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Explicación psicológica sobre por qué los sorteos solidarios generan más confianza que los tradicionales

Décimos de Lotería de Navidad en un administración de loterías
Décimos de Lotería de Navidad en un administración de loterías. Telecinco.es
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Cuando adquirimos un billete para un sorteo que afirma destinar parte de sus ingresos a una causa social, algo cambia en nuestro mecanismo interno de valoración: no solo jugamos a la lotería, sino que también “colaboramos” con una causa noble. Esa doble naturaleza explica por qué los sorteos solidarios generan un grado de confianza superior al de los sorteos tradicionales.

Uno de los factores clave es la norma social de la reciprocidad. La psicología social describe que la reciprocidad se despliega cuando alguien realiza una acción positiva hacia nosotros, lo que nos impulsa a responder de forma cooperativa. En este contexto, el sorteo solidario comunica que “Yo, como organizador, te intento dar una posibilidad de conseguir un premio y también ayudo a otros”. Ese gesto simbólico de “dar‐y‐jugar” activa la norma de reciprocidad, y ese impulso genera una inclinación a confiar en la legitimidad del mecanismo.

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Otra palanca es la atribución de motivos. En investigaciones sobre el marketing con causa, se observa que el ajuste entre la marca (o entidad) y la causa que promueve, modifica las percepciones de los consumidores. Un estudio apunta que “los consumidores sostienen actitudes positivas hacia empresas que participan en campañas de CRM” cuando perciben dicho ajuste elevado. 

En el caso de un sorteo que afirma apoyar una ONG, esa congruencia entre sorteador y causa refuerza la benevolencia percibida, por lo que la entidad no solo vende un sorteo, sino que ejerce también un importante compromiso social. Esa percepción de benevolencia reduce el escepticismo y eleva la confianza.

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Posibilidad de lucro... pero por una buena causa

Además, una investigación centrada en las loterías solidarias demuestra que este formato influye directamente en la intención conductual del consumidor. Así, se concluye que “la intención de participar en loterías de carácter caritativo está correlacionada con el comportamiento real” y que los “factores de normas subjetivas son los que más determinan la intención”. Ello sugiere que, más allá de la posibilidad de ganar, la aprobación social de colaborar con una causa operativiza la conducta. Es decir, que hacer el bien forma parte del motivo para jugar, y ello se traduce en mayor compromiso con la participación y con la credibilidad del sorteo.

Por otra parte, se trata de un tema de control y transparencia percibida. La confianza se construye cuando el usuario siente que entiende las reglas, los fines y los beneficios colectivos. En contextos donde la causa está clara y la entidad es transparente, la percepción de legitimidad se refuerza. 

Si un sorteo tradicional se siente distante, por ejemplo cuando pensamos que “todos gastan dinero, pero pocos ganan, ¿y a dónde va mi dinero?”, un sorteo solidario responde al interrogante: “Además de la diversión, mi participación ayuda a otros”. Esa doble función reduce la sensación de opacidad y el desgaste cognitivo asociado a la incertidumbre. En psicología de la decisión, la aversión al riesgo y la preferencia por lo cierto son fenómenos bien documentados: cuando la incertidumbre es menor y la causa visible, aumenta la confianza. 

En suma, los sorteos solidarios funcionan porque combinan tres vectores psicológicos: primero, la norma de reciprocidad que convierte el propio juego en acto de naturaleza cooperativa; segundo, la atribución de motivos positivos que legitima al organizador o entidad; y tercero, la transparencia de su propósito que reduce la sensación de riesgo, a cambio de aumentar la comprensión de la causa que apoyan. Esa confluencia explica por qué muchas personas, al comparar, afirman que “prefiero participar en un sorteo que ayuda a una causa solidaria” frente a otros juegos en los que solo se promete repartir un premio, “y ya”. Por ese motivo eligen la primera alternativa con mucha mayor tranquilidad.

Para aquellas entidades que desean fomentar la participación de los jugadores y también reforzar su confianza en este tipo de sorteos, la recomendación es clara: comunicar cuál es la causa, qué porcentaje se destina a ello y qué impacto real tiene el sorteo. Cuando esos tres elementos están presentes, el proceso ya no supone tan solo participar en un juego de azar, sino que se convierte en una decisión basada en valor, confianza y significado.

Al final del día, un sorteo solidario no solo ofrece la ilusión de ganar, sino la certeza de colaborar. Y esa certeza, por mucho que el azar siga siendo azar a la hora de repartir el premio, cambia el significado de la participación. La confianza no proviene únicamente de la posibilidad del premio: proviene de saber que, pase lo que pase, algo bueno sucederá.