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El error al usar el aire acondicionado del coche que dispara el consumo más de lo que imaginas

¿Cómo saber si debemos recargar el aire acondicionado del coche?
Aire acondicionado en el coche. Twenty47studio
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Hay un gesto casi automático cuando el coche ha estado aparcado al sol: abrir la puerta, recibir una bocanada de aire imposible, arrancar y poner el aire acondicionado con la temperatura al mínimo y la potencia al máximo, como si el habitáculo pudiera convertirse en una nevera en treinta segundos. Es comprensible, pero se trata de uno de esos hábitos que parecen inocentes y, sin embargo, castigan el consumo más de lo que muchos conductores creen.

El error no es usar el aire acondicionado. En verano, viajar a una temperatura razonable mejora el confort y evita fatiga. El error es exigirle al sistema que enfríe de golpe un habitáculo recalentado y, además, hacerlo a una temperatura demasiado baja. 

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El coche no está caliente, está ardiendo por dentro

El problema empieza antes de tocar el botón del climatizador. Cuando el coche queda expuesto al sol, no solo se calienta el aire interior. También lo hacen el salpicadero, los asientos, los guarnecidos y todos los materiales que después devuelven calor al habitáculo. Sin ir más lejos, en verano, los plásticos o el cuero interior pueden alcanzar temperaturas por encima de los 60 grados por culpa de la exposición solar.

Si en ese momento el conductor cierra puertas y ventanillas y ordena al climatizador bajar hasta 17 o 18 ºC, el sistema tiene que trabajar contra una masa de aire muy caliente y contra superficies que siguen irradiando calor. El compresor entra en escena, exige energía y obliga al motor a asumir un esfuerzo extra. En los compresores mecánicos, parte de la potencia del motor se destina a mover el sistema de climatización, llegando incluso hasta los 10 CV en condiciones extremas de calor.

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Lo mejor para estos casos es establecer una temperatura entre 21 ºC y 23 ºC. Por debajo de esos límites, el gasto de combustible puede suponer un incremento del 30%. No es que cada coche vaya a gastar exactamente lo mismo, porque influyen el motor, el aislamiento, la humedad, el tráfico y la temperatura exterior. Pero el mensaje es claro, ya que cuanto más agresiva sea la orden de frío, más caro será alcanzarla.

Ventanilla del coche

Ventilar primero, enfriar después

La solución no pasa por aguantarse y pasar calor por ahorrar, sino que consiste en usar el sistema con cabeza. Se recomienda bajar antes la temperatura del coche de forma manual, por ejemplo con un truco simple: bajando la ventanilla trasera opuesta al conductor y abrir y cerrar varias veces la puerta del conductor. Esta acción puede reducir la temperatura interior hasta diez grados de forma rápida, aunque nunca por debajo de la temperatura ambiente.

Otras recomendaciones serían conducir con las ventanillas abiertas durante un breve tiempo antes de usar el aire, expulsando así del vehículo el aire caliente, y reduciendo la demanda sobre el sistema, lo que ayuda a enfriar antes el vehículo. 

La diferencia parece pequeña, pero tiene lógica física. Si se expulsa primero el aire abrasador acumulado dentro, el climatizador no empieza desde el peor escenario posible. Si no queremos sufrir el calor ni un segundo, se recomienda arrancar el motor, activar el aire acondicionado, usar inicialmente la entrada de aire exterior, abrir las ventanillas mientras el sistema empieza a ser efectivo y cerrarlas después, cuando el coche comienza a enfriarse. Más tarde, cuando el aire ya sale frío, aconseja cerrar las ventanillas y pasar a recirculación.

En cualquier caso, la regla práctica es sencilla y pasa por ventilar antes de arrancar o durante los primeros metros, no poner el climatizador a temperaturas absurdamente bajas, moverse en una franja razonablede temperatura y cerrar las ventanillas cuando se circule rápido.

El aire acondicionado no es el enemigo. El enemigo es usarlo solo en los extremos, con todo al mínimo, o al máximo, desde el primer segundo y con el coche convertido en un horno. Ahí es cuando el consumo se dispara. Y ahí, con un gesto tan sencillo como dejar salir del coche primero el calor, empieza el ahorro.