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Apuesta múltiple o sencilla: cuándo merece la pena pagar más y cómo funciona el reparto de premios menores

Jugando a la Primitiva. EUROPA PRESS - Archivo
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Cuando se trata de apuestas deportivas o loterías, muchos apostantes se enfrentan a una decisión clave: ¿elegir una apuesta sencilla, básica y asequible, o lanzarse a la combinada o múltiple en busca de un mayor premio? La respuesta exige entender dos conceptos fundamentales: la diferencia en el nivel de riesgo y cómo se reparten los beneficios cuando el premio es menor.

Las apuestas sencillas consisten en elegir un único pronóstico. Es decir, la apuesta simple es aquella que se realiza cuando se apuesta a un solo evento o suceso y para ganar, éste debe ocurrir. Con ello, queda claro que se gana o se pierde casi al instante. En cambio, la apuesta múltiple (también llamada combinada) agrupa dos o más selecciones en un solo boleto; y se consigue que una apuesta sea ganadora cuando se aciertan todos los pronósticos. 

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Por ello, las apuestas múltiples tienen dos caras: cuotas mucho más elevadas, ya que al combinar selecciones, la ganancia potencial se multiplica,, pero también un riesgo que crece exponencialmente. La apuesta combinada da la oportunidad de un pago potencial más alto, aunque el riesgo también es mayor, puesto que se deben acertar todas las selecciones”. 

¿Cuándo compensa elegir una múltiple?

Una apuesta múltiple solo tiene sentido si el apostante es consciente del riesgo y del coste adicional. Dado que una combinación de selecciones exige acierto en todas, basta un error para perder la apuesta por completo. Eso significa que, si el apostante prefiere minimizar el riesgo y no puede asumir la pérdida, la apuesta sencilla suele ser más adecuada.

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Por el contrario, una múltiple puede “merecer la pena” cuando se cumplen al menos dos condiciones: primero, cuando se cuenta con pronósticos o cuotas que el jugador considera bastante fiables; segundo, cuando el importe apostado y el coste adicional justifican la posible ganancia. En otras palabras: no tanto por la emoción, sino por una estrategia calculada.

Además, en los juegos de lotería que aceptan apuestas múltiples (por ejemplo, marcar más números en la Primitiva), el jugador paga más pero al mismo tiempo participa en varias combinaciones simultáneas. Por ejemplo, una apuesta múltiple de 8 números equivale a jugar 28 apuestas en el formato de La Primitiva. Por tanto, apostar múltiple puede aumentar las posibilidades y los premios, pero también exige desembolsar más y asumir más riesgo. Si el presupuesto es limitado, la apuesta sencilla quizá sea la opción más responsable.

¿Y cómo se reparte el premio cuando se gana “algo” en una apuesta múltiple?

En cuanto al reparto de premios, la norma en España señala que el operador comunicará los resultados y procederá al pago según las reglas del juego. En el contexto de las apuestas de contrapartida, que incluyen apuestas deportivas múltiples, la regulación establece que tras el resultado del evento o eventos objeto de las apuestas, el operador procederá a la asignación de los premios a los participantes que hubieran resultado premiados. 

Lo esencial aquí: si se trata de una apuesta deportiva múltiple la que resulta ganadora, el premio se calcula aplicando la cuota total, multiplicación de cuotas individuales, al importe apostado. Pero cuando en una categoría de premios hay más de un ganador, el premio se divide a partes iguales entre los acertantes. Esto también aplica a loterías y apuestas múltiples donde varias apuestas ganadoras entran en la misma categoría; se reparte el fondo entre todos. Por ejemplo, en El Gordo de la Primitiva “si hubiera dos o más acertantes en una misma categoría, se repartirían a partes iguales”. 

En definitiva, ganar algo en apuesta múltiple significa que la apuesta se consideró acertada en su conjunto, el importe dependerá de la cuota final y del número de ganadores compartiendo ese premio. No es como ganar un resultado parcial: o la múltiple acierta en su conjunto, o se pierde.