Alejandro Flores, educador, avisa sobre las señales de alerta para no meter a un perro en un parque canino: "No lo metas"

No todos los perros sociabilizan correctamente en los pipican, espacios cerrados donde los animales pueden sufrir estrés y provocar accidentes
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Socializar con nuestros perros es una buena manera de disfrutar de su compañía al tiempo que aprovechamos para darles un paseo y sacarlos de casa para que quemen energías y hagan sus necesidades. Pero no siempre los espacios habilitados para ellos son los mejores. Lo sabe bien Alejandro Flores, experto educador canino quién, a través de sus redes sociales que avisa sobre los populares pipicán o parques para perros: "Si voy a un parque de perros y ya veo un perro inestable, ladrador, agresivo o muy nervioso, no lo metas”.
El pipicán, un espacio no tan neutro
En un vídeo que acumula miles de visualizaciones en TikTok, Flores explica que la decisión de entrar o no en un pipicán debe tomarse con más criterio del que suele aplicarse. Para el adiestrador, la clave está en evaluar tanto el entorno como el carácter del propio animal antes de permitirle interactuar en un espacio donde confluyen perros de edades, razas y niveles de socialización muy distintos.

Según Flores, el problema no es el concepto del parque canino en sí, sino su uso indiscriminado. “Por culpa de la gente sin conocimiento, el parque de perros es lo que hace que se rompan más perros, muerdan a más perros y haya más accidentes”, afirma en el vídeo. Su diagnóstico coincide con el de otros especialistas que señalan que estos recintos, al reunir a animales desconocidos en un espacio reducido, pueden generar situaciones de estrés difíciles de gestionar.
El educador recuerda que no todos los perros toleran la interacción intensa, especialmente cuando alcanzan la edad adulta. “Hay ciertas razas o personalidades que, cuando ya son adultos, no consienten que un perro jovencito se ponga a marearle”, explica. Este cambio de tolerancia con la madurez es un proceso natural, pero muchos propietarios continúan llevando a sus animales al pipicán como rutina diaria, sin tener en cuenta que su comportamiento puede haber evolucionado.

Flores insiste en que incluso perros equilibrados pueden verse sobrepasados por la dinámica del parque. “Hay perros que pueden ir toda su vida y hay otros que llega un momento que, aunque no ladren, llevarlos a un estrés tan alto les puede generar problemas”, señala. Por ello, recomienda observar primero qué tipo de perros y qué tipo de personas están en el recinto antes de entrar.
No ir al pipicán no significa tener un perro agresivo
Uno de los mensajes que el educador quiere transmitir con más claridad es que evitar el pipicán no implica que el perro tenga un problema de conducta. “Que tu perro no pueda ir a un parque de perros no significa que sea agresivo”, recalca. Para él, la decisión debe basarse en el bienestar del animal y en su capacidad real para gestionar ese entorno, no en la presión social o en la idea extendida de que todos los perros deben socializar de la misma manera.
Flores reconoce que él mismo solo acude a estos espacios cuando trabaja con cachorros, una etapa en la que la exposición controlada a estímulos puede resultar beneficiosa. Sin embargo, asegura que el 90% de la socialización de sus propios perros la realiza en entornos más tranquilos: “En la montaña pasando con otros perros, en el descampado donde están conocidos que tienen buenos perros y están equilibrados”.
El adiestrador propone opciones más adecuadas para la mayoría de los animales: quedadas con perros conocidos, grupos reducidos en espacios abiertos o sesiones guiadas por profesionales. La idea es que la interacción se produzca sin presión, con supervisión y en un entorno donde los perros puedan comunicarse de forma natural.
