Estrecho de Magallanes desde mi casa en Bilbao”, como con el momento de ejecutarlo. Entre sus desafíos pendientes está cruzar el Estrecho de Bering, un brazo de mar que separa Siberia de Alaska: “Lo he ido posponiendo” por razones económicas, físicas, de papeleo, pero “lo tengo guardado en un sitio de mi cabeza y no lo olvido”. Tal vez, 2027 sea el año para poder materializarlo.

Begoña cuestiona los roles tradicionalmente asociados al deporte de resistencia, la aventura y la exploración. Así asegura que la mayor capacidad de sufrimiento de las mujeres no es solo una cuestión mental, “físicamente aguantamos mejor las temperaturas frías y tenemos una mejor capacidad de resistencia”. “Va a ser que no somos tan débiles como siempre se nos ha querido hacer creer”, zanja.