Situación social crítica y más represión política: el cóctel perfecto para una nueva revuelta en Túnez
El régimen se emplea a fondo deteniendo magistrados, periodistas, empresarios y políticos opositores. El sábado expulsó del país a una líder sindical europea por participar en las protestas en la ciudad de Sfax
La UGTT, principal sindicato de Túnez, otrora favorable al autogolpe de Saied en 2021, protagoniza una demostración de fuerza contra el presidente en las calles de las principales ciudades
El país magrebí espera de manera desesperada un crédito del Fondo Monetario Internacional que alivie una situación financiera crítica
RabatCuando parecía que no cabía mayor erosión al sistema constitucional tunecino, con sus acciones en estas primeras semanas del año el presidente de la República, Kais Saied, está demostrando que el daño para la estructura institucional de su país puede ser definitivo. Tras haber disuelto el Parlamento a finales de marzo del año pasado, ocho meses después de haber acabado con su actividad, y gobernar desde entonces a golpe de decreto, con una nueva Constitución hecha a su medida y una Asamblea recién electa sin partidos, para “salvar” la democracia y enderezar el rumbo de la economía, el mandatario se emplea a fondo, cada vez con menos escrúpulos, contra todo elemento que se interponga en su camino.
Este mes de febrero la cruzada del presidente en aras de depurar el país de elementos nocivos ha tenido como objetivo a magistrados, empresarios, periodistas, líderes sindicales y políticos opositores, con los islamistas del partido Ennahda a la cabeza. En tres días el régimen detuvo a diez destacadas personalidades, entre ellas Noureddine Boutar, director general de la radio Mosaique FM, una de las principales emisoras de Túnez, y el exministro de Justicia y vicepresidente de Ennahda –primer partido del disuelto Parlamento democrático tunecino-, Noureddine Bhiri y al empresario cercano al ex dictador Zine el Abidine Ben Ali, Kamel Eltaief, amén de a dos de los 57 magistrados inhabilitados por Saied en junio pasado. En diciembre las autoridades tunecinas ya detuvieron, al acusarle de enviar yihadistas a Siria, al ex primer ministro Ali Laarayedh, también perteneciente a la formación islamista liderada por el veterano Rachid Ghannouchi, quien tampoco se ha librado de las investigaciones judiciales.
Pero una parte de la sociedad tunecina comienza a movilizarse. El rechazo a los métodos autocráticos del profesor de Derecho Constitucional encuentra terreno abonado en un profundo malestar derivado de una situación socioeconómica crítica desde hace meses. En solo unas semanas el mandatario ha relevado a sus ministros de Educación, Agricultura y Exteriores. Desde Mosaique TV se advierte al presidente de que “no hay intención de cambiar de línea editorial”. A mediados de enero, el Frente de Salvación Nacional, principal plataforma que agrupa a los partidos opositores al presidente, ya exhibió músculo en la calle para exigir la dimisión de Saied.
La última de las grandes protestas se produjo el pasado sábado, cuando varios miles de simpatizantes del principal sindicato de Túnez, la UGTT, se echaron a la calle en ciudades de distintas regiones del país, entre ellas Sfax o la propia capital, contra la política económica y los “ataques a las libertades” protagonizados por el presidente Kais Saied.
Los convocantes de las protestas alertan de que el acuerdo con el FMI que las autoridades tunecinas negocian supondrá nuevas medidas de austeridad, como la retirada de los subsidios a productos básicos, para una población ya muy golpeada y que ha sufrido la carestía y la escasez de alimentos en los últimos. Asimismo, desde la UGTT, que fue protagonista en las revueltas que acabaron con la dictadura de Zine el Abidine Ben Ali en 2011 y apoyó en un principio el autogolpe de Saied en julio de 2021, se pidió la puesta en libertad del líder sindical Anis Kaabi, detenido el 31 de enero pasado por “emplear su posición para hacer daño a las autoridades públicas”. Este jueves comenzará el juicio.