Narcotráfico

El narcotráfico gallego se vuelve más violento: armas, mafias internacionales y desapariciones en el mar

Las nuevas mafias del nacotráfico en Galicia elevan la tensión en las rías. TELECINCO.ES
  • La llegada de organizaciones internacionales que transportan sus propios cargamentos ha cambiado las reglas del narcotráfico y aumentado la presencia de armas en las operaciones

  • Los investigadores mantienen abiertas varias hipótesis sobre el cadáver localizado en Muros, los bidones de combustible aparecidos en la costa y las posibles desapariciones de vecinos de O Salnés

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El negocio de la droga en Galicia atraviesa una etapa de transformación en la que las organizaciones tradicionales conviven con grupos internacionales cada vez más presentes en las operaciones marítimas y terrestres. La Policía detecta una mayor circulación de armas entre los narcotraficantes, mientras que las investigaciones sobre determinados episodios ocurridos en la costa vuelven a poner el foco en los riesgos que rodean al transporte de grandes cargamentos por mar. La competencia entre organizaciones, la protección de la mercancía y la aparición de nuevos intermediarios dibujan un escenario más complejo y potencialmente violento.

Uno de los cambios que más preocupa a los investigadores es precisamente la presencia de armas de fuego en manos de los integrantes de estas redes. Ya no se trata únicamente de instrumentos para intimidar o proteger almacenes: los expertos policiales advierten de que algunos traficantes están dispuestos a utilizarlas cuando consideran que sus cargamentos o sus intereses económicos están amenazados.

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Esta nueva tónica la vemos en operaciones recientes, como la desarrollada en Vigo y Ponteareas, en la que la Policía Nacional detuvo a seis personas y desarticuló una organización dedicada a distribuir cocaína y hachís. Durante las actuaciones se intervinieron cerca de 670.000 euros en efectivo, más de 19 kilos de hachís, un kilo de cocaína y diferentes armas y elementos de munición. Entre el material localizado figuraban una pistola cargada y 69 cartuchos del calibre 9 milímetros Parabellum. Parte del dinero estaba escondido en un vehículo y distribuido en paquetes envasados al vacío.

La llegada de mafias internacionales cambia las reglas del negocio

Detrás de esta evolución, los especialistas sitúan la creciente participación de organizaciones extranjeras en las rutas de entrada y distribución de estupefacientes. Durante décadas, los clanes gallegos tuvieron un papel protagonista en el transporte de droga por vía marítima. Sin embargo, el panorama se ha diversificado con la incorporación de grupos procedentes de Albania y otros países del este de Europa, además de organizaciones sudamericanas.

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La diferencia fundamental está en la manera de trabajar. Mientras que algunos transportistas tradicionales prestaban sus servicios a otras organizaciones a cambio de una cantidad pactada, determinados grupos internacionales buscan controlar más fases del negocio. Compran grandes cantidades de droga en origen, organizan su traslado y participan directamente en la recepción de los cargamentos, reduciendo así la dependencia de intermediarios.

Los grupos albaneses han conseguido establecer redes de colaboradores en diferentes puntos de Europa y también en Galicia. Su actividad no se limita necesariamente al transporte de mercancía ajena: en determinados casos custodian cargamentos adquiridos con su propio capital, lo que explica la importancia que conceden a su protección.

En paralelo, organizaciones colombianas y otros grupos procedentes de países latinoamericanos intentan ganar terreno en las rutas de distribución. Peruanos, venezolanos y dominicanos también aparecen entre las nacionalidades vinculadas a estas nuevas estructuras. La intención de controlar más eslabones de la cadena responde a una lógica económica: evitar intermediarios permite aumentar los beneficios y reducir los costes del transporte.

Esta convivencia de grupos con intereses propios también incrementa los conflictos. Los expertos policiales describen un escenario en el que las organizaciones pueden competir por los cargamentos, desconfiar unas de otras e incluso intentar apropiarse de mercancía ajena. En ese contexto, las armas adquieren un papel especialmente relevante como herramienta de protección y disuasión.

Un cadáver en Muros y bidones de combustible bajo investigación

Los sucesos en el mar han vuelto a cobrar protagonismo en las últimas semanas tras varios episodios registrados en la costa gallega. Uno de los más llamativos fue el hallazgo del cuerpo sin vida de un vecino de Vilanova de Arousa, de 36 años, en una playa de Esteiro, en el municipio de Muros. Su muerte está siendo investigada por la Guardia Civil, que trata de esclarecer las circunstancias en las que se produjo.

Este hallazgo coincidió con la aparición de numerosos recipientes de combustible en distintos puntos del litoral. En la playa de Ancoradoiro, en Carnota, fueron localizados 17 bidones, mientras que en la ría de Vigo se recuperaron decenas de garrafas que flotaban en el agua. Los recipientes presentaban características similares a los que habían sido intervenidos días antes por la Guardia Nacional Republicana portuguesa durante una actuación contra una embarcación vinculada al narcotráfico en Esposende.

La coincidencia ha llevado a los investigadores a examinar una posible relación entre los diferentes episodios y alguna operación de transporte de droga por mar. La hipótesis todavía debe confirmarse y no existe, por el momento, una conclusión oficial que permita atribuir el fallecimiento del hombre a una actividad delictiva.

La investigación también ha puesto el foco en la posible ausencia de otros vecinos de O Salnés. Algunas informaciones apuntaron a que tres personas podrían llevar varios días sin ser localizadas, aunque la Guardia Civil señaló que no constaban denuncias formales por desaparición.

Una década de desapariciones rodeadas de incógnitas

El episodio de Muros vuelve a recordar otros sucesos ocurridos en aguas gallegas durante las últimas décadas. Algunos terminaron en naufragios, otros en desapariciones sin que llegase a recuperarse ningún cuerpo y varios quedaron rodeados de sospechas sobre una posible relación con operaciones de narcotráfico.

Uno de los antecedentes más antiguos se remonta a abril de 1996, cuando un pesquero naufragó frente a Fisterra durante las celebraciones del Cristo. Sus cuatro ocupantes desaparecieron en el mar, aunque posteriormente se recuperó el cadáver de uno de ellos, un joven de 15 años. Entre los tripulantes había un hombre que estaba pendiente de ser juzgado por un delito de narcotráfico. Pese a las especulaciones que surgieron entonces, no quedó acreditado que el accidente estuviese relacionado con una descarga de droga.

Otro caso tuvo lugar en octubre de 2004. Una potente embarcación que había partido de Southampton se hundió a unas 15 millas de la isla de Sálvora. Uno de sus ocupantes, vecino de Cambados, murió ahogado, mientras que el segundo tripulante nunca llegó a ser localizado. Las circunstancias del viaje despertaron sospechas por tratarse de una travesía de gran dificultad realizada en pleno otoño, aunque tampoco se pudo establecer una conexión judicial con el narcotráfico.

Más recientemente, la desaparición de Ismael Dios volvió a mostrar el lado más dramático de estas operaciones. El joven había embarcado en un narcovelero que cruzó el Atlántico para recoger varias toneladas de cocaína. Durante el regreso, en el verano de 2021, desapareció de la embarcación, que posteriormente volvió a Galicia sin él. Su familia ha mantenido durante años la incertidumbre sobre lo ocurrido, pero la investigación no consiguió esclarecer su desaparición.