Una antigua viña reconvertida en cementerio en la Rioja Alavesa: así arranca esta ruta por los camposantos más singulares de Euskadi
Cementerios vascos con diseños singulares, historias sorprendentes y moradores siniestros
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Vitoria-GasteizEl silencio de sus moradores, la evidencia de nuestra propia mortalidad y el recuerdo constante del dolor por la pérdida, convierte a los cementerios en espacios poco populares, tristes y muchas veces, lúgubres. Están ahí, no hay pueblo por pequeño que sea que no tenga el suyo, pero durante la mayor parte del año, el común de los mortales les prestamos, digámoslo así, poca atención.
En vísperas de la festividad, el próximo 1 de noviembre, de Todos los Santos proponemos un recorrido por algunos de los camposantos más singulares que salpican la geografía vasca. Por estos lares, se emplea la palabra, en euskera, ‘hilerria’, el pueblo de los muertos, y como ocurre en los pueblos de los vivos, tampoco en estos hay dos iguales.
Desde un cementerio ateo erigido en una antigua viña en Rioja Alavesa, a un camposanto rodeado de edificios, bares, y tiendas en Vitoria; pasando por un cementerio escondido durante años por la vegetación en Donostia y otro que parece sacado de la misma Italia, pero está en Vizcaya.
Un cementerio ateo en una viña
¿Se imaginan descansar eternamente en una viña? En Villabuena de Álava, el agricultor Joseba Ibánez creó hace ya varios años ‘Ibaola Harriak’, un cementerio no católico que plantea un rito funerario inspirado en lo ancestral. En el lugar elegido, una antigua viña que se dejó secar, a kilómetro y medio del pueblo, no hay crucifijos, tumbas, nichos ni panteones. Nada que haga referencia a un camposanto católico, porque no lo es.
Se trata de un cementerio ateo o pagano, en el que las ‘hillariak’, piedras de entre uno y dos metros de altura, se convierten en el lugar en el que depositar las cenizas de los fallecidos.

‘Ibaola Harriak’ es un cementerio diferente, una alternativa a los numerosos cementerios católicos. Lejos de ángeles erigidos en piedra y reverdecidos por el musgo, de tapias que disputan en altura con los sempiternos cipreses circundando el recinto y del halo de tristeza que emanan, muchas veces, los camposantos tradiciones, éste de Villabuena invita al sosiego y a la meditación, en plena comunión con la naturaleza.
Historia negra
Habitualmente, los cementerios se ubican a las afueras de los núcleos urbanos, pero en Vitoria el crecimiento de la ciudad terminó dejando uno de sus dos camposantos completamente integrado en la ciudad. Se trata del cementerio de Santa Isabel inaugurado en el siglo XIX y que sigue recibiendo últimos moradores, eso sí, solo a los que ya cuentan con un panteón en el, porque el cementerio no puede expandirse más allá de sus verjas, al otro lado residen y muy cerca, los vivos.
Con sus 56.074 metros cuadrados, el cementerio de Santa Isabel cuenta con cientos de panteones neogóticos y modernistas, 42 capillas-panteón y decenas de criptas.
Pero a su insólita ubicación, rodeado de bloques de viviendas, comercios y bares; a su valor histórico y aquitectónico; y a contar entre sus moradores, con personales ilustres de la ciudad y la provincia, este cementerio forma parte de la leyenda negra local, ya que aquí se encuentra enterrado Juan Díaz de Garayo, conocido como 'El Sacamantecas', uno de los asesinos en serie más escalofriantes de la historia criminal de España.
Un ‘cemetery’ en las faldas del Monte Urgull
Durante años la falta de mantenimiento y el paso del tiempo llevó al conocido como Cementerio de los Ingleses de San Sebastián a ser prácticamente devorado por la vegetación del Monte Urgull. Sin embargo, hace dos años se procedió a la mejora paisajística de este lugar en el que fueron enterrados los soldados ingleses de la Legión Auxiliar Británica que perdieron la vida, a muchos kilómetros de sus casas, defendiendo Donostia y el régimen liberal frente a los carlistas.

Entonces, en la capital guipuzcoana solo había un camposanto y no contaba con espacio para dar sepultura a fallecidos no católicos. De ahí, que los soldados de la Legión Auxiliar Británica que perdieron la vida en Donostia fueran enterrados en mausoleos y lápidas que, desde esta privilegiada situación, parecen mirar al mar.
Un espacio único y circular
Todos los cementerios que hemos visitado hasta ahora, son únicos. Bien por su concepción no religiosa, por su valor artístico, por la historia negra de alguno de sus moradores o por la nacionalidad de los mismos. Lo cierto es que este último camposanto en el que nos detenemos en estas líneas, es también único. Se trata del único cementerio circular del País Vasco, repartido en diferentes parcelas en las que las estelas funerarias nos indican el caserío al que pertenecen.

El emblemático cementerio de Apotzaga en Eskoriatza (Gipuzkoa) fue construido en la década de 1960 en una zona rodeada de montes. Protegido por un pequeño muro de piedra, guarda en su interior una meticulosa organización con elementos como cruces, pilas bautismales y esculturas de carácter religioso. Este cementerio de forma circular se encuentra dividido en 4 apartados. En cada uno de ellos se encuentran las parcelas de 5 caseríos. En cada una de estas parcelas existe una estela funeraria con el nombre del caserío. En la puerta del cementerio se puede leer la inscripción, en euskera, “Gero Arte”, que significa hasta luego.
Parece Pompeya, pero es Euskadi
El cementerio municipal de Markina-Xemein, en Vizcaya, se construyó adosado a la iglesia de Santa María y se organiza como una villa rural grecorromana: en torno a un patio con un espacio porticado. Un eje longitudinal divide el recinto y pone en comunicación la portada con la capilla.
Su diseño neoclásico, inspirado en las antiguas necrópolis romanas, lo ha convertido en un referente patrimonial en Euskadi. Fue construido en 1.851 y es una de las mejores obras clasicistas del territorio. Es un recinto neoclásico con elementos neogriegos y neoegipcios. El Cementerio Municipal de Markina-Xemein está declarado Monumento Nacional de Euskadi por su singular diseño neoclásico y su valor histórico. Su estructura porticada, inspirada en modelos romanos, lo convierte en una de las necrópolis más singulares y reconocibles del país.
