Una de las piezas que más está fallando en los coches modernos puede dar lugar a reparaciones muy costosas
Una limpieza preventiva a tiempo cuesta entre 100 y 500 euros, y si lo dejamos puede acabar costándonos hasta 6.000 euros
Los mecánicos explican por qué nunca deberías apagar el coche justo después de un trayecto largo
Los talleres llevan años dando el mismo diagnóstico con creciente frecuencia. Un componente presente en la práctica totalidad de los coches diésel matriculados en la Unión Europea desde el 1 de septiembre de 2009, y en los gasolina modernos con inyección directa desde la entrada en vigor de la normativa Euro 6c, ha pasado a encabezar la lista de averías más frecuentes de la mecánica contemporánea.
Nos referimos al filtro de partículas y su misión es retener las partículas sólidas de la combustión antes de que salgan por el tubo de escape para reducir las emisiones contaminantes al aire urbano. Su omnipresencia en el parque móvil actual y su alto índice de averías han convertido su reparación en una de las facturas más temidas al llevar el coche al taller.
El coste de la avería lo refrenda. Una limpieza preventiva a tiempo cuesta entre 100 y 500 euros. La sustitución completa del filtro, entre 500 y 2.000. Y cuando la saturación arrastra daños en piezas contiguas, como turbocompresor, válvula de recirculación de gases y sistema de inyección, la factura conjunta puede alcanzar los 6.000 euros.
Por qué falla el filtro de partículas
La causa no está en el propio filtro, sino en cómo se usa el coche. El sistema necesita alcanzar de forma sostenida temperaturas en torno a los quinientos cincuenta o seiscientos grados centígrados para iniciar el proceso de regeneración, en el que la carbonilla acumulada se quema y se convierte en cenizas expulsadas por el escape. Esa temperatura se logra únicamente cuando el motor rueda durante veinte o treinta minutos a velocidades sostenidas de cuarenta o cincuenta kilómetros por hora, típicamente en vías secundarias o autopistas.
Lo habitual en los desplazamientos cortos en España es que el motor no llegue a calentarse lo suficiente. Cada regeneración se interrumpe antes de completarse. La carbonilla se acumula, la sobrepresión aumenta y el sistema termina entrando en modo de emergencia. La cadena de sucesos posterior está bien documentada. La centralita limita la potencia del motor para protegerlo. La velocidad máxima cae a sesenta u ochenta kilómetros por hora. El testigo del filtro se enciende junto al de avería general del motor. Y la única solución fiable pasa por el taller.
Una factura que se dispara
El precio de la reparación depende del momento en que se aborde. Un filtro parcialmente saturado que se limpia con regeneración forzada mediante equipo profesional cuesta unos 150 euros. Un filtro que ya no admite limpieza y exige sustitución, entre 1.000 y 2.000, dependiendo del modelo del vehículo. Un filtro cuya obstrucción total ha generado sobrepresión suficiente para dañar el turbocompresor, la válvula de recirculación de gases y varios inyectores obligan a intervenciones sucesivas que pueden alcanzar los 6.000 euros.
En coches con más de ocho o diez años, esa cifra supera con frecuencia el valor de mercado del propio vehículo, y muchos propietarios acaban dando de baja el coche por decisión económica antes que por decisión mecánica.
Los gestos que lo evitan están al alcance de cualquier conductor. Hay un puñado de rutinas que reducen sensiblemente la probabilidad de fallo.
- Hacer al menos un trayecto largo semanal de veinte o treinta minutos por autovía o carretera secundaria, de forma que el filtro alcance la temperatura de regeneración y complete el ciclo.
- No apagar el motor si aparece el testigo específico de regeneración en curso, porque cortar el proceso a mitad genera más carbonilla acumulada.
- Respetar los intervalos de mantenimiento del fabricante y utilizar exclusivamente aceite homologado para sistemas con filtro de partículas, ya que los lubricantes convencionales generan más cenizas y aceleran la saturación.
- En vehículos que circulan mayoritariamente por ciudad, programar una limpieza preventiva en taller cada uno o dos años. Un desembolso de cien o doscientos euros al año que evita, con margen, la factura de miles que llega cuando el problema se ha dejado avanzar.