MODA Y LONGEVIDAD

Una residencia de Vigo rompe estereotipos de moda con un calendario muy “cool” con los usuarios del centro como protagonistas

Imagen de noviembre del calendario anual 2026
Imagen de noviembre del calendario anual 2026. CEDIDA
  • Prendas guardadas durante años han servido a los usuarios de la residencia Doral de Vigo para construir un relato colectivo sobre memoria y cambios sociales

  • Hemos hablado con el director del centro, Manuel Añón Gómez que nos cuenta cómo ha sido el proceso creativo y “la ilusión” con la que se hace

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Galicia es una de las regiones del mundo con mayor esperanza de vida, situándose tan solo un punto por detrás de Japón, donde la media está en 84 años. Y esto no es fruto del azar sino de una forma de vivir en la que la alimentación, el ritmo de vida pausado y los lazos familiares son muy importantes, pero no lo es todo.

En el manual de longevidad de los gallegos y gallegas entra en juego otra variable muy importante: según los expertos, una de las claves de la superlongevidad radica en mantenerse activo, con inquietudes y con la mente despierta. Ese espíritu es el que se refleja en el día a día de la residencia Doral de Vigo que, desde hace 12 años, apuesta por la creatividad como herramienta de bienestar a través de un proyecto tan original como consolidado: la elaboración de un calendario anual protagonizado por los propios usuarios del centro, en el que también participan personas con discapacidad.

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La última edición de este calendario pone el foco en el mundo de la moda y vuelve a romper estereotipos ligados a la edad. Desde octubre hasta diciembre, los y las residentes se han convertido en modelos, posando con actitud, elegancia y personalidad, en una experiencia que ha ido mucho más allá de la fotografía. El proceso creativo, estimula la memoria, la imaginación y el trabajo en equipo, al tiempo que refuerza la autoestima y el sentimiento de pertenencia, y eso, se nota, vaya si se nota, sobre todo en el resultado final, que no ha podido gustar más.

Imagen de junio del calendario anual 2026, dedicado a las minifaldas
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La moda como testigo del paso del tiempo

Las imágenes que dan forma al calendario de este año muestran minifaldas, símbolo de emancipación femenina, vaqueros que trajeron comodidad y aire moderno, pantalones de campana, chaquetas de cuero, chándales, hombreras o pamelas. Cada prenda remite a un momento concreto del pasado, y refleja cambios sociales y culturales que la mayoría vivieron en primera persona.

“No hay mejores testigos del paso del tiempo que nuestros propios residentes”, afirma Manuel Añón, director del centro en Vigo. Así comenzó la búsqueda de prendas que abarcan más de cien años de historia, desde la época en la que el corsé marcaba la silueta femenina hasta el actual “All Style”, una etapa en la que conviven múltiples formas de vestir y en la que la identidad personal está por encima de cualquier norma.

Y no hubo que tirar la casa por la ventana: la ropa la sacaron de sus fondos de armario, mientras que las fotografías corrieron a cargo de Amaya, familiar de uno de los residentes. Su cercanía y el vínculo previo con ellos facilitan cada año “un ambiente de confianza y naturalidad” que se nota en sus caras. Esa complicidad es la que permite que afloren recuerdos y emociones, convirtiendo el calendario en algo más que una sucesión de imágenes: un auténtico archivo emocional compartido que luego los familiares “conservan como si fuese un álbum”, detalla Añón.

Imagen de abril del calendario anual 2026, con el cuero como protagonista

"Algo que fuese útil todo el año"

A lo largo de más de una década, en concreto desde el 2014, el calendario se ha reinventado año tras año con temáticas tan diversas como los oficios tradicionales o la pintura, siempre con un objetivo común: mantener la mente activa y las ganas de crear intactas.

Añón Gómez, que aparte de director de la residencia es uno de los precursores de la iniciativa, explica a Informativos Telecinco que tradicionalmente hacían postales navideñas, de las que se elegían las más originales y creativas para felicitar las fiestas a familiares e instituciones. Pero el temor a que sus creaciones acabaran olvidadas en un cajón o, peor aún, en la basura, los llevó a pensar en “algo que fuese útil todo el año, y de ahí surgió la idea del calendario”, explica.

El nuevo encargo cumplía ese objetivo: “Les encanta verse reflejados en el calendario y además, como aparecen todos los cumpleaños, les hace especial ilusión”, señala Añón.  Y es que el calendario no es solo un elemento decorativo, también es un objeto de uso diario pensado y diseñado para ellos, por lo que se cuidan aspectos prácticos como una tipografía grande y clara o espacios para anotar citas y recordatorios. La esencia del proyecto es que los residentes ocupen el centro de la escena: cada mes aparecen quienes celebran su cumpleaños y una pequeña estrella señala el día de aquellos que han superado los cien años, un motivo más para levantarse cada día con ilusión y ganas de vivir.