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Elena Martínez, la oceanógrafa gallega que convierte las algas en productos agrícolas, reconocida por la lista Forbes:  “Fue muy inesperado"

Elena Martínez, emprendedora gallega en una playa con sargazo en la República Dominicana
Elena en una playa de la República Dominicana. CEDIDA
  • Elena acaba de ser reconocida en la lista Forbes como una de las emprendedoras más destacadas de menos de 30 años

  • Su proyecto busca convertir las algas invasoras en materias primas para la industria agrícola

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VigoDesde su Ourense natal, pasando por Vigo, Valencia y Francia hasta la República Dominicana. Así ha sido el viaje vital y emprendedor de Elena Martínez, una joven oceanógrafa de 27 años, que estudió en la Universidad de Vigo y que se dedica a la recolección del sargazo y a su conversión en un producto agrícola, para darle valor a esta alga invasora que llega a las playas caribeñas. Su proyecto la ha llevado a ser destacada como unas las emprendedoras de referencia en la Lista Forbes para menores de 30 años, los “30 under 30”. 

Elena estudió oceanografía en la Universidad de Vigo, y al terminar hizo un máster en biotecnología marina, en Valencia, y otro en la Rochelle, en Francia. Tras acabar de estudiar conoció al que ahora es su “cofundador” Andrés, con que le ha creado dos empresas, “SOS Carbon” dedicada a la extracción de sargazo en las costas de ese país y otra centrada en su aprovechamiento, y “Sos Biotech”, con la que desarrollan productos agrícolas, bioestimulantes, a partir de las algas.  "Durante la carrera, yo había hecho el trabajo de fin de grado sobre la extracción de compuestos antibióticos de algas” recuerda y en ese ámbito, es donde trabajan ahora: “Me parecía interesante buscar la convergencia perfecta entre las dos especialidades que yo había estado llevando, que eran las algas y la valorización de los residuos, y allí me fui”. Y así arrancó su aventura dominicana esta gallega, hace algo más de tres años. 

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Alga recolectada por los pescadores en República Dominicana

Su proyecto pretende, “por un lado solventar el problema del sargazo en esas costas”, Pero además “lo convierte en una oportunidad”, como explica Elena.  “Las algas invasoras no se consideraban como posibles recursos para la industria de las algas, simplemente por tener esa categorización de residuos”, recuerda, pero ellos quisieron darle un valor, convirtiéndolas en “materias primas”.  

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Los pescadores locales recogen el sargazo para procesarlo después

Pero antes había que recogerlas: “Por mucho que quieras valorizarlo, hay que recolectarlo primero”, recuerda, y por eso arrancaron primero con esta parte, “para que el sargazo no llegue a la playa, y no se acumule”. 

De la recogida, se encargan los propios pescadores locales, a través de un  Módulo de Recolección Litoral, una tecnología que funciona como una silla de caballo, y que, además, se puede montar en cualquier tipo de barco artesanal pesquero. Así, los pescadores pueden transformar su pequeña embarcación en una recolectora de sargazo. Ellos son los primeros que ven afectados por la invasión del alga y supervisan el proceso, para que no haya ningún impacto ambiental.  Una vez recolectado, se genera una gran cantidad de biomasa “que la gente lo considera residuo, pero realmente es algo que no teníamos la creatividad para darle un uso”.

A partir de ese momento, el siguiente paso fue darle valor, “fue cuando empezamos a extraer los compuestos activos a formular productos para el mercado”, explica Elena. Esos compuestos presentes en las algas invasoras las ayudaban a resistir a condiciones complicadas y crecer muy rápido, “y ahora podemos utilizar esos mismos compuestos para beneficiarnos para nuestros cultivos, utilizándolos también para que crezcan más rápido los cultivos, o para cosmética, donde hemos visto que ayudan a la regeneración celular”.  "Todo lo que hace a las algas invasoras problemáticas es también lo que a nosotros nos genera grandes beneficios, si se saben aprovechar", detalla.

El proyecto ha recibido reconocimientos internacionales tanto del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), como de la Fundación Rockefeller o de la Fundación Príncipe Alberto II de Mónaco. Ahora, acaba de ser distinguida en la lista de Forbes “30 Under 30”, donde se reconocen iniciativas emprendedoras para jóvenes que aún no han cumplido los 30. 

 “Fue muy inesperado, pero me animaron a aplicar, porque no es solo algo para millonarios, relata, ya que se incluyen diferentes categorías. Elena se encontró de sorpresa con su nombre destacado en esa lista. “Los reconocimientos no valoran cómo de bien o mal haces tu trabajo, porque muchísima gente haciendo trabajo maravilloso que no tiene reconocimiento, pero sí que es verdad que ayuda mucho, te dan visibilidad y es la forma que la gente también conozca que existe lo que haces”, confiesa.  

Elena Martínez presentando su proyecto en un Congreso

Elena ha descubierto en estos años una República Dominicana “muy diferente” a la que podemos imaginar como destino vacacional, “es un país muy agradable para vivir”. Ahora, el siguiente paso es implantar su modelo de negocio en España. Para ello, pasa estos meses trabajando con una aceleradora empresarial en Galicia, la Business Factory ClimaTech, para trasladar el concepto a las algas invasoras atlánticas, manteniendo su apuesta: “Nuestra idea es eliminar la línea tan fina que existe entre residuos y materia primas”, recuerda. 

Elena, con un grupo de pescadores dominicanos que participan en el proyecto recolectando las algas

 Elena además también quiere que este viaje empresarial “de vuelta” sea un gesto de gratitud. Recuerda que estudió en Galicia, “en la Universidad pública” y esta sería una manera de devolver todo lo que ha aprendido, a través del conocimiento y la investigación, “y Galicia es un gran mercado”.